Autor: Anaut, Alberto. 
 Felipe es un candidato con un único vicio: los Cohibas que le regala Fidel. 
 La salud del candidato Felipe González Márquez     
 
 Diario 16.    09/10/1982.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Diario 16/9-octubre-82

NACIONAL

Felipe es un candidato con un único vicio: los «Cohibas» que le regala Fidel

La salud del candidato Felipe González Márquez

Duerme cinco horas. Come poco, trabaja constantemente. Recorre 500 kilómetros diarios y le vuelven

locos los puros. Felipe González Márquez —abogado, cuarenta años, casado y con tres hijos— no es la

estampa típica de un ejecutivo medio, sino el candidato más serio para ocupar, a partir del 28-0, la

Presidencia del Gobierno. Tal vez por eso, tiene a su lado, permanentemente, un médico. Hay que cuidar

al poder.

Valencia: Alberto ANAUT, enviado especial

Hasta en eso se nota la democracia. Porque a la rancia imagen del doctor Gil o la interminable lista de

nombres que abruman al español hasta que se inventaron aquello del «equipo médico habitual», ya no se

lleva.

José Luis Moneo, el encargado de cuidar a Felipe, es todo lo contrario. Un hombre sencillo, un socialista

convencido, que lleva oídos, al pie del cañón, quince mítines desde que el pasado 1 de octubre el se-

cretario general del PSOE se echó a las carreteras para llevar por España la buena nueva del mensaje

socialista.

Cuarenta y cuatro años, seis y medio en el PSOE, protegido contra el frío que ha invadido los últimos mí-

tines de Felipe y puro en mano cuando puede —«no siempre Cohibas, sólo de vez en cuando cuando Fe-

lipe me regala uno»— Moneo está siempre junto al candidato. Sentado en el superautobús electoral o

paseando junto al escenario cubierto de rojo, que mitin tras mitin, se repite en la escenografía socialista.

Nostalgia de chorizo

Dice Moneo que Felipe está estupendo de salud. «Por esta parte, ningún problema.» «Nada». No le

preocupa que duerma poco —«Guerra me decía el otro día que lleva tres meses durmiendo cuatro

horas»— y tampoco tiene que seguir ningún cuidado especia! con la comida. Durante la campaña Felipe

está comiendo poco. El otro día, entre mitin y mitin, apenas unos sandwiches. Pese a todo, se nota que

Felipe ha engordado. «Es típico en un hombre de cuarenta años, que lleva una vida sedentaria.»

Y no es que coma mucho, aunque se nota en Felipe una cierta afición culinaria. Cuando recuerda, al pasar

por la carretera, los chorizos caseros que dan en tal bar de la sierra de Madrid, o cuando se anima en casa

con algún plato al horno. Aunque su especialidad, desde luego, son los enormes puros Cohibas que,

puntualmente, sin falta, le suministra Fidel Castro desde Cuba. «No sólo a mí —protesta Felipe son-

riendo—, que hay otro par de personas en España que los recibe.» No da los nombres. «Si ellos no lo

dicen no lo voy a decir yo.»

Vozarrón

«Hemos conseguido —dice Moneo— que ahora fume menos, durante la campaña.» Está tomando un par

de puros diarios y algún cigarrillo suelto.» Sin duda, un sacrificio para Felipe. Pero hay que cuidar la gar-

ganta para que los mítines funcionen. Dos o tres pastillas y alguna que otra «fórmula mágica» se encargan

de ello.

La verdad es que Felipe, en los quince mítines que lleva dados en solamente diez días de campaña, no le

ha fallado la voz ni un momento. Tan sólo le ayudan con algunas vitaminas de vez en cuando.

Tiene quien le cuide. Como cuando Ana —su secretaria— protesta porque habla mucho tiempo con los

periodistas —nos tienen mareados»— y Felipe tiene que resistirse para que Julio Feo, el coordinador, le

deje acabar la última respuesta. «¿Alguna pregunta más?». «Tú —le dicen— haz así; encima,

proocando.»

De modo que de salud, Felipe es «un políticodiez». Hay veces —confiesa Moneo— que le tengo que lla-

mar yo para decirle que lleva cuatro meses sin venir a mí consulta e insistir para que se haga un chequeo.»

Cuidar al PSOE

Con el tiempo —y la amistad que le une con Felipe—, José Luis Moneo se ha convertido en el

médico del PSOE. «La verdad es qeu veo a casi todos los de la ejecutiva socialista y a los de UGT.»

Sigue los consejos de Felipe y no tiene apenas pluriempleo. Por las mañanas es jefe del departamento de

medicina preventiva de un gran hospital — y ahora está formando parte de la comisión clínica que

investiga el eterno síndrome tóxico— y luego tiene su consulta privada.

«Llevo veintidós años —exactamente la mitad de mi vida— siendo un clínico, un médico de hospital.»

Explica que es de la escuela de Jiménez Díaz y se define como «un médico mara-ñoniano. Estoy en esto

como un servicio a los demás, para ayudar».

Conoce el PSOE desde otra perspectiva. Ha visto desfilar por su consulta a prácticamente todos los

hombres fuertes del partido. Trata a Felipe, a Carmen — su mujer— y a los tres niños. El día que el can-

didato se torció el pie —del que todavía dice que se resiente— no estaba allí y no pudo intervenir.

No le apetece aparecer en los papeles y de eso doy fe; le he tenido que convencer a lo largo de los diez

días que llevamos de campaña para que me contara alguna cosa. Es el responsable de la salud del próximo

presidente, según las voces aue se oyen en los mítines y todos los sondeos electorales. Ha mandado hacer

en el autobús una cama, que Felipe que nunca ha usado. Está en todo. Y para estar se ha tenido que pedir

una excedencia sin sueldo. Es una pieza básica — aunque no política— de la campaña de Felipe.

 

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