Tres problemas del socialismo. 
 Giro brusco en el clima electoral     
 
 ABC.    09/10/1982.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Giro brusco en el clima electoral

De pronto el elector medio percibe un cambio brusco en el clima electoral. A medida que se acerca el día

28 se desvanecen los tópicos, las frases hechas y los lugares comunes. El Partido Socialista propone una

imagen vaga de cambio, honradez y esperanza. Pero la vaguedad empieza a alarmar al español medio, el

cambio indefinido se asocia a la incertidumbre y la esperanza comienza a ser, para toda sociedad adulta,

un problema de propuestas claras, de plazos fijos, de cifras precisas. La oferta socialista es a un tiempo la

adulación externa a la derecha y el proyecto interno de controlar, burocratizar y estatalizar el sistema

económico.

Queda la oferta de la honradez, insólita en un pais europeo, sospechosa para un viejo pueblo

mediterráneo. La honradez se afianza no con palabras sino con controles efectivos: con libertad de

iniciativa, libertad de Prensa e independencia judicial, tres frentes en los que el programa socialista ofrece

demasiadas interrogantes.

Hay demasiados indicios en los que la iniciativa individual tiende a ser sustituida por un Estado

omnipresente; hay una alarmante aspiración a resucitar —con otro nombre— la Prensa del Movimiento;

hay una franca hostilidad a liberalizar la televisión, y hay una tendencia reiterada a considerar la Ley no

como una norma, sino como la «formulación de una conciencia de clase».

Las propuestas del PSOE y las del nuevo partido del señor Suárez, el CDS, parecen compartir no sólo los

principios estratégicos, sino que hay una coincidencia superior: sus arengas están presididas por un

predicado («lo que debe ser»), como deseo o como moral, pero no por una voluntad de transformar lo que

es en lo que puede ser.

El cambio, tal como es pregonado, es un cambio de personas. Pero no es un cambio en el modo de

gobernar ni en el modo de administrar. El elector no necesita consejos ni preceptos. Necesita saber con

qué medios se va a promover un conjunto de soluciones para salir de la crisis. «Que España funcione»,

como dijo don Felipe González en televisión, es un buen deseo, y sobre todo una aspiración de

simplicidad notable. Aparte de una ofensa para ochocientos mil funcionarios.

 

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