Límites del juego electoral     
 
 ABC.    08/10/1982.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Límites del fuego electoral

¿Qué clase de elecciones nos esperan? ¿Vamos a votar como europeos o según los modelos del Tercer

Mundo?

Un país democrático se distingue de una colectividad muda por la regulari-dad de las elecciones libres. En

unas elecciones libres los antagonistas no se enfrentan en una guerra de exterminio, sino que tratan, por su

esfuerzo argumental ante los votantes, de alcanzar el poder y situar al adversario en la oposición. Resulta

por eso preocupante que en la España de hoy algunos traten no ya de vencer al adversario sino de hacerle

desaparecer.

Cuatro partidos tienen en este momento una situación de firmeza o escalan posiciones en la prospectiva

electoral: los regionales de Cataluña y Vasconia (CIU y PNV), junto al Partido Socialista y Alianza

Popular. Contra los cuatro se utilizan, según convenga, distintas especies descalificadoras. No se trata de

cuestionarlos, sino de destruirlos: el PSOE tiene una apariencia de moderación, pero su verdadero pro-

pósito es el de transformar España en Mongolia o Albania, implantando en unos meses la dictadura del

proletariado; Alianza Popular es la derecha autoritaria en permanente complicidad con el golpismo;

Convergencia propugna una Cataluña independiente; y el Partido Nacionalista Vasco ha capitalizado los

resultados del terrorismo y, de hecho, lo fomenta.

Una elección así planteada no es una confrontación abierta por el voto, sino una escalada de odios hecha a

navaja abierta. Contra el exterminio de cualquier adversario, el español medio ofrece una imagen mucho

más europea que algunos políticos y algunos periódicos, empeñados en llevarle al enfrentamiento. El

hombre de la calle sabe que un partido político es, ante todo, una trayectoria pública y un programa.

Un sistema democrático es un conjunto de reglas, de contrapesos y de correctivos. La libertad de Prensa y

de información, el sistema de partidos y la ubre empresa son las tres bases que permiten y protegen la

convivencia democrática. Convertir al adversario en enemigo a suprimir es un procedimiento seguro para

acabar con la democracia. Los españoles tenemos la prueba histórica.

 

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