Autor: Urbano, Pilar. 
   Resurreción de un golpe viejo     
 
 ABC.    08/10/1982.  Página: 46. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC

NACIONAL

Hilo directo

Resurrección de un «golpe» viejo

(Sorprendente! En el «parquet» de la Bolsa de Madrid circulaban ayer fotocopias del «Hilo directo» de

una servidora titulado: «¿Situación controlada?». Relato nada tranquilizador, por cierto. Y, sin embargo...,

¡subió la Bolsa! Tiene su explicación: expectativas de Gobierno socialista, Inmediata venta de «papel»,

especulación financiera de compra a la baja y puesta en venta al alza... Pero convendrán ustedes conmigo

en que no deja de ser un «golpe» de efecto. Pues de esto vamos a hablar hoy, aunque el tema nos

«nausee». El periodista debe tener afilado ese séptimo sentido (e! sexto es el llamado «común», de la

sensatez) que le permite radarizar los estados de opinión. Y bien, ¿cuál es la situación-instante?

¿En qué estamos? Estamos en una campaña electoral, muy parecida por la confusión a la de 1977, y que

se prometía «muy europea»..., incluso en sus niveles de abstención. Campaña convulsionada y crispada,

repentinamente, por el calambrazo del fantasma golpista. Los hombres de las encuestas y los sondeos ya

han detectado una sensible disminución de ese abultado cuerpo ciudadano que, hasta ahora, silenciaba su

intención de voto. Ante el rechinar de sables antidemocráticos se ha producido un inmediato desperezo

del voto durmiente. Eso es bueno. Con todo, al fantasma golpista hay que privarle de la megafonía que,

para amedrentar, reclama. Esperemos las «noticias sorprendentes» denunciadas por el ministro Rosón. Y

la explicación (supongo que pública, porque el pueblo quiere y debe saber qué pasa y qué puede pasar)

que suministrará el ministro Oliart ante la Comisión Permanente del Congreso.

En esta situación de «impasse» e incerti-dumbre, si se creen las voces gubernamentales, el peligro está

conjurado: se intensifican en el CESID los estudios «top secret» de clarificación de folios, planos, mapas

y archivos de la operación. Y de ahí se desprenderán, en breve, ciertos arrestos domiciliarios; ciertas

citaciones judiciales, acaso meramente indagatorias; ciertas detenciones y procesamientos, cuando haya

lugar, y ciertos traslados de destino forzosos por orden del ministro de la Defensa que distorsionarían el

mapa del previsto complot.

Pero si se ponen en solfa esas voces aquietadoras para atender a otras «fuentes», con gorra de plato, se

escucha que podría producirse el «golpe, a pesar de todo», en pulso abierto a la JUJEM y, desde luego,

sin Rey y contra Rey. Es la llamada «tesis blanda»: aun sacrificando ciertas piezas de la «operación» se

activaría en la semana 18-24 de este mes una cadena, de «episodios de sublevación», de pequeña

magnitud cuantitativa, de escasa virtualidad operativa, pero de suficiente entidad llamativa y alarmante al

sucederse, como digo, en cadena: como una «traca» espasmódica y detonante en puntos geomilitares

distintos y distantes. Aun cuando sumadas esas acciones no constituyesen «efecto de golpe», sí

producirían el «golpe de efecto», presionando sobre la JUJEM (éste es el «pulso» que, al parecer, se pre-

tende entablar desde las lindes golpistas en este punto y hora) de modo que la cúpula militar hubiese de

elegir entre «asumirlo» o... poner al Gobierno en el tremendo trance de declarar tal y cual excepcionalidad

en las libertades constitucionales y por supuesto, la suspensión de las Elecciones generales. El objetivo se

habría cumplido, siquiera «por el momento». ¿Y después? Esta es una de las grandes preguntas que los

encéfalos mejor amueblados de la familia castrense, ¡y gracias a Dios no son pocos!, plantean descar-

nadamente a los militares desasosegados que manifiestan sus ganas de «putsch» para destrozar la

democracia.

Antes de aplicar la linterna a la llamada «trama civil» quiero aludir a unas «casualidades» recientes, que

vienen de lejos. Apenas cuatro días antes de la detención del coronel de Artillería Luis Muñoz recibo

llamada, tarjeta y cita para desayunar en el hotel Miguel Ángel del capitán de navio Camilo Menéndez

Vives, aquel «navegante solitario» que, en compañía del capitán de la Armada Núñez Simón, estuvo en el

Congreso con Tejero, infundiéndole ánimos, durante el asalto del 23-F. El afable y bonachón don Camilo

venía, como mensajero de «terceros», con una sola obsesión: que yo suprimiese en mi libro, «Con la

venia..., yo indagué el 23-F» toda alusión a cierta finca de Azuqueca de Henares (entre Madrid y

Guadalajara) donde cualificados testimonios obtenidos en mi indagación situaban algunas reuniones de

«militares vestidos de paisano», antes y después del 23-F. El mismo día de la detención del coronel

Muñoz supe por su mujer que eran familia directa de don Camilo y del teniente general de Aviación

Francisco Vives Camino, y todos ellos con propiedades inmuebles en Azuqueca. Horas después conocí el

«detalle» de que los famosos folios se le ocuparon al coronel Muñoz en Azuqueca. Y que, en fin, Azu-

queca venía siendo «cuartel general conspira-torio».

Otro militar, esta vez general y de la Guardia Civil, se «persona» también en mi vida el mismo día que

desayuno con Camilo Menéndez. Acordamos almorzar en un restaurante libanes, de exótica cocina

indigerible, y llega también como emisario para que de mi dichoso libro suprima las referencias a cierto

teniente coronel (B. como inicial de su apellido) y a un ex ministro de Franco. Quedamos en «nada,

porque no hay razón de réplica». Y me olvido de la cuestión. Por unas horas. Pero dos noticias vienen a

refrescar mi memoria: el teniente coronel B, «está en las listas» de los folios ocupados. No sé a título de

qué, si como complotador o si como antigolpista. Pero el 23-F, «casualmente», fue de ios que traspasaron

las verjas del Congreso, estuvo con Tejero y... «no necesitó decir "duque de Ahumada" para entrar». La

otra noticia puede ser una mera coincidencia sin valor: un miércoles de septiembre, cierta dama amiga

mía entro, por no sé qué motivo, al restaurante de La Gran Peña y se fijó en tres comensales cualificados

en el régimen anterior.

Dejémoslo en mera coincidencia. Sin olvidar ni la significación del teniente general, ni la afinidad de

ideología movimientista de los dos civiles, ni la vinculación de uno de ellos, por razones familiares, con

un conocido personaje granadino.

De la «trama civil», ¿qué decir? Que el ministro Rosón, si descorriese el telón de ese escenario tenebroso,

culminaría con brillantez su carrera política, hasta el presente. (Yo creo que cuando se sabe tanto de

oscuridades como sabe Juan José Rosón no cabe la muerte política. La física, sí. Y él es consciente de sus

riesgos. Pero sólo Dios tiene su día escrito.) En mi libro, que no por pedantería, sino por obligada

referencia, cito de nuevo, dejé constancia de una organización entonces no articulada, con nombre de

guerra para la Historia: «Los cien mu de San Luis». Cien mil personas procedentes del viejo sindicalismo,

de la Confederación de Combatien

 

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