Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Las arcas de Noé     
 
 ABC.    09/10/1982.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Escenas políticas

Las arcas de Noé

He leído en alguna parte, vaya usted a saber, que la coalición electoral en torno a Fraga, o sea. Alianza

Popular más PDP, más algunos partidos regionales de Aragón, Navarra, Valencia, etcétera, se ha

convertido en algo así como un arca de Noé. Vamos, que en ella se habrían metido animales de diversas

especies políticas, y que eso está destinado a disgregarse y a desintegrarse como le ha sucedido a la UCD,

tan pronto como la paloma traiga en su pico la rama de olivo anunciando que ha terminado la lluvia

electoral. (Lo de la paloma es mío. El texto que cito no se entretenía en tanta metáfora.)

Sospecho que esa acusación de antemano está lanzada desde posiciones centristas, y que intenta trasladar

a la oferta política de Fraga los males que han arruinado, en muy pocos años, un caudal parlamentario tan

importante como el del Centro. Según esa teoría, habría que llegar a la desalentadora conclusión de que

en España no existe un programa electoral y de gobierno, un acuerdo entre partidos y un equipo de

hombres que sean capaces de representar fielmente la gran mayoría de electores que no pasan por el aro

del socialismo. Según esa teoría, el centro y la derecha, en nuestro país, estarían condenados

irremisiblemente al grupúsculo, la escisión, el cisma, los fulanismos y las contradicciones que han

terminado con la UCD. Es decir, estaríamos condenados a una de dos: a vivir uniformados con los

socialista, o dispersos, hechos añicos, agrupados en pequeñas tribus políticas y tirándonos los trastos a la

cabeza. Estos centristas quieren convertir sus errores en fatalidad. No es que ellos lo hayan hecho

rematadamente mal, con sus querellas personales, sus traiciones al alectorado y a ellos mismos, sus

incoherencias, sus contradicciones y su sálvese quien pueda. Es que han sufrido una maldición inevitable,

que sufrirá también cualquiera que intente hacerlo mejor. Pues, no me lo creo.

Pero, además, se olvida, o se quiere olvidar, que por el opuesto «cote» se ha construido otra arca de Noé.

Aquí y ahora, el socialismo es un batiburrillo político aún más confuso si cabe que aquel conglomerado

de intereses y de personalismos, de zancadillas y debilidades que se llamó UCD. Más confuso aún,

porque dentro de ese batiburrillo cae una raya política muy difícil de salvar sin dar un salto mortal: la raya

del marxismo. Aquí y ahora, el socialismo recoge disidencias comunistas, grupos extremistas revolu-

cionarios, socialismo tradicional, socialismo moderno, solemnes declaraciones democráticas, obrerismo a

lo Pablo Iglesias, neocapitalismo de importación, catolicismo negociante, totalitarismo a la violeta y

socialdemocracia de urgencia a medida de pretendientes y cu-cañistas. Una sopa de letras. Un Parlamento

entero.

El socialismo de nuestros días abre los brazos, los ficheros y las listas de las candidaturas a los

comunistas que huyen del declive del señor Carrillo. Acogen a los extra-parlamentarios que llegan desde

la izquierda extrema y extremista. Tienden el puente a los socialdemócratas y Fernández Ordóñez. Meten

en el mismo saco a los del análisis marxista y a los de las libertades individuales. Y, además, quieren

integrar a los «independientes». Bueno, pues a lo mejor funciona. A lo mejor resulta que los de la ORT,

los de la Liga Comunista Revolucionaria y los del Partido del Trabajo terminan por moderar al señor

Fernández Ordóñez y le suavizan algo sus furores fanáticos de converso. Líbrenos Dios del dogmatismo

de los conversos. Y que don Pablo Castellano, que pasa por duro, modera el entusiasmo de los hermanos

Solana. Incluso que doña María Izquierdo, desde el exilio de las listas, dulcifica un poco los nuevos

fervores de doña Carmela García Moreno.

Un cronista de las correrías electorales nos cuenta que los socialistas ya no levantan el puño (o, al menos,

no lo levantan tan frecuente y amenazantemente), que ya no terminan sus mítines cantando «La

Internacional» (don Manuel Fraga acaba de decir que el socialismo es una multinacional política), que la

fila de oradores se presenta con su corbata y su esculpido a navaja, y que se procuran aplacar los gritos y

las increpaciones revolucionarias. Todo esto nos tendría que confortar. «Gaudeamus igitur.» Lo que

sucede es que todo esto habría resultado mucho más convincente si se hubiese comenzado antes de ayer o

se comenzase pasado mañana, y no ahora, cuando las urnas esperan a preñarse de votos. Es natural que a

muchos todo esto les parezca una guardarropía electoral, un desfile de modelos ante las urnas

occidentales. Pero, bueno, a lo mejor funciona. Y ya tenemos un arca de Noé.

En cambio, los centristas se adelantan a predecir el terremoto bajo la otra: bajo el arca de Noé del centro-

derecha, o de la opción liberal-conservadora; o de la coalición política en torno a Fraga, para entendernos

pronto. Pero también en ésta podría pasar algo semejante. En esta arca de Noé podría suceder que don

Manuel Fraga (que algunas libertades ha ayudado a traer a este país) modere el derechismo clásico de

algunos centristas; que desde allí se pueda convencer a los electores de la necesidad de emprender una de-

terminada política, en vez de ofrecerles una cosa y darles otra; que sea posible adoptar una posición

parlamentaria clara: o gobierno así, u oposición así, sin compromisos clandestinos, sin pasteleos

vergonzantes y sin propugnar dramáticamente —como hizo el Centro-- un programa liberal, humanista y

de economía libre, para realizar después algunos puntos que ni siquiera los socialistas se atreven a poner

ahora en sus carteles. Y ya tenemos la segunda arca de Noé.

A medida que la alternativa política posible en este país se vaya construyendo sobre dos grandes partidos

(hasta ahora sólo existia uno que entregaba los triunfos al otro), esos dos partidos parecerán arcas de Noé.

Tendrán que albergar a animales políticos de diversas familias, no tanto de diversas especies. Y tendrán

que aprender a convivir, a vivir juntos, que eso es lo que tanto nos predican a los españoles. Para aparecer

en el socialismo, don Francisco Fernández Ordóñez tiene que coger la rosa entre los dedos como con

papel de plata, temiendo pincharse, y algunos ex centristas, como don José Luis Alvarez, tienen que

redactar ociosas explicaciones —ociosas por obvias, porque sólo no las entiende quien no quiere

entenderlas— para aparecer en las fotografías detrás de don Manuel Fraga.

Lo que parece seguro es que los que estén dentro de una de las dos arcas sobrevivirán parlamentaria y

políticamente. Los que se hayan quedado en medio, como ángeles neutrales, o se hayan pasado de listos

esperando a ver de dónde cae el sol que más calienta, es probable que desaparezcan en el diluvio. Cada

vez se les hace más chico el paraguas y les hace más agua el bote. Vinieron las lluvias. Al arca, o al

naufragio.—Jaime CAMPMANY.

 

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