Autor: Papell, Antonio. 
   Prestigio y desprestigio de las FAS     
 
 Diario 16.    06/10/1982.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ANÁLISIS

Prestigio y desprestigio de las FAS

El estamento militar ha filtrado su disgusto por el tratamiento dado por ciertos medios de comunicación al

descubrimiento de la nueva intentona golpista, reprobando explícitamente la generalización de este hecho

aislado, como si cupiera imputar la tentativa involucionista a toda la milicia, o a una parte sustancial de

ella.

Ciertamente, no es de este modo: los golpistas deben ser una minoría exigua por la sencilla razón, que se

me antoja obvia, de que si fueran mayoría ya habrían dado el golpe. Sin embargo, me resulta difícil de

entender el malestar de los militares ante una reacción airada de la civilidad al advertir ésta que una vez

más y van incontables veces hemos estado al borde deí abismo. De un abismo que ya amenaza con

trascender del golpe incruento, manifiestamente ineficaz aquí, para pasar a convertirse en intento de un

golpe cruento y dramático, el único que podría dar, si acaso, resultado.

Mujeres

Y es difícil entender ese descontento porque el militar no ha hecho posible por persuadir a la civilidad de

que la gran mayoría de los funcionarios de uniforme es constitucionalismo. No es ningún secreto que la

prensa de extrema derecha, manifiestamente proclive a la involución, encuentra en las salas de banderas

buena acogida en general. No resulta concebible que ¡os hombres que insinúan o proponen en alta voz

ante sus compañeros ía ruptura de !a legalidad querida y refrendada por los españoles sean siquiera tolera-

dos socialmente en su ámbito de trabajo.

No se entiende bien cómo la institución militar admite que haya asociaciones más o menos formales de

mujeres de militares que se adhieren a los partidos y a los movimientos marcadamente antidemocráticos...

En suma, si bien la gran mayoría de los militares son leales a la ley vigente y al Jefe del Estado, el Rey,

sea cual sea su ideología personal, me parece claro que el estamento castrense no se ha acercado io

bastante al cuerpo social, no ha marcado las suficientes distancias con los extremistas de la derecha, no ha

marginado suficientemente a quienes hacen constantemente ostentación de su escasa simpatía nacía el

régimen constitucional. Definitivamente, el ciudadano no percibe a través de su intuición un clima

democrático en el seno de las Fuerzas Armadas, y sería una hipocresía escribir o declarar lo contrario. De

ahí la desconfianza, de ahí los artículos hirientes que tienen, sin embargo, una justificación subjetiva.

Urnas

De otra parte, yo no sé si la milicia se ha percatado de la gravedad que tiene el hecho reiterado de que, por

culpa de elementos pertenecientes a ella, nuestro régimen constitucional se vea zarandeado y en peligro.

El defraudar la voluntad popular, tan explícitamente declarada on lar urnas, es un delito gravísimo,

máxime cuando la misión de la milicia es preservar esa voluntad, y precisamente para este cometido la

sociedad aporta recursos y dinero. Y cuando la democracia está tan sólidamente respaldada por la

población como aquí, hablar de patriotismo relacionándolo con el golpismo es puro sarcasmo: quien cree

tener la razón, opuesta a la de la gran mayoría de los españoles, es un presuntuoso, un fatuo y ser an-

tisocial en cuanto está dispuesto a imponer su criterio por la fuerza.

Barreras

Es peligroso en extremo que se obstruyan los canales de comunicación entre e! pueblo y la milicia, pero

e! primer obstáculo para remediar el mal sería el negar la evidencia. El Ejército español no está hoy día

psicológicamente cerca del país, se han abierto las barreras que deben derrumbarse cuanto antes, y no por

la vía de la lenidad o la benevolencia, sino por la de la firmeza y el rigor es inadmisible que un fun-

cionario de uniforme conspire para derrocar un Gobierno legítimo, por mucha historia que tengamos a

nuestras espaldas. Y quienes no lo ven así no merecen la dignidad de vestir este uniforme.

El país entero espera que esta vez se llegue al fondo de las implicacio -nes y de las tramas. Y lo espera no

por ser de venganza, sino porque está persuadido de que la única manera de aproximar la milicia y

civilidad es, precisamente, estirpando todo el cáncer golpista del seno de las Fuerzas Armadas.

Antonio Papell

 

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