Autor: Miguel Rodríguez, Amando de. 
   La elecciones a 7000 kilómetros     
 
 Diario 16.    06/10/1982.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Diario 16/6-octubre-82

OPINION

AMANDO DE MIGUEL

Las elecciones a 7.000 kilómetros

Teme el sociólogo español que, desde su alejamiento temporal, no vaya a poder votar en estas elecciones.

En previsión de ello avanza algunas consideraciones sobre las del 86, no sin antes lamentarse del actual

panorama.

Sociólogo

Las elecciones me cogen de profesor visitante en una Universidad norteamericana. Dudo mucho de que

me vayan a dejar votar, aunque he rellenado a tiempo los papeles para ello. Tengo la experiencia del

referéndum del 76, que también me sorprendió investigando en otra Universidad norteamericana, cuya

papeleta me llegó un mes después de la jornada electoral No es casualidad esta desidia administrativa,

puesto que la autoridad competente sabe que la emigración votaría masivamente a la izquierda. Por

desgracia, ni los partidos de ¡izquierda se preocupan gran cosa de la quincuagésimo primera provin-cia

española, el millón largo de compatriotas que, por uno u otro motivo, residimos algún tiempo en el

extranjero. Ya que probablemente no voy a poder votar, se me permitirá que aporte mi comentario sob´e

las elecciones.

Tres por dos

trace argun Tiempo pronosticaba yo en un artículo el absurdo de UCD y la po-sibilidod de que se des-

membrara en sus tres lógicos componentes: la U, oue podría ser el resto histórico de la Unión Liberal, la

C, de los Católicos, y la D de los demócratas o social-demócratas. La profecía se ha cumplido con creces.

UCD se ha deshecho en seis pedazos. Tenemos, en efecto, dos grupos liberales (Garrigues y Camuñas),

dos grupos de católicos AI zaga y Lavilla) y dos grupos socialdemócratas (Fernández Ordóñez y Suárez).

¿Quiere esto decir que ya no tenemos centro? No, quiere decir que podemos empezar a tenerlo.

En el arco parlamentario español ha sido siempre del mayor interés la clave del centro. Precisamente,

UCD no podía seguir sosteniendo el arco porque, como se ha visto, agrupaba a líderes demasiado alejados

en el espectro. La prueba es que Alzaga se ha ido con la derecha y Fernández Ordóñez con los socialistas.

La clave del centro no era, pues, UCD, más bien un partido de la derecha. En la II República, el centro-

izquierda se constituyó ¡nicialmente por los grupos regionalistas no conservadores, [os republicanos y los

radicales. La crisis de la fórmula de la II República estuvo en que ese poderoso centro se fue deshaciendo,

apartados unos a la derecha y otros a la izquierda, y en consecuencia se llegó a la extrema polarización

del 36. Ya sabemos cómo acabó.

Hay espacio para el centro-izquierda.

La historia no se repite, pero enseña. La fórmula de la transición democrática nos dice que su inicial fallo

ha estado precisamente en el hueco ce la casilla del centro-izquierda Ahí podía haberse situado e! PSP,

pero fue inmediatamente absorbido con armas y bagajes. Tenían que haber estado los nacionalistas no

conservadores, pero su historia ha sido asaz desgraciada No han resurg:do los equivalentes actuales del

republicanismo histórico, tos partidos Socialdemócratas o radicales, porque tanto el PSOE como UCD

eran conglomerados de muy amplio espectro. En contra de lo que ahora se oye decir, yo creo que la

fórmula de partidos más connatural con la situación española es la de múltiples grupos. Nada más absurdo

y falso entre nosotros que el bipartidismo. Pero sigamos.

Quitar el miedo

La ´eciente disolución de UCD podría haber contribuido a rellenar ese extraño hueco del inexistente cen-

tro-izquierda, sin el cual el arco parlamentario se puede venir abajo. Para muchos de los diputados de

UCD la ruptura de momento es una desgracia, porque se van a quedar sin escaño, pero para el conjunto

del país me parece una cosa buena. Tampoco está mal que algunos socialdemócratas contribuyan a quiE-

tar el miedo que tiene la derecha de un Gobierno socialista (el más natural en este momento). Pero el

problema sigue en pie: ¿quién llenará el espacio del centro-izquierda? Podría haberlo hecho Suárez si le

hubieran dado tiempo. Además, tendría que olvidarse del humanismo personalista o del personalismo

humanista, que no sé cómo se llaman esos trabalenguas de cuando no se podía hablar claro.

Para rellenar el hueco del centro-izquierda hay que saber por qué se ha producido. Ha sido la consecuen-

cia de la política (necesaria en un primer momento) del consenso. Esta exigía no atacar a los tres poderes

tácticos: financieros, obispos y militares, se entiende a la parte de ellos con apetito de poder. Pero el cen-

tro izquierda es prec´sa-mente eso: e! espacio que ataca a los poderes tácticos y sus consecuencias ideo-

lógicas. Suárez hará bien en hablar más claro de esto. Sólo tímidamente ha insinuado lo del «poder civil».

Realmente, el único partido como tal es el socialista. Aunque sólo fuera por eso, merecería ganar las

elecciones. La tentación es que, ensoberbecido, intente ser la UCD de la izquierda, abarcando demasiado.

Eso sería contraproducente para todos, menos para sus oponentes. Los partidos mueren por consunción,

pero enferman por elefantiasis. El PSOE tiene en su contra un hecho paradójico: ser el favorito, tener de-

masiado claro que va a ganar. Lo mejor para el socialismo sería que los comunistas no le dieran sus vo-

tos y que hubiera un buen partido de centro-izquterda, otro de centro-derecha y otro más de derecha, con

sus correspondientes equivalentes regionalistas.

Líderes quemados

Con independencia de los resultados de las elecciones, una cosa es cierta. El fuerte ritmo de camb:o de la

política española está quemando la primera línea de líderes. Atención, pues, a la segunda, realmente

preparada y con energía. Estoy pensando en los Cu-riel, Lluch, Maravall, Seara, Mella, Mengo, José

Antonio Ortega, Cisneros y Vestrynge, entre otros de la misma carnada generacional (los cuarentones).

Atención, pues, a las elecciones de 1986. En las del 82, el que gane lo tiene muy fácil, al menos por

comparación. El Gobierno al que va a suceder ha sido uno de los más ineptos de toda la historia española.

Que ya es decir.

 

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