Autor: Pablo Barbado, Eliseo de. 
   El cultivo del tabaco en España  :   
 Hasta 1940 no se implantó definitivamente. 
 ABC.    18/11/1960.  Página: 35, 37, 39, 41. Páginas: 4. Párrafos: 20. 

EL CULTIVO DEL TABACO EN ESPAÑA

HASTA 1940 NO SE IMPLANTO DEFINITIVAMENTE

Nuestro suelo produce la rama necesaria para las necesidades teóricas nacionales—de 25 a 27 millones

de kilos—, pero podrían cosecharse de 35 a 40 millones si lográramos colocar en el exterior nuestros

tabacos más selectos

Por ELÍSEO DE PABLO

Una de las grandes riquezas del campo español que han adquirido carta de naturaleza, a partir del año

1946, es la del tabaco, de Indiscutible Abolengo hispánico en lo concerniente al descubrimiento de esa

planta en el Nuevo Mundo y a su introducción y cultivo en el Continente europeo. La cosecha de este año

debe representar, para los cultivadores, un valor oscilante entre 500 y 550 millones de pesetas. Bien me

rece esta rama de nuestra agricultura un estudio general y una relación sucinta de las vicisitudes por que

ha pasado el cultivo tabaquero, desde que las primeras hojas fueron entregadas como presente de los

descubridores a los Beyes Católicos, hasta el momento actual. Don Fernando de Montero, ingeniero

agrónomo del Servicio Nacional del Tabaco y reconocida autoridad en la matetería de que vamos a tratar,

contesta con generosa largueza a las preguntas que nos hemos permitido formularle;

— En su opinión, ¿fueron efectivamente los españoles quienes desacubrieron el tabaco y lo introdujeron

en Europa?

—En nuestra obra de divulgación titulada "Tabacos oscuros y tabacos claros en España", que hoy puede

enjuiciarse en la proyección aue presta el no poco tiempo transcurrido desde que vio la luz, nos atre

víamos a atribuir "ancho abolengo hispano" a la Introducción del tabaco entre los cultivos y su uso entre

las costumbres de los habitantes de la vieja Europa. Pues si ha de considerarse forzosamente cierto que las

especies silvestres del género nicotina—con excepción de una sola—son originarias del Nuevo Mundo, y

que De Candolle admite concretamente que la parcela americana origen del mismo está, limitada con

Méjico, por el Norte; Venezuela, por el Este, y Bolívia, por el Sur, ha de admitirse como certísimo que los

descubridores europeos de la planta del tabaco fueron los españoles que acompañaron a Colón. Ellos, en

efecto, pudieron contemplar por vez primera las vistosas hojas finas y de gracioso contorno cuyo aroma,

al ser quemadas, era aspirado con deleite por los indígenas antillanos. Allí aprsndieron el nombre de

"tabaco", dado por los naturales al pequeño rollo formado por la hoja, nombre que nacen extensivo al pró

ducto. Denominación afortunada, que habría de quedar incorporada a todos los Idiomas del mundo.

Parece asimismo que los indígenas de San Salvador llamaban; "tabacos" a los cigarros, siendo curioso

anotar que nuestra legislación, sobre la materia emplea, aún modernamente» la palabra "tabacos" como

sinónima de "cigarros". Si españoles, sin duda, "fueron quienes trajeron a España y a Europa relación de

la exótica costumbre de su .empleo y los que depositaron en nuestro suelo las primeras hojas—

comprendidas entre los presentes portados desde el Nuevo Mundo por sa descubridor a los Reyes

Católicos —de un producto extraño cuyo uso habría de incorporarse de modo lento, pero firme y seguro,

a las costumbres de una civilización tan alejada del país de origen, hemos de dar un mentís rotundo a

quienes regatean a España el descubrimiento e introducción del tabaco. Ahí están, para testificarlo,

además de 3a. lógica, el diario del propio Colón; la historia del almirante, relatada por su hijo Fernando;

la "Historia de las Indias", de fray Bartolomé de las Casas, y tantos otros testimonios relativos a aquella

época, aunque no faltan autores extranjeros que "retrasan"

E1 descubrimiento del tabaco hasta que "las primeras infiltraciones de los naturales de sus respectivos

países en América—dice José Pérez Vidal en su "Historia del cultivo de tabaco en España"—permitieron

la confusión y plantearon el problema que tenia, anterior, fácil y clara solución dando a España lo que de

España era", La verdad histórica es ésta: España introdujo el tabaco en el viejo continente,

—¿Cuáles han sido los fases de introducción de lo planta, en España? Para sistematizar la introducción

del cultivo del tabaco en España debemos conside r a r diversas fases. La primera comienza a fines del

siglo XV y abarca, con el XVI entero, una parte del XVII. Durante este lapso la planta es admirada por su

belleza—fase ornamental de su cultivo—o bien ambicionada y cuidada por las virtudes medicinales que

la farmacopea de entonces le atribuye; Se comprende que durante esta época se cultive en jardiñes,

huertos y heredades, sin ninguna intervención estatal. Es, pues, éste, un periodo en qué, a pesar de ser

conocidas por navegantes y aventureros que regresan de las Indias recién descubiertas, las propiedades

enervan, íes del tabaco por s u combustión, el europeo medio no acepta 1 a costumbre, que prende más

bien en las gentes del mar, conside

rándose tal hábito como "cosa vil y baja, de esclavos, bebedores de taberna y gente de poca

consideración". Pero así las cosas, la tentación de su uso va ascendiendo lentamente desde los fondos

sociales a otros estratos superiores y ya, en los albores del siglo XVII, se ofrece como signo de distinción.

La moda de su empleo al implantarse en niveles sociales más acomo

dados proporciona "clientes" de mayor poder adquisitivo.

Y en ese mestizaje de su uso, (ya medicinal, ya para ser fumado), la planta del tabaco, de cultivo libre, va

haciendo adeptos y admiradores. Nos hallamos en la mitad del siglo XII. Pero la libertad de cultivo, no

será duradera; habrá de ir poco a poco sufriendo retoques y prohibiciones, y con ellos y bajo ellos, se

cumplen otras lases de su introducción en España, dónde en la segunda mitad del siglo XVII la obtención

de la rama fue objeto de estanco, con la consiguiente dificultad de producción y de tráfico que originó

escasez del producto. Como había dificultades para que entrase en España el tabaco de las Indias (escasez

de barcos y poca seguridad en la navegación), la falta fomenta el cultivo clandestino, a pesar de que se

conmina con severas penas a los infractores. Avanzando en esta línea de cultivó clandestino—estimulado

como "fruta prohibida"—, en 1701 se produce una conmoción al disponerse que sea la Real Hacienda la

que administre directamente la Renta de Tabacos, que hasta entonces se encontraba arrendada a personas

o empresas, de las que se desconfiaba.

~~¿En qué época se atisba el conocimiento de las posibilidades técnicas de producción en nuestro

territorio?

—El siglo XIX, pródigo en vicisitudes de la rama tabaquera peninsular, nos acerca algo más al

conocimiento de las posibilidades técnicas de su producción, todavia muy distantes de los estudios y

ensayos organizados que esmaltan la centuria actual, en que sé ha llegado a realizaciones del más positivo

valor. Fernando II deroga la libertad de cultivo, elaboración y venta de tabaco decretada por las Cortes de

Cádiz, pero en 1320 queda restablecida. se conoce el resultado de

unos ensayos efectuados en Sanlúcar. En 1827 se restablece también el estanco y se concede autorización

para realizar otros ensayos en nuestras provincias insulares. Por entonces se publica la llamada "Memoria

de Carnicero", en la que se aboga por la implantación en la Espina metropolitana y se cita, entre las

comarcas aptas para dicho cultivo la de la Vera, en la provincia de Cáceres, donde por cierto tiene hoy

gran arraigo. Indudablemente, como consecuencia de la citada Memoria, los ensayos se extienden a

Sevilla, y éstos proyectan alguna luz sobre las posibilidades tabaqueras de la Península.

También en 1827, las Sociedades Económicas de Amigos del Pais. de Madrid, Barcelona y Badajoz,

entablan fuertes polémicas y present a n iniciativas en torno a la implantación del cultivo, con el resulta.

do de que se lleven a cabo estudios «n la huerta del Noviciado de Madrid (antes de ser ocupada por la

Universidad) y en otros lugares. Poco después perduraban sólo los que en Baleares y Canarias se llevaban

a efecto, En 1852 se declaraban francos los puertos de las Canarias y, por ende, el cultivo del tabaco en

esas islas.

—¿Cuál ha sido la trayectoria seguida hasta implantar definitivamente el cultivo? , —En 1887, una ley

autoriza, el arrendamiento de cuanto se relacionara con el monopolio del tabaco y, en la base 12 del

contrato al efecto establecido entre la Compañía arrendataria y el Estado, se in

dica que, pasados los dos primeros años de su ´vigencia, el Estado podrá hacer concesiones para el

fomento del cultivo en todo el ámbito nacional. Se sentaban así los cimientos de una organización condu

cente a conseguir para España y para su agricultura la riqueza que ese cultivo representa.

En 1896, fecha de un nusvo convenid con la Compañía arrendadora del monopolio de tabacos, se impone

a ésta la obligación de realizar experiencias de cultivo a cargo de la Renta, realizándolas durante los años

1899 a. 1902. Los resultados con seguidos en Madrid, Valladolid, Vizcaya,Málaga y Valencia, completan una voluminosa memoria terminada en 1903. obra de un ingeniero agrónomo de la Compañía. A! fin, en el año 1917, tras no pocas vicisitudes que patentizan prevenciones y

reservas contra ek cultivo del tacaco debidamente organizado, los ilustres ingenieros agrónomos Sres.

Torrejón Boneta y Lema, en dictamen de 1918, imponen, dentro del seno de una Comisión mixta, su

criterio favorable a una eficiente reglamentación. Se ha de considerar a esta actuación como punto inicial

de la riqueza tabaquera española.

Una nueva Comisión, de la que forman parte los ingenieros Sres. Beneyto y López de Chicheri, redactan

los; Reglamentos y construyen la organización básica de los ensayos que, iniciados en 1919 se prorrogan

en diversos períodos, y en cuya dirección se suceden los ingenieros Sres. Beneyto y Torres de la Serna,

este último ininterrumpidamente desde 1929 a 1939, por lo que es considerado como el agrónomo

impulsor del cultivo, con un meritísimo equipo de colaboradores. Con lo expuesto se patentiza cuánto

hubo que luchar para llegar a implantar con carácter . definitivo el cultivo del tabaco en España. lo que se

logra en 1940, a poco ds concluido el Movimiento nacional. En la Dirección del Servicio del Cultivo del

Tabaco se suceden después los ingenieros agrónomos señores Anchóriz y Rein—ex ministro de

Agricultura—; este último es quien ejerce la jefatura del Servicio en la actual fase de gran florecimiento

de la rama nacional, florecimiento debido en gran parte a sus iniciativas y trabajos.

—«Sí tenemos en cuenta los progresos alcanzados en el arte de cultivar el tabaco y en su calidad, ¿puede

aumentar la proporción actual del mismo en las labores, e incluso hacer permanente la exportación de las

selectas que a modo de ensayo se ha realizado ya en alguna campaña?

—Al desarrollo de nuestra producción corresponde otro en calidad, pues el Servicio Nacional de Cultivo

y Fermentación del Tabaco ha encontrado en el Ministerio de Agricultura y en el Gobierno facilidades

para ir construyendo la red de centros de fermentación programada y para adquirir parte de la maquinaria

que requieren los nuevos sistemas de acondicionamiento de la rama de tipo clara, que hoy demanda con

avidez el mercado de cigarrillos: se han facilitado a los cultivadores ayudas técnicas y económicas para

construir locales ds curado, etc. Pero sobre" todo se construyó y equipó debidamente el Instituto de

Biología del Tabaco en Sevilla, cuyos trabajos, acertadamente orientados, han coadyuvado de modo

eficacísimo a una mejora de calidad, bien patente en el plebiscito popular que supone la demanda, en

líneas generales creciente, de las labcres de Tabacalera, entre las que entra totalmente, o en proporciones

elevadas, el tabaco producido en nuestra Patria. Si admitimos que el consumo nacional de rama

de tabaco se acerca a los cincuenta millones de kilogramos anuales y que en confunto nuestro producto

indígena entre en las labores en la proporción del 50 por 100, las necesidades teóricas anuales de rama

pueden cifrarse entre 25 y 28 millones de kilogramos, cosecha que se supone como probable en el año

1960. La calidad, mejor de año en año, de nuestro tabaco, por un lado; la conveniencia de contar con un,

"stock" de rama para que tome el aroma y otras cualidades que proporciona al producto envasado el

añejamiento mínimo de un año (hasta hoy no conseguido) ; el ininterrumpido aumento de consumo y,

por encima de todo, la conveniencia de que los tabacos de España entren—como puede ser por la mejora,

cualitativas conseguida—en mayor proporción en las labores, tenemos la esperanza, basada en el trabajo

de equipo del ServicioNacional del Tabaco, de que la producción de rama nacional pueda ser elevada a

los 35 millones de kilogramos anuales, que podrían elevarse a 40 millones si consiguiléramos, como

parcialmente ya se ha logra» do, colocar nuestros tabacos más selectos en el mercado exterior,

E. de P.

 

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