Unidades mínimas de cultivo     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 9. 

UNIDADES MÍNIMAS DE CULTIVO

Reconocida la gravedad del problema que representa la fragmentación y dispersión de 1a propiedad

rústica, se dictó en 15 de julio de 1954 la ley que establece la fijación de las unidades mínimas de cultivo,

complementarias de la de Concentración Parcelaria de 20 de diciembre de 1952.

Parecía lógico al legislador y, en efecto, así resultaba, que al verificarse la concentración de las parcelas

en determinadas, zonas se procurara evitar qut prosiguiera la atomización de la propiedad, no ya en estas

mismas zonas, sitio en la totalidad de las provincias y comarcas españolas.

La citada ley de 1952 señala en su artículo 9.º cómo una vez realizada la concentración parcelaria las

fincas de extensión igual o inferior a la fijada para las unidades mínimas de cultivo tendrán la

consideración de cosas indivisibles, y la parcelación de predios de extensión igual a dicha unidad sólo

será válida cuando no dé origen a parcelas de extensión inferior a ellas. La aplicación de este principio

limitativo de la voluntad del propietario quedaba, con ello, reducido a las zonas en las que se declarara la

utilidad pública de la concentración parcelaria, operando una vez quedaran terminadas las operaciones

concentradoras.

Estas medidas resultaban insuficientes ante la magnitud de este problema. Así lo comprendieron los

propios agricultores, que, reunidos en febrero de 1953, en la V Asamblea Nacional de Hermandades

Sindicales, a la que asistieron cerca de 4.000 agricultores, dedicaron especial atención a esta problema,

quedando recogido su sensato criterio en la Conclusión X de la Ponencia VI, "Concentración Parcelaria",

que dice así: Las parcelas de superficie igual o menor que las unidades parcelarias mínimas definidas para

cada "núcleo de labor" tendrán la consideración de cosas indivisibles. Las mayores sólo admitirán

división cuando su resultante exceda de la superficie mínima. Se considera también conveniente prohibir

en las zonas no sometidas a concentración la división ilimitada de las parcelas. Deberá, reglamentarse,

asimismo, la parcelación de las fincas medianas y grandes.

La ley de 15 de julio de 1954 dio un carácter de generalidad a este principio de la indivisibilidad de las

parcelas, haciéndolo extensivo, en la forma solicitada por los agricultores, a las zonas no concentradas,

con el fin de evitar que se agudizara un problema en cauce ya de solución.

La facultad de proponer al Ministerio de Agricultura la extensión de estas unidades mínimas de cultivo

quedó reservada al Servicio de Concentración Parcelaria, una vez obtenidos los oportunos informes de las

Jefaturas Agronómicas y de las Cámaras Cficiales Sindicales Agrarias, y su señalamiento había de

acordarse en virtud de decreto aprobado sen Consejo de Ministros.

El decreto de 25 de marzo de 1955 desarrolla los preceptos de la ley de 15 ríe julio de 3.954 sobre

unidades mínimas de cultivo. En este decreto se establece la extensión de estas unidades en las distintas

provincias españolas, si bien la complejidad de las comarcas agrícolas aconseja establecer únicamente los

limites máximos y mínimos que en las diversas provincias habrá de asignarse a. estas unidades mínimas

de cultivo. Estos limites oscilan en secano, entre 0,50 hectáreas para Santa Cruz de Tenerife y Las

Palmas, y cuatro hectáreas para las provincias andaluzas. En terrenos de regadío la extensión de la unidad

mínima Queda comprendida dentro de los límites de 20 áreas y una hectárea.

El señalamiento de las unidades mínimas de cultivo constituye un importante avance, mediante el cual se

persigue el establecimiento y conservación de unidades agro-económicas apropiadas. La norma legal está

dictada, sólo, resta que a su mejor cumplimiento presten la más rendida colaboración los agricultores

españoles, conocidos los beneficios indudables que ello entraña, correspondiendo así al ingente esfuerzo

desplegado a este fin por el Ministerio de Agricultura.

NUEVOS HORIZONTES

Aunque con más lentitud de lo que fuera de desear, la Concentración Parcelaria sigue su curso. Sus

beneficios se extienden ya por distintas reglones, abriendo nuevos horizontes a la agricultura. Es, no lo

dudamos, una obra de colosos. En algunos países de Europa central y occidental se halla en evolución

desde hace varios siglos. En España se inició siendo ministro de Agricultura don Rafael Cavestany

(incansable luchador al servicio del agro), que la muerte nos arrebató súbitamente, inesperadamente.

La importante etapa de realizaciones, quo ha dado positiva eficacia práctica a la Ley aprobada en

diciembre de 1952, ha estado a cargo del actual titular del Ministerio, don Cirilo Cánovas García. De su

entusiasmo, mil veces probado, por esta empresa del más alto rango nacional tenemos buen testimonio en

el discurso que pronunció en ocasión de la entrega de títulos A los propietarios de nuevos lotes resultantes

de la terminada concentración de Medina del Campo: "Si la concentración parcelaria fuese un menester

adjetivo y, por tanto, incompatible con la técnica moderna, no se nos hubiese planteado como problema

inmediato; pero es que "es sustantivo y previo a todo intento de fundar un orden nuevo capaz; de

promover la creación de empresas y explotaciones lo más perfectas posible", caracterizadas por la

armónica, concurrencia de una serie de factores que comprenden desde ia tranquilidad jurídica y la

capacitación suficiente hasta la consagración de una tecnica moderna y una mano de obra estabilizada. Sí

nuestra política agraria se encamina derechamente hacia el fomento de ias producciones básicas con

evidente y eíaro sentido económico y social, y si a ello se opone con terca tenacidad ei acusado grafio de

parcelación en que se hallan nuestras tierras, es claro que "uno de los, primeros objetivos que hemos de

imponernos es la lucha implacable contra las deficiencias estructurales qne configuran la propiedad

rústica."

La continuidad política ha permitido que la concentración parcelarla siga su curso sin desmayos, en cuya

obra el ministro está perfectamente secundado por el director oel Servicio, don Ramón Beneyto, que

empezó a cumplir su misión a las ordenes directas, de don Rafael Cavestany, y por su subsecretario—que

lo es también en la actualidad, del mismo Departamento—, don Santiago Pardo Canalís.

 

< Volver