Autor: Pulgar Arroyo, Jaime. 
   Hacia un nuevo concepto de la empresa agrícola     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 19. 

HACIA UN NUEVO CONCEPTO DE LA EMPRESA AGRÍCOLA

Por JAIME PULGAR ARROYO

Ingeniero agrónomo

RESULTA evidente que la empresa agrícola necesita en nuestro país un cambio de orientación radical si

ha de intentar producir, como es obligado en la actualidad, a un precio de competencia internacional.

De los tres factores que constituyen el precio de coste de los productos agrícolas: materias primas, mano

de obra y medios de producción, el importe de estos dos últimos es susceptible de ser disminuido

considerablemente medíante su inteligente empleo, ya que la. forma principal de conseguir costes bajos

reside en la intensa y eficaz mecanización de la agricultura con la consiguiente reducción de la mano de

obra empleada en las tareas agrícolas.

Hemos realizado un estudio sobre los precios de coste de quince ´producciones agrícolas diferentes con

objeto de estimar la importancia que sobre el precio de coste total tienen la mano de obra y el uso de los

tractores y otras máquinas agricolas, elementos a los que nos referimos preferentemente en este breve

articulo. Él resultado es el que a continuación detallamos:

Suma total de mano de obra, trabajo de tractores y otra maquinaria agrícola; del 19 al 50 por 100 del coste

de producción total.

Suma de trabajo de tractores y otra maquinaria agrícola: del 7 al 34 por 100 del coste total.

Como valores medios de los conceptos anteriores, de tan amplia oscilación, hemos obtenido el 36 por 100

y el 16 por 100 del coste total en los citados quince productos agricolas, debiendo tenerse en cuenta que

las cifras relacionadas se refieren a una gran explotación bastante bien dotada de medios mecánicos, la

cual tiene una superficie de secano superior a las 250 hectáreas, disponiendo asimismo de regadío en

extensión también superior a esta cantidad.

Para poder tener una idea siquiera aproximada de lo lejanas que deben estar la inmensa mayoría de las

empresas agrícolas españolas de alcanzar las porporciones anteriores en sus costes de producción,

diremos que en cuanto a la extensión de la superficie de secano hay en España solamente unas 2.300

explotaciones comparables a la empresa estudiada de un total de cerca de un millón y medio de fincas

españolas con cultivo de secano, existiendo con extensión análoga de regadío poco más de seiscientas

empresas de las casi novecientas mil de esta clase que ocupan nuestra geografía.

La pequeña extensión media de nuestras explotaciones les impide mecanizarse, ya que el uso de los

medios mecánicos en la empresa agrícola sólo resulta económico por encima de una superficie mínima, la

cual es más importante que su grado de parcelación.

Por otro lado, existe otra dificultad que con el tiempo y el consiguiente aumento del nivel de vida se irá

acentuando: la escasez de mano de obra utlllzable en trabajos agrícolas. Ante la difícil obtención de este

medio de producción en el futuro se hace necesario conseguir del mismo un rendimiento máximo en

cuanto a situarle en condiciones de ser empleado en la mayor superficie posible en cada campaña,

realizando su trabajo en óptimas condiciones de organización.

Sentada la vital importancia del uso razonable de los medios mecánicos y da la mano de obra en la

consecución de bajos costes de producción, así como la creciente escasez del trabajo humano en las

actividades agricolas, vamos a mencionar rápidamente las soluciones adoptadas en algunos países

europeos, así como la que, a nuestro entender, sería la más adecuada a los moldes de la moderna empresa

industrial o comercial, pues estimamos que éste es el modelo al que la actividad agrícola

de nuestros días debe ajustarse e imitar dentro de sus peculiares características.

En primer lugar, y ya desde antiguo, existe la "cooperativa que agrupa a cierto número de agricultores que

adquieren y usan en común medios mecánicos de producción". Este sistema tiene éxito para la maquinaria

de recolección principalmente, ya que su empleo se circunscribe a una época determinada del año, que es

la misma para todos los socios. Sin embargo, la citada fórmula es excesivamente rígida para el uso

colectivo de los tractores, que representan para cada empresario la fuente de energía indispensable para

todos los trabajos y para los transportes que diariamente debe realizar, de acuerdo con sus específicas

necesidades.

una segunda solución, preferentemente para la razonable utilización de mano de obra, cuando ésta

escasea, se practica también, "Consiste en el uso colectivo de la mano de obra sobre las íincas de un

conjunto de agricultores asociados", empleándose para todos las máquinas necesarias que son propiedad

de algunos socios individualmente. El trabajo humano puede así organizarse bajo un plan común para

ejercer su acción sobre el conjunto de las fincas de los socios, con el consiguiente mejor aprovechamiento

d e la mano de obra disponible y beneficiándose todos los asociados de los medios mecánicos que cada

uno posee aisladamente. Este sistema obtiene los mejores resultados en trabajos de recolección,

Una tercera modalidad consiste en la "asociación de fincas hasta constituir una superficie total que sea

susceptible de mecanización y de empleo de mano de obra en forma adecuada". En este caso, la propiedad

de los medios de producción sigue siendo de cada uno de los socios, pero ya es factible fraccionar la

adquisición de la maquinaria precisa. Uno de los asociados puede adquirir un tractor de 40-45 CV., capaz

de realizar las labores más pesadas y con mayor rapidez, y otro un tractor de menor potencia para labores

complementarias y transportes. En definitiva, la compra se realiza individualmente y el uso se ejercita en

común. Esta modalidad se practica en países del área mediterránea.

Las tres formas de asociación que hemos descrito son sin duda interesantes, pero adolecen de un grave

inconveniente que les incapacita para constituir verdaderas soluciones. Efectivamente, el agricultor sigue

en ellas conservando la plena autoridad sobre su empresa, siendo muy difícil, prácticamente imposible,

que puedan todos los socios ponerse de acuerdo sobre muchas decisiones importantes y disponer de

elementos vitales para su eneas: gestión. Nos referimos a que son absolutamente indispensables una

técnica altamente preparada, una orientación comercial acertada sobre los bienes que deben producirse,

centralización tanto de las compras de materias primas y de medios de producción como de las ventas de

los productos obtenidos y, en fin, una administración unificada, todo lo cual sólo puede conseguirse bajo

una sola gerencia y dirección, quedando totalmente eliminadas las posibles disparidades de criterio de

cada agricultor y sustituidas por una planificación única con amplia visión de los problemas.

La anterior descripción corresponde a la "gran empresa mercantil o industrial que generalmente se

constituye en Sociedad anónima".

La forma en que varios agricultores propietarios de numerosas parcelas pueden establecer la variante

agrícola de la Sociedad anónima ha empezado a apuntarse en algunos escritos, consistiendo

fundamentalmente en que la aportación de cada miembro de la Sociedad es su capital territorial o quizá

también medios de producción, siendo sustituido su dominio sobre la parcela o parcelas por acciones

cuyo valor equivale al del capital territorial o de explotación aportado, una vez tasado éste. El agricultor

queda transíormado así en accionista, y todas las fincas acogidas a este régimen sometidas a la única

rectoría del Consejo de Administración, gerente y director, siendo nombrado el Consejo por la Junta

general de accionistas propietarios.

No se nos ocultan las dificultades que la aplicación de un régimen semejante al de las Sociedades

anónimas tendría en la práctica para este tipo de Sociedades agrícolas; sin embargo, estamos presenciando

cómo el Servicio de Concentración Parcelaria va resolviendo satisfactoriamente muchos inconvenientes,

análogos algunos a los que en este caso habrían de presentarse.

Las ventajas que este tipo de Sociedades sería capaz de ofrecer tanto a los agricultores como a la

comunidad nacional son evidentes; sin embargo, creemos interesante subrayarlas. En primer lugar,

además del aumento de producción y rebaja de costes debidos a la presencia de una orientación

comercial, a una alta técnica que ya puede contratarse y al empleo de los medios mecánicos adecuados,

antes inasequibles a los agricultores aislados, se consiguen mejoras fundamentales de carácter social. Los

obreros necesarios pueden pagarse mejor, incluso interesarles en los beneficios, disfrutando de una

estabilidad y seguridad que ahora no son generales. Los propietarios agrícolas de mínimas parcelas, que

son la mayoría en nuestro país—recordemos nuestros secanos de Castilla—, se verían redimidos

definitivamente de la vida muchas veces mísera que actualmente se ven obligados a llovar.

El viejo aforismo: "La unión hace la fuerza" tendría también en este caso un efecto considerable; los

modestos agricultores podrían verse convertidos en partícipes de grandes empresas agrícolas, cuya

importancia alcanzaría a ser extraordinaria en muchos casos, abriéndose a la colectividad facilidades de

crédito bancario para la adquisición de toda clase de medios de producción y realización de mejoras antes

imposibles de conseguir individualmente y horizontes de progreso no previstos por su magnitud. Al

capital territorial se le dotaría simultáneamente de una movilidad de la que hoy carece, mucho más

conformé con los tiempos en que vivimos.

En resumen, creemos que este futuro camino sobre el que pretendemos llamar la atención merece ser

estudiado lo más rápidamente posible y ser arbitradas las fórmulas jurídicas que le hagan viable, pues los

beneficios que obtendría la clase agricultura y el país en general los consideramos por su importancia

merecedores de los mayores esfuerzos para su logro.

J. P. A.

 

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