Autor: Saiz, José Ramón. 
 Mi rincón. 
 Así vive hoy Carlos Arias     
 
 Pueblo.    03/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ASÍ VIVE HOY CARLOS ARIAS

Hace un año, sólo un año, Carlos Arias Navarra, madrileño, nacido el 11 de diciembre de 1908,

presidente del último Gobierno de Franco y del primero del Rey, ocupaba la actualidad política del país.

Había jurado la Corona Don Juan Carlos, y la incógnita estaba en si Arias se mantendría al frente de la

presidencia del Consejo de Ministros. En los primeros días de diciembre, Don Juan Carlos le confirmaba

en su despacho da Castellana, 3. Siete meses después ponía el cargo a mi disposición.

¿Qué hace ahora el ex presidente del Gobierno? Esta pregunta se la plantean muchos españoles a los que

Carlos Arias llevó esperanza y serenidad en momentos trascendentales para España. Dicen, los que están

cerca de él, que lleva, una vida tranquila en su residencia de «Casaquemada», allá en La Florida.

Acompañado de su escolta personal, el ex presidente hace escapadas a mi notaría, situada en una

tradicional calle de Madrid. Pero la mayor parte del día la dedica a su mujer («la mitad de mi existencia»

como siempre recordaba el presidente); a doña Luz del Valle, aquella muchacha montañesa que conoció

en León, cuando era gobernador, y que un día del otoño pasado me decía en Reinosa, su tierra natal:

«Cuando Carlos se retire, habrá dejado parte de su vida en Castellana, 3.»

• En los momentos de ocio, nunca posibles cuando estaba al frente del Gobierno, don Carlos lee o juega al

mus con sus amigos. En invierno, la caza, su último «hobby», y en verano, allá en Salinas, donde le

espera «La Arganzuela», siempre lista y dispuesta para salir al mar de la mano del amigo Amalio, la

pesca y el golf ocupan sus horas. He oído comentar, no hace muchas fechas, que Carlos Arias, en otros

ratos, como mirando a la Historia, pone en orden sus recuerdos; quizá sus memorias.

• Pero su respetuoso silencio, su merecido retiro —cuando otros políticos no se resignan a pasar a la

reserva—, se ve, de vez en cuando, roto por alguna pluma. Hace unos días, una revista humorística

descargaba sus tintas contra quien ayer mismo era jefe del Gobierno. Ataques en balde, para quien tiene

un sitio muy especial en la historia.

• Habría que volver mil días en el calendario. No era fácil llevar a un país que salía de la conmoción

del asesinato del presidente Carrero (el otro «yo» de Franco), a una Monarquía democrática y liberal,

teniendo que pasar por la muerte del hombre que ocupó las páginas de España durante cuarenta años.

• Tal vez Franco volvió a acertar en aquellas Navidades de 1973, cuando, con sorpresa, designaba

presidente a Carlos Arias, un hombre que con prudencia e inteligencia, y además autoridad, estaba

preparado para acompañar a España en ese salto —que algunos vaticinaban mortal— del autoritarismo a

la libertad. De su mano en aquel 12 de febrero de 1974, el Poder se acercó el país real trajo Arias,

en definitiva, una nueva manera de hacer política, de aparecer en televisión cuando las circunstancias lo

demandaban, en salir a Europa representando a un país normal. Pero su «espíritu» del 12 de febrero iba a

encontrar su respuesta un día, en el que se conmemoraba el aniversario de la Falange, con la fulminante

destitución de Cabanillas.

• Durante la enfermedad de Franco, Carlos Arias supo llevar tranquilidad de muchos hogares de España.

Su rostro, su expresión, reflejaba, de alguna manera, lo que ocurría en un determinado momento. Con

serenidad —desde la serenidad del país— y aplomo, pero con dolor, el presidente anunció a los españoles

que Franco había muerto. Su entrecortado ¡Viva España! angustio a muchos.

• Con la llegada de la Monarquía, y después de ser confirmado por el Rey, los inmovilistas, los que

deseaban la continuidad simplemente, se aferraron a su nombre. Eran los mismos que hacía dos años

trataban de cercarle. Y al final, la dinámica de los tiempos pudo con Arias, ofreciendo, en otro signo

ejemplar, su dimisión al Rey. Habían pasado muchas cosas, y el ejercicio de mil días de Gobierno en

Castellana, 3 habían podido con él. Se marchaba dejando una reforma iniciada, la aceptación de la

jefatura del Gobierno en unos momentos inquietantes, las diversas crisis producidas por los intrigantes

que miraban hacia El Pardo, el alejamiento de sus más directos colaboradores, la muerte de un ministro

fiel y, por último, los días clave de la enfermedad de Franco y el paso de un régimen de adhesión a la

democracia. Las crónicas de entonces decían que Arias dormía poco, que había aumentado la dosis de

somníferos, que se mantenía su dolencia de gota y que cada página de la vida de España le fue

demacrando poco a poco, pero de forma clara, su rostro, familiar para los españoles.

• Y algo más que es ejemplar. Pocos políticos habrán aceptado con tanta resignación —que no se si era

alegría en Arias pasar a la vida privada. Sin decidirse por banderías, votando «sí» en las Cortes a la

reforma y observando desde su retiro, Arias Navarro escribe su último servicio a España.

• Como presidente fue ejemplar. Y como ex presidente lo sigue siendo. Dejemos que la Historia juzgue.

José Ramón SAIZ

 

< Volver