Costes, consumo y exportación     
 
 ABC.    09/06/1961.  Página: 39, 41, 45. Páginas: 3. Párrafos: 21. 

COSTES, CONSUMO Y EXPORTACIÓN

Así expresado nuestro punto de vista particular, y subrayado el notable aumento que se ha producido en

los efectivos de nuestra avicultura y e! perfeccionamiento de su rentabilidad, planteamos la siguiente

cuestión: ¿cuál debe ser la línea de actuación a seguir para mantener a esa riqueza en el grado actual de

progreso? A juicio del señor Mendoza Ruiz, jefe del Sindicato Nacional de Ganadería, los objetivos

fundamentales a alcanzar son los siguientes:

1º.—Incremento del consumo Interior.

2º.—Apoyo a los intentos de salida a los mercados exteriores.

3º.—Abaratamiento de los costes de producción, como premisa indispensable para hacer posible los dos

primeros enunciados.

HISTORIA DE LAS IMPORTACIONES

—¿Cuáles son las fases del actual progreso avícola?—preguntamos al señor Mendoza Ruiz.

—La historia del desarrollo avícola nacional puede conocerse, además de por otros testimonios, por lo

que delatan, con claridad, los balances anuales de nuestro comercio exterior. En 1933, con unas cifras de

consumo "per cápita" más bajas que en la actualidad, se importaron 75.804.600 huevos. Este dato

denuncia la existencia de una avicultura de dudosa solvencia productora, vuelta de espaldas a las

necasiiades y carente de propósitos expansivos. La razón de esta aparente indiferencia—explica el señor

Mendoza Ruiz—, hay que buscarla, no en una deliberada abstención campesina, sino en el poco aprecio

que se hacía, en los centros consumidores, del esfuerzo agropecua rio. Entonces había en el campo tantas

ganas de producir como hoy, pero se quería—igual que hoy—que el trabajo encontrara, en su contacto

con los mercados, un trato equitativo. Como no era así, la avicultura no pasaba de actividad secundaria.

Su coste no se notaba en los gastos generales de la explotación, pero tan pronto como se incorporaban

unidades avícolas e x i gentes ´de nuevas inversiones, la aventura p r oductora concluía en irremediable

fracaso económico. Las importaciones continuaron con m o v i m i e ntos pendulares, que son resultado

del inseguro clima laboral de aquellos tiempos, hasta 1936. Desde este año hasta 1952, los mercados

exteriores se cerraron para España, primero, a causa de la Guerra de Liberación; luego, con motivo de la

segunda guerra mundial; y, finalmente, debido al bloqueo económico al que de una manera injusta,

fuimos sometidos. Se reanuda la política importadora de huevos en 1952, en coincidencia con la mejoría

que experimentan las relaciones de España con los países del bloque occidental. En 1952 se importaron

46.706.400 huevos; 51.846.920, en 1953; 74.883.960, en 1954; 92.140.920, en 1955; 187.343.640, en

1956; y en 1957, 173.710.440.

Esas cifras crecientes—subraya el señor Mendoza—, no evidencian la incapacidad de progreso de la

avicultura, sino la rápida elevación del nivel de vida nacional, puesta de relieve a través del consumo de

huevos. Por entonces la avicultura no sólo no cede posiciones sino que se ocupa de incrementar sus

efectivos y de perfeccionar su calidad. Durante la etapa que se extiende entre 1947 y 1953, el censo aviar

se estaciona en torno a los 19 millones de aves, con una renta media, por ave y año, de 80 huevos; en

1954 el censo se sitúa en la cifrá de 27.000.000 de aves, con una renta media unitaria anual de 92 huevos,

lo que supone una producción total de 2.500 millones. Sin constancia, quebrada la línea de crecimiento

por crónicos defectos sanitarios, por irreprimibles inconvenientes económicos y por obligadas decisiones

políticas, la avicultura, por encima de peripecias, se mantiene, obstinada, en su propósito de avanzar. En

efecto. Las cifras descriptivas de la marcha de nuestro comercio exterior hablan, con sobrada elocuencia,

a este respecto. En 1955 las importaciones redujeron su volumen: sólo se compraron, en el exterior,

133.380.080 huevos; 33.201.000, en 1959; y en 1960, con sólo unas compras de 16.200.000 huevos

emprende España su primera gestión exportadora.

PERSPECTIVAS DE EXPORTACIÓN —En realidad, los envíos al exterior en 1960 no representaron

una exportación importante. Fue más bien—precisa el jefa del Sindicato Nacional de Ganadería—un

ensayo, una operación un tanto simbólica, tendente a inscribir el nombre de España en la nómina de

países vendedores, borrándolo de la lista de naciones compradoras.

—¿Supone usted, entonces, une España no necesita ya, en este aspecto, del exterior?

—No sólo lo creo, sino que estoy seguro de que en el futuro—un futuro que empisza hoy—deberemos

preocuparnos, fun´damsn-talmente, primero de intensificar el consumo en España; luego—o a la vez—de

exportar.

—¿Le será fácil a España encontrar comprador, en el extranjero, para los excedentes avícolas?

—No. Existen dos dificultades. La primera, que todavía no producimos a iguales precios que Holanda,

Dinamarca y otras naciones con una larga tradición exportadora. iLa segunda, que, dadas las circuns-

tancias que se alian en nuestro país para hacer de él un país avícola de primer orden, tendrá que aceptar, si

intenta asomarse al exterior, una muy fuerte competencia, incluso una competencia intencionadamente

demoledora.

—¿En qué se basa usted para decir que España puede lograr una avicultura de carácter excepcional?

—En tres hechos; en que contamos con un clima propicio—tenemos más horas de sol que cualquier otro

país de la Europa continental—; en que disponemos de unos avicultores de elevada técnica, amplia

experiencia y resuelta vocación profesional, acreditada a través de las más adversas circunstancias; y en

que la población rural no se ha incorporado todavía, plenamente, a las actividades avícolas. En relación

con este último punto y para que la afirmación no despierte sospechas añadiré que España, a pesar ds las

dos primeras favorables condiciones, posee una muy pobre densidad avícola. Dinamarca tiene 603 aves

por kilómetro cuadrado; Holanda, 438; el Reino Unido, 370; Bélgica, 359; Alemania, 240. Con estas

cifras contrasta la española: 60 aves por kilómetro cuadrado. Sólo Suecia, Noruega y Finlandia, naciones

con parta de su territorio enclavada dentro del circulo polar ártico, tienen, en Europa, menos aves, por

kilómetro cuadrado, que nosotros. Estas cifras, si por un lado son indicio de penuria, por otrc declaran,

certeras, las ilimitadas oportunidades de fomento que se le ofrecen a la avicultura nacional.

—En efecto, España no depende hoy para el abastecimiento de huevos, de las importaciones. Ahora bien:

¿se debe esto al progreso avícola, a una reducción del consumo, o a la suma de amitos factores?

—Exclusivamente al progreso avícola. Hace cuatro años, con menos habitantes y con un consumo por

persona y año de 92 huevos, impartamos más de 14 millones de docenas, lo que debió costar al país —

dicho sea entre paréntesis—, alrededor de 350 millones de pesetas. Actualmente, con un millón de

habitantes más y con un consumo, por persona y año, son innecesarias las importaciones. La avicultura, al

avanzar, no sólo tuvo en cuenta el desarrollo demográfico. Su velocidad de crecimiento le permitió cubrir,

por añadidura, los siguientes objetivos: anulación de las compras que se hacían en el exterior y mejora, en

el interior de la dieta alimenticia.

RAZONES DEL INCREMENTO

—¿A qué se debe el incremento? —En primer lugar, a la tenacidad de los avicultores que están ahora

recogiendo el fruto de cincuenta años de inteligente, constante y reflexiva dedicación profesional. A

lo largo ds este meaio siglo se entrentaron con múltiples problemas sanitarios y con grandes

impedimentos económicos. Un grupo laboral menos resistente y peor preparado, hubiera renunciado a su

iniciativa productora. La avicultura, después de cada contratiempo, volvía a la carga, inquebrantable,

decidida a cumplir, hasta él fin, su programa. En segundo lugar, los resultados actuales se deben a que

los avicultores, en los últimos años, y gracias al apoyo del Ministerio de Agricultura y de la Comisaría

General de Abastecimientos y transportes, están trabajando de acuerdo con un, largo y bien meditado

plan. Ya no se trata de una avicultura incierta, únicamente provista de fines y desmida de procedimientos.

Hoy se sabe, como antes, lo que se quiere; y también se sabe— en contra de lo que ocurría antes— cómo

ha- de conseguirse. En tercer lugar, los avances avícolas obedecen al perfeccionamiento de las normas

técnicas selectivas, rápidamente aplicadas por los avicultores españoles. En tres años las aves selectas

han pasado de tres a ocíio millones de ponedoras. En peco tiempo más, la totalidad del censo estará

constituida por aves de calidad.

ENSANCHAMIENTO DE MERCADOS

—Esto supondrá un notable aumento de la producción. ¿Está en condiciones de absorberlo la población

consumidora?

—Es algo que habrán de resolver, previamente, los avicultores, si no quieren que el aumento concluya en

saturación y la saturación en colapso mercantil. Desde mí punto de vista, para sortear el problema será

preciso, primero, apoyar parte del fomento avícola en la producción da carne, pues en este aspecto sí

podemos competir con los mercados extranjeros. Luego hay que hacer posible el aumento del consumo

interior abaratando les costes y, en consecuencia, los precies de venta de los huevos al público. Según

prestigiosos especialistas, a 30 pesetas la docena, España es capaz de consumir 3.300 millones ds huevos;

y si el precio bajara a 24 pesetas el consumo aumentaría en un 50 por 100. Es con estos precios y con

estos módulos con los que la avicultura debe contar al redactar sus proyectos pi-cductores. Finalmente,

está la solución representada per las exportaciones. En la actulidad, y sin ayuda oficial, son

antieconómicas. Pero las actividades avícolas deben pulir su técnica y reducir sus costes si aspiran a

eludir cuanto en los retrocesos hay de estancamiento.

—Una última pregunta: ¿qué pediria usted para que el fomento avícola no perdiera celeridad?

—De los organismos oficiales, que continúen esttamlatído el montaje dé fábricas de piensos; que

importen los que sean precisos; que faciliten—al menos hasta que la avicultura alcance costes e índices de

rentabilidad europeos—las exportaciones, y que rebajen los impuestos que gravan los productos avícolas

hasta un nivel .proporcionado con el de otros artículos de consumo. De los avicultores, que se mantengan

en la línea de progreso actual, sin perder de vista los inconvenientes que pueden surgir en su camino, sí no

consiguen abaratar los costes para crearse nuevos mercados.

 

< Volver