Cosas del vino y del alcohol industrial     
 
 ABC.    13/04/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

COSAS DEL VINO Y DEL ALCOHOL INDUSTRIAL

HA vuelto la serenidad al mercado vitícola después del nervosismo —muy justificado—producido por la

puesto en circulación de alcohol industrial hace varias semanas. Fue una sorpresa vara los poseedores de

caldos y de alcohol vínico, pues este no había alcanzado la cotización de 28,50 pesetas el litro que se

consideraba como condición indispensable para que el otro saliese a, la palestra mercantil a ejercer una

influencia moderadora. Mesábanse los cabellos los que, por no haberse alcanzado aquel tope, habían

seguido comprando alcohol vínico a 27,50 y hasta a 28. Y torcieron el gesto los bodegueros que todavía

conservan algunas partidas para vender, si bien estos últimos no levantaron mucho la vos porgue tenían y

tienen la convicción de que las existencias son mucho menores de las que había hace un año; y por muy

mal que viniesen las cosas no sería difícil darlas salida a precios razonables, aunque tuvieran que esperar

algo más de lo previsto.

El caso es que esta cuña de alcohol industrial penetró en carne viva. Los precios del vino retrocedieron de

una a dos pesetas por grado y hectolitro, más en el orden teórico que en el práctico, porque la posesión

decidió mantenerse firme y aparentar tranquilidad frente a los negociantes que esperaban buena pesca en

el río revuelto por el alcohol industrial. Estamos refiriéndonos, por supuesto, a la región manchega, que

suele ser la que marca la pauta a seguir en el ámbito vitícola nacional. Y una vez más el ambiente que

imperaba en la Mancha se hizo general en todo el país.

El negociante llegaba a esgrimir un argumento de peso.

—Y si los viñedos, con tan espléndido aspecto en la actualidad, llegasen a cuajar en promesa de gran

cosecha ¿eh? Entonces, para mayo tendréis que aflojar los tornillos...

—Y si abril tiene la mala ocurrencia de recortar las perspectivas con fríos intempestivos o con heladas

hallándose las viñas en plena brotación, ¿éh?—replicaban, con igual lógica, los vitívínicultores—.

Entonces, tendríamos que apretar los tornillos de nuestras pretensiones. Pero aunque esa calamidad no se

produzca, y líbrenos Dios de un contratiempo tal, tenemos en nuestras manos los triunfos necesarios para

no sentir demasiada inquietud en cuanto a la colocación de nuestras partidas. Por otra parte, la cosecha

cerealista na está mal presentada, y nadie ignora que con semejante panorama, desde la fuerza de las

labores de primavera hasta el final de los trabajos de recolección, el campo ´´trasiega" una cantidad

extraordinaria de "líquido estimulante y reparador".

—Bien, pero, ¿y si continúa saliendo alcohol industrial?

—Lo que usted quiere es que nos coja el toro ¿no? Pues mire usted. Alguien tendrá que darse cuenta de

que la "suelta" de ese alcohol-toro ha sido un error, una mala, partida que nos han jugada, y que no

esperamos que continúe. En el peor de los casos tenemos una garantía firme de precio tope de retroceso

de 23 pesetas grado y hectolitro, y no creemos que esto sea agua pasada. Nada se ha dicho en el sentido

de que esa garantía, aunque no se haya traducido en disposición oficial, no continúa vigente. Para

nosotros, una palabra es ley.

Este ha sido, poco más o menos, el tono del diálogo entre la posesión y el comercio durante las semanas

de suelta del alcohol industrial que, dicho sea de pasada, parece que no ha llegado a revestir, ni mucho

menos, caracteres de inundación. Y una vez consumido o acoplada las aguas mercantiles desbordadas

volvieron a su cauce, y a rehacerse los precios del vino que circunstandalmente se habían resentido. Han

pasado unas semanas de recuperación y vuelven a cotizarse los blancos manchegos, sobre 13 arados, entre

24 y 25 pesetas hectolitro, según zonas, mientras el tinto alcanza y rebasa algo las 27, iodo ello en un

ambiente de mucha firmeza, orientada al alza. En estas condiciones la oferta revela, cierta fluidez, aunque

no sea más que por eso de "más vale pájaro en mano..." Porque abril sigue presente en el calendario, y

mientras no se quede atrás, en la estela del tiempo, hay que temer que cualquier noche tensa de frío entre

a saco en los viñedos. Y también porque ¡todo hay que decirlo!, esas cotisaciones son perfectamente

compensadoras, habida cuenta del coste de elaboración. Por otra parte, no se deba dar ocasión a que la

avaricia rompa el saco.

En estos más claros días abrileños se trabaja mucho en las viñas después de la excesiva pausa impuesta

por las frecuentes y abundantes lluvias, muy beneficiosas para el desarrollo de aquéllas. El laboreo y el

empleo de abonos y estiércol alcanzan ahora la máxima intensidad.

 

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