Autor: Pablo Barbado, Eliseo de. 
   La mecanización de nuestra agricultura     
 
 ABC.    08/11/1963.  Páginas: 2. Párrafos: 9. 

PAGINAS AGRICOLAS

CULTIVOS - GANADERÍA - INDUSTRIAS DERIVADAS

LA MECANIZACION DE NUESTRA AGRICULTURA

AUMENTO DE 122.852 UNIDADES EN SIETE AÑOS

LA MAQUINA Y EL ÉXODO RURAL EN RELACIÓN CON El PROGRESO GENERAL DEL PAÍS

EN varias ocasiones nos hemos referido a la creciente mecanización de nuestra agricultura como

sustitutivo de la tracción de sangre, sobre todo en las zonas donde las unidades de superficie permiten

holgadamente la utilización de tractores, cosechadoras, etc. Pero es que los ingenios mecánicos siguen

penetrando también en áreas menores no comprendidas en la clasificación de "minifundismo atomizado",

penetración que corre fundamentalmente a cargo del monocultor, del que 2.596 nuevas unidades entraron

en funcionamiento el año pasado. Por otra parte, la concentración parcelaria y la formación de grupos

comunitarios vecinales para utilización conjunta de maquinan de laboreo, recolección y transporte, son

otros factores de impulso de esa conversión de los métodos de cultivo.

Es cierto que en gran número de casos la transformación viene impuesta por la creciente escasez de mano

de obra en el campo, pero podrían citarse otros muchos, que quizá estén en mayoría con relación a

aquéllos, en que la mecanización se ha instaurado por conveniencias naturales de las explotaciones; es

decir, aceleración de las labores en todos los períodos de la campaña, con lo que se obvian, los

Inconvenientes que a veces representan los fenómenos atmosféricos de carácter extraordinario capaces de

retrasar peligrosamente la culminación de un ciclo de trabajo; y también para reducir los costes de

producción y aumentar ésta como consecuencia de realizarse labores más profundas que permiten aflorar

canas vedadas al arado romano y al de vertedera. A todas estas ventajas hay que sumar el ahorro de

esfuerzo humano y de penalidades. Se podría decir que el éxodo rural tiene su origen en las regiones que

abrieron la era de la. mecanización a ultranza, ¡Y bienvenida sea la mecanización!

Explotaciones que necesitaban .».„..---- de yuntas, cuya conservación y utilización requerían el empleo de

decenas de hombres como trabajadores fijos o eventuales, apenas tienen ahora unas cuantas bestias para

faenas complementarias y auxiliares. Afortunadamente, la industrialización, las obras públicas en general

y otros sismos de progreso nacional, absorbieron enormes excedentes de campesino, al mismo tiempo que

otra parte pasaba a disfrutar de mejores y menos aleatorios jornales que antes, merced a tos planes de

transformación de la tierra y a la creación o ampliación de cultivos de tanta importancia como el algodón,

la remolacha y el tabaco, que en las regiones o comarcas correspondientes llenan fases de trabajo que

hasta los años cincuenta eran de desempleo casi absoluto. El mismo fenómeno se ba registrado en casi

todas las restantes regiones a medida que la maquina iba abriéndose paso, incluso en forma de alquiler.

—Yo alquilo mis dos tractores, uno de oruga y otro de ruedas, una vez terminada la labor en mi casa—

nos decia recientemente un labrador jiennense—. Por cada hora de trabajo del primero percibo 2OO

pesetas; y 175 si se trata del segundo, o sea, lo mismo que cuesta una yunta, por toda una jornada. Pero en

una hora cada tractor hace igual o mayor labor que la yunta en un día completo.

Ese desempleo impuesto por el imperio de los ingenios mecánicos continúa extendiéndose en España por

el sistema de "la mancha de aceite", como se extendió por los Estados Unidos de América y por gran

número de países europeos hasta quedar reducidos en porcentajes muy altos los censos de trabajadores

campesinos. Naturalmente que los efectos de esa emigración desde el campo los padecen de una manera,

especial las zonas donde impera el minifundismo, pues en ellas no resulta posible aplicar los modernos

procedimientos de cultivo con la celeridad que requiere el trasplante voluntarlo de población.

¿Puede considerarse como "calamidad nacional" ese trasiego de habitantes? Desde el punto de vista de la

producción, nos parece que no, pues está demostrado que todos los países cuya agricultura se halla

mecanizada adecuadamente consiguen mayores cosechas que las que obtenían cuando el esfuerzo

humano y la tracción de sangre eran los elemento» esenciales de aquélla. El problema consistía en

aposentar a las masas humanas excedentes y, al mismo tiempo, fortalecer la economía agraria mediante

una política de apoyo y de fijación del auténtico cultivador a la tierra que trabaja, en un ambiente de

plena, dignidad, lo que no podía continuar, y esto lo considerábamos como una auténtica "calamidad

social", era aquel estado de cosas en que por lo general malvivía el labrador, y con angustiosa estrechez la

población marginal tenía que mendigar periódicamente un jornal que no siempre encontraba, o improvisar

una, especie de "bolsa del trabajo" en plena vía pública en espera de que para una labor accidental fuese

requerido alguno de los oferentes. Gracias a Dios termina en España esa situación propia de países

subdesarrollados, en los que los ciudadanos que carecen de bienes raíces o de otra naturaleza tenían que

vivir de manera incierta, y hasta angustiosamente, porque no había otros horizontes.

Tenemos que hacernos a la idea de que la población, en todos sus sectores, desbordaba la capacidad de

empleo, y así nació, en la primera oportunidad que se presentó, la supuesta—a veces segura—atracción

de la ciudad, del complejo industrial, del coto minero, del ramo de la construcción, etc., etc. Se trata,

simple y llanamente, de "ir a trabajo fijo", y no de esperar a que el trabajo temporal venga a sacar a la

gente del lastimoso letargo habitual, o estacional, de desempleo.

La máquina, repetimos, fea empujado y sigue empujando a las masas rurales sobrantes hacia otros

rumbos. Afortunadamente, la prosperidad española los marca en todas o en muchas direcciones. Pero al

mismo tiempo hay que cuidar de que las actividades productoras del campa —ese campo tan entrañable y

siempre en nuestro pensamiento—, que no han perdido ni pueden perder su categoría y su dignificado de

base principal de apoyo y sustentación de la economía general de la nación, estén asiduamente, asistidas

por una política ponderada y en línea de perfecta continuidad. Esto viene haciéndose,, aunque se aprecien

lagunas, que son inevitables cuando se trata nada menos que de reformar a fondo, y de acuerdo con las

exigencias de la época y las crecientes necesidades del país, toda la estructura de nuestro relieve, desde

los métodos de cultivo hasta la evaluación razonable de los productos, pasando por toda la gama de las

explotaciones ganaderas y forestales.

Del avance de la mecanización agrícola española tenemos un nuevo testimonio en los datos que sobre el

censo de maquinaria en 1963 acaba de publicar la Dirección General de Agricultura, datos que nos

ofrecen ia situación en 31 de diciembre del año pasado y que detallamos en el cuadro correspondiente.

Hay que hacer constar que no se menciona la maquinaria cuya inscripción no es obligatoria, o sea las

motosegadoras y las motoguadañadoras.

Elíseo DE PABLO

 

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