Autor: Pablo Barbado, Eliseo de. 
   La agricultura, base esencial del desarrollo de los pueblos     
 
 ABC.    22/11/1963.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

AGRÍCOLAS

LA AGRICULTURA, BASE ESENCIAL DEL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS

Enmarcada por una grandiosa exposición de productos agrícolas y de la aumentación, urbanizada por el

Departamento de Agricultura de los Estados Unidos se ha celebrado en Amsterdam, durante los dias 11 al

15 de este mes, un interesanye symposium en el que ha habido un amplio intercambio de puntos de vista

sobre el comercio ínternacional, y especialmente en relación con la influencia de la agricultura en el

comercio euro-americano. Allí estuvimos presentes, correspondiendo a una amable invitación de Mr

Doogan, jefe del departamento de Agricultura de la Embajada norteamericana en Madrid.

Se ha subrayado, por parte norteamericana, la existencia de un enorme potencial en ambos lados del

Atlántico, capaz de promover grandes intercambios. Esto cerca problemas que habrá que afrontar

cuidadosamente, con el propósito de resolverlos de una manera beneficiosa para todos. La desunión y la

competencia comercial entre Europa y América sólo puede anudar a la causa del bloque comunista que no

ha abandonado todavía su determinación de imponer sus métodos al mundo entero. Podría decirse que los

norteamerícanos desean una más liberal comprensión europea con relación a sus excedentes agrícolas,

mientras que los europeos por su parte, parecen otorgar sus preferencias a una política comercial y

agrícola de tipo proteccionista, politica que por otro lado, está causando fricciones en la actual tendencia

integracionista de Europa.

A lo largo de las intervenciones de representantes de Gobiernos, y de expertos en los ámbitos de la

agricultura, la indústria, el trabajo, la educación, la ciencia y la economía, se ha puesto una vez más de

manifiesto el papel principalisimo que se asigna u la agricultura en el desarrollo de los pueblos y en las

relaciones internacionales.

Una figura tan relevante como el doctor S. L. Mansholt, vicepresidente del Mercado Común Europeo,

ponía de relieve con evidente franqueza: "No existe ninguna fórmula feliz para resolver los problemas

mundiales que se plantean a la agricultura." No obstante—añadió- para las próximas negociaciones a

escala mundial podría servir de ejemplo el acuerdo a que ha llegado el Mercado Común; medidas de

protección para un sostenimiento prudencial de los productos agricolas, lo que significaria una limitación

para los países en sus políticas nacionales; supresión de toda clase de preferencias de mercados, y

establecimiento de acuerdos internacionales que instauren el equilibrio entre la oferta y la demanda. ¿Será

ésta la fórmula de conciliación? Mr. Freeman, secretario de Agricultura norteamericano, se mostró cauto

al contestar a una pregunta que le fue formulada en ese sentido durante la conferencia de Prensa con que

se cerró el coloquio: "El plan—vino a decir—será estudiado en Washington.´´ Y rehuyó una contestación

mas concreta en evitación de que pudiera suponerse que era la opinión de su Gobierno.

En cambio, Mr. Freeman fue mas explícito al exponer el punto du vísta de su país, que se concreta en

"construir un puente Atlántico de ideas con el fin de facilitar una inteligencia. Hemos de afrontar con

valor la solución de los problemas que se nos plantean. Lo que hace cada noción, separadamente, afecta a

la estructura de todos los países. Y en este punto formuló la que consideramos como la más importante

declaración del "symposium". por lo que tiene de realismo y de orientación para el presente y para el

futuro de las relaciones del mundo libre: "Ha pasado la época en que las naciones soberanas podían seguir

cada una su camino sin sentirse afectadas por las empresas de las otras naciones." Y luego, esta verdad

cegadora: "Seria un absurdo, por no decir grotesco, que los historiadores se refiriesen a este período de la

segunda mitad del siglo XX como una etapa en la que teniéndolo todo: ciencia, tecnología, relaciones

amistosas y pacificas a la vez, habíamos fallado en la tarea de descubrír las vías que nos hubieran

permitido marchar de pleno acuerdo con el progreso.´´

Esto, fuera de toda duda, por supuesto, al deseo americano de crear una base de buena voluntad y

entendimiento mutuo para fomentar un comercio más libre que en el caso de las producciones agrícolas se

orientaría "a convencer a los europeos de que es preferible importar determinados productos que invertir

capitales en la creación de nuevas plantaciones en Europa, inversiones que podrían resultar más

beneficiosas si se hicieran en cultivos susceptibles de ser exportados a America". Pero el viejo continente

dificilmente podría prescindir de sus logros en el ámbito de la agricultura que la garantizan, contra todo

evento ulterior, una autosuficiencia permanente; ni del desarrollo natural y lógico de sus explotaciones.

Es quiza por estas consideraciones por lo que imperaba, entre las representaciones europeas el criterio de

que los excedentes agricólas deben orientarse hacia los países subdesarrollados, paralelamente con una

política del mundo occidental de apoyo a esas mismas naciones para ayudarlas a perfeccionar sus

sistemas de producción, de cultivo y trabajo.

Amsterdam, noviembre.

Eliseo DE PABLO

 

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