Autor: AGRESTE. 
   La apicultura en España     
 
 ABC.    28/02/1964.  Páginas: 2. Párrafos: 8. 

PAGINAS AGRÍCOLAS

CULTIVOS • GANADERIA • INDUSTRIAS DERIVADAS

LA APICULTURA EN ESPAÑA

AUMENTO DEL CONSUMO INTERIOR Y DE LAS EXPORTACIONES DE MIEL

EL POLEN, NUEVO ELEMENTO EN LA NUTRICIÓN HUMANA

Diversas circunstancias, todas ellas favorables a la práctica y el desarrollo de la apicultura, nos mueven a

actualizar el tema de la afición a las abejas, en las que, aparte su deleitosa producción, encontramos un

elemento indispensable para una mejor polinización de las flores.

Entre esas circunstancias merecen ser puestas de relieve las siguientes:

l. Disminución en alto grado de las enfermedades que durante los últimos años diezmaron nuestras

colmenas.

2. La publicación, por el Ministerio de Obras Públicas, de disposiciones que facilitan la trashumancia de

colmenas.

3. Incremento del numero de colmenas movilistas.

4. Creciente utilización de la miel en nuestra industria turronera.

5. Obtención de un envase nacional práctico qué está al alcance de todos los apicultores.

6. La miel ha pasado a figurar en el Código Alimentario, en cuya elaboración se trabaja actualmente.

7. Aumento del consumo interior y de las exportaciones.

8. Incorporación del polen a la alimentación humana.

* * *

En un trabajo monográfico publicado en esta misma sección el 25 de noviembre de 1960 acerca de la

evolución de la apicultura española desde los tiempos prehistóricos hasta nuestros días, decíamos que

estaba en curso la expansión de esa actividad, pero que era preciso acelerar su ritmo para llegar a

duplicar, por lo menos, el número de colmenas con que a la sazón contábamos: 1.300.000

aproximadamente. Contamos para ello—añadíamos—con factores especialmente favorables: clima y

flora. Tan variada es esta última dada la infinita gama de especies vegetales aromáticas, que España está

considerada en ese aspecto como "la India de Europa". Ese es el "secreto" de las singulares cualidades de

nuestras mieles. tan distintas de las que se obtienen en otras latitudes donde predominan el brezo y el

trébol como base de pecorea de los laboriosos insectos.

Propugnábamos entonces una rigurosa tipificación de la miel; el perfeccionamiento de la organización

comercial; amplia divulgación de las prácticas apícolas; medidas protectoras o estimuladoras de tan bella

industria, y coordinación de todos los esfuerzos y de todos los sectores implicados en ella.

Es evidente que se ha avanzado en ese sentido, pero no lo es menos que queda mucho camino por recorrer

hasta alcanzar mas altos objetivos, que están dentro de nuestras inagotables posibilidades de orden natural

y técnico.

El primer elemento importante es el económico. En este sentido vemos Que el precio de la miel para

exportación ha pasado desde 6 pesetas el kilo en 1953, a 27 en. 1964. Después de la crisis producida al

empezar los años, cincuenta por ciertas actividades fraudulentas, ya sancionadas por los Tribunales de

Justicia, surgió la acción reguladora de algunas organizaciones cooperativistas—muy destocadamente la

de Castellón de la Plana—, que restableció la normalidad en el ámbito apícola. Con este movimiento

reordenador coincidieron malas cosed vas de miel en el resto de Europa, lo que abrió más ancha vía a la

penetración de la de España en otros países y, por consiguiente, a un mejor conocimiento de sus

especiales cualidades, puestas a veces en entredicho por exportaciones realizadas al margen de la ética

comercial. En la corrección de ese exceso se ha trabajado con éxito, al mismo tiempo que se efectuaba

una eficaz labor de prospección, y apertura de nuevos mercados. Paralelamente se ha registrado un

aumento del consumo interior, bajo todavía, pero que ha pasado desde 180 grataos por persona y año, en

1953, a 215, en 1963.

Hace varios años, y tras detenidos estudios, el polen fue incorporado a la alimentación humana, al parecer

con resultados alentadores. Previamente se habían hecho ensayos sobre varias especies de granado,

incluso en la aviar. De aquí surgió una nueva faceta apícola. Francia se situó en el primer plano entre los

países compradores del polvillo polínico, que muchos de nuestros apicultores se apresuraron a recolectar

valiéndose de trampas "caza-polen" que paulatinamente han sido perfeccionadas hasta llegar a constituir

un accesorio más de los colmenares explotados racionalmente. 1959 fue un año clave para esa novísima

producción Que se vio estimulada con la firma de contratos de compra, por parte de una empresa

francesa, de toda la cosecha, que se "pagaría" a 100 pesetas el kilo. En algunos casos esto suponía que los

ingresos por la venta del polen serian mayores que loa conseguidos con la miel. ´Hemos dicho que se

"pagaría", porque la entidad gala antes aludida no cumplió sus obligaciones contractuales. Ante tamaña

decepción, cundió el desaliento entre los recolectores de polen, hasta quedar reducida esta producción a

unos 12.000 kilogramos por campaña.

Sorprende gratamente el impulso transformador de las instalaciones para el tratamiento de la miel que se

registra en Hispana desde hace varios años, instalaciones que, según informes de círculos competentes, se

hallan al nivel técnico de las más modernas que existen hoy en Europa, Virtualmente esas mejoras

comenzaron en el seno de un grupo de cooperativistas levantinos con la construcción de depósitos o

balsas de almacenamiento de la miel, para poder venderla en común. Con esto último se evitaban las

ventas aisladas que "anarquizaban" el mercado interior y dificultaban la comercialización en el exterior, y

se ha hecho posible el predominio de un precio homogéneo para toda la producción, en particular para la

procedente de azahar y romero, que es la que se obtiene en mayor cantidad en Levante por el sistema de

trashumancia de las colmenas.

Debe esperarse la multiplicación de esa clase de instalaciones para la homogeneización y tipificación de

la miel, en cuyo comercio tiene abiertos muy amplios horizontes la apicultura española, cuyas ventas al

extranjero han pasado desde 3.000 toneladas en 1953, a 8.000 en 1963. La mejoría de precios, a que nos

referíamos al principio, y la aparición del crédito bancario para esa clase de inversiones—crédito poco

menos que desconocido hasta hace poco tiempo en aquel ámbito—refuerzan las esperanzas en un

vigoroso resurgimiento de nuestra riqueza apícola.

AGRESTE

 

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