Autor: Gómez Escorial, Angel. 
   Don Carlos Arias     
 
 Pueblo.     Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DON CARLOS ARIAS

Las horas pasan rápidas y los aconteceres políticos también. La política —nuestra política— está llena de

olvidadizos o de cambiantes de intención. Y entonces, el llamado «arte de lo posible» se pone de manos y

nos da pena. En estos días se ha cuestionado la permanencia de don Carlos Arias Navarro al frente del

Gabinete. Ha cambiado el hombre que ostenta la cúspide del Poder y en su lícito ejercicio pudo desear

incorporar nuevos personajes y mantener a los que le parezcan útiles. Sinceramente, creo que el tema de

la permanencia o marcha del señor Arias Navarro tiene una gran importancia «administrativa», pero en

modo alguno afecta a sus propios valores personales, a su capacidad de entrega al servicio del país. Don

Carlos Arias está ya en la historia política y, aunque ya es sabido que continuará completando líneas de

esa página escrita con fidelidad e inteligencia, lo que ha hecho hasta ahora queda fuera de cualquier

discusión.

Don Carlos inició un difícil camino de liberalización del país, que fue frenado por los que, precisamente,

ahora le apoyan y pretenden instrumentarle como un salvavidas. Hace unas pocas jornadas, el día que don

Torcuato Fernández Miranda tomaba posesión en el palacio de las Cortes, un político de uñas y dientes,

que se caracterizó como parte principal de un equipo dedicado a evitar que el espíritu del 12 de febrero

cumpliera sus objetivos, abrazó al presidente Arias, y de manera insistente y en voz baja le convencía de

algo que estaba claro desde mucho antes: que el país le quiere. Lo mejor de todo —¡bendito sea el oficio

de observador!— era contemplar el rostro de don Carlos tras esos «ataques» favorables. Sus ojos daban la

respuesta, fácil de imaginar y que no es necesario escribir.

Y uno, sin afanes de nostalgias doradas y azules, miraría ahora hacia el mes de agosto, cuando los

«supremos» y constantes censores de la política española decidieron actuar, ante la idea de que «lo de

Arias había llegado demasiado lejos». Y ese movimiento contrario, concienzudo y bien orquestado fue

descubierto y neutralizado. La Prensa, con pocas y conocidas excepciones, jugó un papel importante en

ese apoyo. Recuerdo —y creo que no hace falta reproducir párrafos— un gran artículo de mi compañero

Alcocer, publicado —oportunísimamente— en el momento más crítico de esa campaña de caras con

caretas.

Ahora, ante la posibilidad de que la política inicie unas dinámicas lógicas, los de siempre se aferran al

nombre del señor Arias. No lo hacen —pienso yo— por simpatía o por solidaridad con el ejercicio noble

de un político singular. Buscan en él la posibilidad de mantenimiento y pretenden un pacto imposible.

Don Carlos está por encima de todo eso. Don Carlos Arias Navarro sabe mejor que nadie que el país

necesita evolución. Don Carlos, a mi juicio, nunca será cómplice del conservadurismo esterilizante.

Ángel GÓMEZ ESCORIAL

 

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