El desarrollo económico, la agricultura y el hambre     
 
 ABC.    21/02/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

AGRÍCOLAS

EL DESARROLLO ECONÓMICO, LA AGRICULTURA Y EL HAMBRE

Somos de momento en la tierra unos 3.000 millones de habitantes, de los cuales dos tercios están

deficientemente aumentados y un tercio pasa hambre. Antes del año 2000 "seremos" 6.000 millones. Este

es el gran problema del mundo actual.

De la posibilidad de llegar a un equilibrio entre la expansión demográfica, casi explosiva, y la producción

de alimentos, depende el futuro del hombre.

La agricutura es y seguirá siendo la que ha de proporcionar lo necesario hoy y mañana para liberar al

hombre del hambre, cosa que no se conseguirá sin un esfuerzo de fomento y ayuda extraordinaria a la

misma, de manera que los máximos adelantos del progreso técnico lleguen a todos los rincones del

mundo; aún asi hay pesimistas (neomaltusianos) que lo dudan.

Al mismo tiempo existe la gran paradoja de la preocupación por la colocación o liquidación de

excedentes agrícolas de muchos países.

No basta producir lo necesario para todos. Es indispensable que los que lo precisan lo puedan comprar, y

éste es un problema de desarrollo económico, o sea, de poder adquisitivo (renta por cabeza).

Por eso el esfuerzo máximo de toda la ayuda internacional, multilateral o bilateral, tanto técnica como

económica, se va orientando hacia los proyectos que más contribuyen al desarrollo económico de los

países menos dotados.

La casi totalidad de los países menos desarrollados son agrícolas y productores de primeras materias,

que son la base de sus exportaciones y, en el comercio internacional, desde hace años, se deteriora la

relación de intercambio entre los precios de los productos primarios agrícolas y los de los elaborados o

manufacturados.

Esto trae como consecuencia que la ayuda generosa (aunque insuficiente) prestada a los países en

desarrollo, es absorbida con creces, por la desfavorable evolución de los precios del intercambio

internacional, o sea, que les sacan, más de lo que les dan, los países desarrollados.

El resultado es que esto frena o paraliza su desarrrollo, aumentando la diferencia de nivel de vida que

separa a unos pueblos de otros, en perjuicio, a la larga, de todos.

Entre más de 2 000 dólares de renta por cabeza en unos países y apenas 80 en los menos desarrollados,

hay un abismo, que hay que intentar rellenar poco a poco, porque, si se ahonda, pronto el mundo se

dividirá en dos grupos: "los que no comen, y los que no duermen, de miedo a los que no comen".

(Profesor Josué de Castro.)

La primavera nos traerá la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y ei Desarrollo.

Tiene mucho que hacer esta Conferencia, pero el tema fundamental que flota en casi todos los puntos del

programa de la misma es el de buscar soluciones para que se invierta la a los precios de los productos

agrícolas y primarios frente a los de los productos manufacturados, con objeto de encontrar un equilibrio

justo, que haga posible el desarrollo de los países menos dotados.

Pero no basta que la Conferencia llegue a conclusiones y recomendaciones concretas, si es que llega. Es

necesario que los Gobiernos responsables, uno a uno y todos a una, estén dispuestos a ponerlas

efectivamente en práctica. Esto requiere una importante decisión política, casi unánime, y si no se

produce, por muchas facultades que se den a los organismos internacionales ya existentes, o por muchos

nuevos que se creen, difícilmente se alcanzará objetivo práctico alguno.

La mayor parte de los países poco desarrollados necesitan alcanzar un grado mínimo indispensable de

industrialización, que sólo puede conseguirse a un ritmo adecuado y en armonía con el posible desarrollo

general. Pero éste no se conseguirá nunca si se basa, principalmente, en el sacri ficio y abandono

progresivo de la agricultura, que es base del desarrollo mismo en casi todos ellos, y única esperanza de

que el mundo se libere algún día del hambre, a menos que los hombres del futuro lleguen a acostumbrarse

a comer cosas extrañas, no agrícolas, como sopa de transistores coa fideos de nilón, o filetes de plástico,

fritos con gas-oil.

 

< Volver