Autor: Pablo Barbado, Eliseo de. 
   ¿Faborable mutación del tiempo y del campo?  :   
 Días decisivos para la cosecha cerealista. 
 ABC.    22/05/1964.  Páginas: 2. Párrafos: 9. 

PAGINAS AGRICOLAS

CULTIVOS - GANADERÍA - INDUSTRIAS DERIVADAS

¿FAVORABLE MUTACIÓN DEL TIEMPO Y DEL CAMPO?

DÍAS DECISIVOS PARA LA COSECHA CEREALISTA

Esta panorámica obtenida el miércoles pasado en un paraje del término madrileño de Aljarvir, engañaría

al observador que no avanzara entre los que parecen tupidos cultivos. La realidad es otra: espiga corta de

cebada en plena granazón; y corta también, y empezando a granar, en el trigo, alto o achaparrado, según

parajes. Se nos muestra el cereal rey con tonalidad verde-claro que proclama la necesidad de riego

atmosférico. Dos semanas antes había promesa de buena cosecha. Cuando hace solamente tres días

contemplábamos, acongojados, aquellas perspectivas, el viento del Sahara, seco y abrasador, había

volatilizado un alto porcentaje de la producción prevista. Y como en esos campos de Madrid, en gran

parte del territorio peninsular.

Ése mismo era entonces el panorama general, mientras en Navarra, en Castilla la Vieja y en otras

reglones, se impetraba, en rogativas, el beneficio de la lluvia.

Si ésta llegaba perentoriamente, aún podía salvarse mucho de lo que estaba en grave peligro de perderse,

en particular el trigo, que se resistía a rendirse a las vaharadas agostadoras.

Regresábamos a Madrid impresionados por el estado del campo, aunque aquí y allá resaltaban los

preciosos majuelos de intenso verdor, que mostraban sus racimos entre los airosos penachos de hojas. V

los también sanos garbanzales, para los que el agua "sólo es necesaria al nacer y al cocer".

Era la hora del mediodía...

Algunos cúmulos de nubes densas se alzaban sobre las cumbres del Guadarrama. Seguíamos al minuto la

evolución de aquéllos, cuyas dimensiones crecían visiblemente. Hacía poco más de una hora que

habíamos expresado al alcalde de Da-ganzo nuestro anhelo de inmediatas precipitaciones líquidas. "¡Dios

les oiga y nos ayude!", contestó con voz velada por la emoción.

Acabábamos de recorrer, en su compañía, las zonas que recientemente fueron tratadas con herbicidas

selectivos para matar las malas hierbas. El éxito ha coronado el esfuerzo. La vegetación dañina yace,

reseca, sobre la tierra tersa y áspera por la sequía. "¡Ah, si hubiese llovido al terminar los tratamientos!"

Las dos de la tarde. Los núcleos de vapor, fundidos ya en una masa inmensa, habían remontado

ampliamente la cordillera central en toda su longitud. Y llegó hasta nosotros la luz lívida de un

relámpago, al que siguió el fragor del primer trueno que rodaba entre las infractuosidades de la cercana

sierra. ¡La tormenta!

Peco a poco fue cerrándose el firmamento, y sucediéndose los fenómenos de las descargas eléctricas para

abrir paso al parto de las nubes, esperado con ansiedad, entre oraciones.

A las cuatro de la tarde caían las primeras gotas que se transformaron pronta en breves lloviznas o en

fugaces aguaceros. ¿Ha sido ese un momento de mutación meteorológica y de transición de un estado de

desesperanza en el campo, a la gloria de la resurrección de la campiña? No podemos esperar a ver cómo

se resuelve esa conmoción atmosférica. Y, también esperanzados nosotros, en íntimo sentir con la gran

colectividad agraria, aplazamos la exposición de nuestras reflexiones previas a ese cambio del tiempo,

reflexiones que flotaban en un mar de pesimismo.

Quiera el Cielo que queden definitivamente silenciadas y sustituidas por más lisonjeras consideraciones.

Ha empezado a llover...

Elíseo DE PABLO

 

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