Un prodigio de geografía humana.... 
 Aspecto social del cultivo naranjero  :   
 Ya no se aprecian vestigios de las dos calamidades más recientes. 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 6. 

UN PRODIGIO DE "GEOGRAFIA HUMANA"...

ASPECTO SOCIAL DEL CULTIVO NARANJERO

YA NO SE APRECIAN VESTIGIOS DE LAS DOS CALAMIDADES MAS RECIENTES

El cultivo naranjero tiene una importancia decisiva en el aspecto social. Veamos lo que representa,

comparado con los restantes, en cuanto a jornadas de trabajo por hectárea:

Jornadas

por Indices

Hactarea

REGADÍO

Naranjo ... ... ... 235,— 100

Huerta en zona

baja............ 219,80 93,5

Huerta en. zona

alta......... .;. 124.35 52,,90

Arroz......... ... 95,75 40,70

SECANO

Vina de zona alta. 38.— 16.l

Olivo.......... ... 34,50 14,1

Viña en zona baja. 29.— 12,3

Cereales...... ... 23,70 10,1

Algarrobos......... 19.-- 8,1

Almendro......... 16,75 7,1

(Datos referidos a mano de obra de los varones, pues no hay datos concretos sobre número de mujeres

empleadas en el cultivo, recolección y manipulación de los productos derivados de esos cultivos. Con

respecto a la naranja puede cifrarse en 60 la cifra del personal femenino empleado a1 año, por cada

naranjal de superficie media, en tareas de manipulación y embalaje del fruto.)

El mejor escajonamiento en las plantaciones de variedades tempranas y tardías, observado en los últimos

años, con tendencia a perfeccionarse como antes indicábamos, tiene una evidente repercusión favorable

en el ámbito social con un mejor aprovechamiento de la mano de obra.

Podría decirse que el cutivo naranjero ha puesto fin al paro estacional en la provincia de Valencia. Incluso

absorbe gran cantidad de mano de obra procedente de otras (provincias; y como quiera que el final de la

compaña coincide con el comienzo de la del arroz y de las de frutas varias y hortalizas, se produce la

dichosa circunstancia de enlace o continuidad del trabajo a lo largo de todo el año.

Tal es la situación actual del area naranjera valenciana, en la que el profano no puede advertir ya vestigio

alguno de dos de las calamidades más recientes: la que represento la Guerra de Liberación. durante la cual

el arbolado quedó en gran parte destrozado o reducida su capacidad de producción, por carencia de

abones, por talas anárquicas y, por la asociación de otros cultivos con objeto de obtener productos

alimenticios indispensables para los cultivadores en aquella época de desdichas en que quedó

semiparalizada la exportación de agrios. Fue la época más calamitosa para la maravillosa huerta

valenciana, en la que por primera vez quedó extinguido todo estímulo para el trabajo, circunstancia que

desembocó en dejar sin cultivar gran número de hanegadas. Sólo son comparables a aquellos efectos los

producidos por las heladas de 1956, sin precedente en la histeria de nuestra citricultura, pero de los cuáles

la camipiña se repuso con mayor rapidez que de los estragos originados por el imperio de la anarquía

político-social.

LA LUCHA TENAZ PARA ARREBATAR AL SECANO LA SUPREMACÍA EN LA GEOGRAFÍA

VALENCIANA

Hemos de subrayar que aproximadamenta un 60 par 100 de la superficie naranjera se riega con agua

elevada, es decir, extraída de pozos de profundidad normal no inferior a 30 metros, sin que sean raras las

perforaciones realizadas a más de 100 metros, lo qua representa otra interesante faceta de la dedicación

del labrador valenciano a la tierra. Este ha transformado en regadíos suelos da intima calidad, con la

piedra aflorando a la superficie. Quebrantada la piedra por medio de la dinamita, cubren el terreno con

urna capa de tierra vegetal da 70 a 80 centímetros de espesor, de donde resulta que en algunos casos el

gasto en preparar las parcelas para plantar los árboles oscila entre 25.000 y 30.000 pesetas por hanegada,

e incluso podrían citarse otros donde el coste de ese trabajo se ha elevado a 50.000 pesetas. Como es

sabido, la hanegada equivale a la doceava parte de la hectárea. Así es de tenaz, de sorprendente, la lucha

por arrebatar al secano su supremiacía en la geografía valenciana. Claro es que si tenemos en cuenta que

la producción media anual de naranjas por hectárea es de 14.400 kilogramos, se comprenderá la razón

fundamental que estimula la industria y el arte singular de cultivar, que caracteriza a esa colectividad

ejemplar. No es extraño que Valencia mire con arrobamiento a sus naranjales, que figuran en el cuadro de

la economía agrícola provincial con aproximadamente el 45 por 100 del valor total de sus producciones.

 

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