Autor: Pablo Barbado, Eliseo de. 
   Sol en la campiña     
 
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PAGINAS AGRICOLAS

CULTIVOS - GANADERIA - INDUSTRIAS DERIVADAS

SOL EN LA CAMPIÑA

DECÍAMOS hace cuatro semanas: "Han vuelto los días friós y diáfanamente soleados, El tiempo que

anhela el agro." Y como por lo menos tenemos una vieja experiencia de las veleidades climatológicas,

preguntábamos como quien no cree en lo que está viendo: "¿Cuánto durará esta esperanzadora estabilidad

atmosférica?" Y no había salido todavía a la calle el periódico cuando ya, las nubes estaban otra vez

jarreando agua a todo lo largo y ancho de nuestro territorio. Las consecuencias son ya conocidas:

repetición de los desbordamientos—aunque en esta ocasión menos aterradores que los del período de

transición de 1960 a 1061—en la Baja Andalucía y en la cuenca del Duero, donde también hubo sus

pequeños y matones Tamargulllos, Y tras esa borrasca, que por fortuna resultó breve, aquí está otra vez el

sol en la campiña, dicen que ahora en fase de mayor estabilidad, haciendo la luz sobre panoramas de

desolación y también sobre perspectivas que alegran los espíritus, porque de todo hay en la viña

del Señor. No tnos atrevemos a formular pronósticos de orden geaeral acerca de lo que en definitiva

pudiera llegar a ser el año agrícola, considerado desde este mirador de febrero que pone ante nuestra vista

los más rudos contrastes.

Días, semanas y meses están por venir, Dios mediante, y en su curso bailaremos revelaciones concretas

para poder precisar el alcance real del daño sufrido—que no puede determinarse nunca en el acto mismo

de ocurrir el suceso—y el cúmulo de esperanzas que, matizadas de un verdor del que ha de responder más

adelante el sistema radicular de las plantas, se mantienen sin mustiarse en dilatadísimas extensiones.

Entre tanto, otra vez hemos sentido la llamada del sol que nos ha permitido reflejar la exuberancia de ese

sembrado como réplica a las desoladas y ya conocidas estampas de vegas arrasadas, y la Imagen del

tractorista, fiel representación de los infatigables hombres del agro que, echándose a la espalda penas y

quebrantos, salen a cuerpo limpio a la palestra del trabajo, abatidos a veces pero jamás vencidos por las

ciegas, poderosas e incontrolables fuerzas de la Naturaleza, madre amantísima unas veces, y otras

madrastra sin misericordia.

Elíseo DE PABLO

 

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