Los sarmientos de la vid     
 
 ABC.    23/02/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LOS SARMIENTOS DE LA VID

En la Mancha están depreciados los del año pasado y ahora empieza la poda

TODO INDUCE A PENSAR EN SERIO EN SU UTILIZACIÓN PARA PIENSO DEL GANADO

SE ha escrito bastante acerca de las propiedades de los sarmientos de la vid como alimento para el

ganado. Han sido difundidas fórmulas para su tratamiento y conservación con ese fin, pero según parece

se ha avanzado muy poco en tal sentido, como se deduce del informe que desde Alcázar de San Juan nos

envía el activo Periodista don Emilio Panlagua, de Quien habíamos solicitado unas impresiones al

respecto. Consecuencia: que una región de tan grandes extensiones de viñedos como lo es la Mancha,

tiene planteada una cuestión de sobrantes de vastagos de la vid (que agavillados y formando hacinas

permanecen en el campo desde la poda de 1961) porque su utilización como materia combustible se ha

reducido mucho. De los hogares han sido desplazados por el petróleo y el butano, cuando no por la

electricidad, y son muchas las panaderías que también utilizan ya la corriente eléctrica para la preparación

de las hornadas. Hasta hace unos diez años, los sarmientos constituían un renglón complementario de

ingresos, pues se pagaba la gavilla a razón de 1,50 pesetas. Posteriormente este precio se redujo en un 33

por 100, y en estos momentos, cuando está en marcha la fase de poda de los viñedos, los primeros

podadores que han ofrecido gavillas se encuentran con que no hay quién las acepte a más de 0,15 pesetas

el kilo, y para ello han de estar necesariamente secas, lo que supone una previa y adecuada conservación

que debe durar cuatro o cinco meses. Si tenemos en cuenta que para agavillar se empleaba el esparto y

que últimamente la fibra empleada en cada gavilla representaba un gasto de 0,35 pesetas —cada gavilla

seca pesa de cuatro a cinco kilos—, se comprenderá la realidad del pequeño problema planteado por la

falta de compradores y la subsiguiente depreciación. Como primera providencia, el esparto paga los

vidrios rotos, y se prescinde de él. Podríamos mencionar, entre otras, la zona de Marañen y Cinco Casas,

donde se ven hacinas de la campaña anterior, en su mayor parte propiedad de labradores de Tomelloso,

que no han conseguido venderlas ni es probable que puedan venderlas porque entre el coste de recogida y

los gastos de transporte se supera el valor que tienen en el mercado. Pero es el caso que no pueden

permanecer en el terreno, que va a recibir inmediatamente la primera vuelta de arado, pues por lo general

no hay en los viñedos espacio libre para conservarlas indefinidamente.

He ahí un curioso, aunque pequeño, conflicto, planteado por la transformación de usos y costumbres

impulsada por el progreso que va llegando a todas partes. Los hornillos eléctricos, de petróleo o de

butano, las cocinas eléctricas y la electrificación de las panaderías—estas últimas consumían ingentes

cantidades de sarmientos, en las zonas de escasa densidad forestal—dejan trasnochada la utilización

tradicional de los vastagos de la vid. Vamos a ver si la nueva tendencia, que lógicamente debe acentuarse,

y generalizarse, induce a pensar en serio en alimentar con ellos al ganado. Y quizá lo que ahora es

lamentación se transforme entonces en coro de alabanzas al progreso, que no conspira contra la economía

del labrador, sino que le induce a aprovechar más racionalmente y con mayor beneficio los productos de

su tierra, tan bien amada.

 

< Volver