Autor: ;Bort, Rafael. 
   Historia del arroz  :   
 El cultivo, evolución de la superficie y perspectivas. 
 ABC.     Páginas: 3. Párrafos: 23. 

HISTORIA DEL ARROZ

El cultivo, evolución de la superficie y perspectivas

Por JOSÉ DE ARANGUREN y RAFAEL BORT

El origen del cultivo del arroz, su expansión a lo largo de los siglos y su aclimatación en España—donde

se llegó a prohibirlo por la creencia errónea de que era portador de enfermedades—, su implantación

definitiva y el ritmo rápido del crecimiento de superficie, así como la penetración del producto en el

comercio exterior y los impedimentos con que tropieza para competír en precios con los arroces de otras

zonas mediterráneas, son cuestiones que hemos sometido a la consideración de don José de Aranguren,

ingeniero agrónomo, director de ¡a Estación Arrocera de Sueca, y de don Rafael Bort, oficial letrado de la

Federación de. Industriales Arroceros. Los señores Aranguren y Bort han tenido Ja gentileza de

remitirnos el estudio prolijo y ponderado que nos conplacemos en reproducir. Conste aqui nuestro

agradecimiento, que hacemos extensivo al secretarlo nacional del Sindicato de Cereales, don Aquilino

Salgado Bravo, por las facilidades que nos ha dado para cumplir nuestra misión.

HISTORIA

Sí hemos de estudiar la riqueza arrocera en nuestra patria preciso será que nos situemos en la región

valenciana. Al introducirnos, en ella captamos inmediatamente sobre la policromía que los más diversos

cultivos dan a su fértil suelo, y entre el aroma de azahar que se desprende de la blanca flor de sus

naranjos, las grandes extensiones cubiertas por el verde tapiz de sus arrozales.

El cultivo del arroz se remonta a los tiempos más antiguos de la humanidad. No existen documentos

escritos, ni siquiera están de acuerdo los que se han dedicado al estudio de este cultivo sobra la fecha en

oue se inicio, ni acerca de la nación que por primera vez lo ensayara. Sólo por leyendas, tradiciones e

interpretaciones más o menos verídicas de los ritos y ceremonias religiosas de nuestras primeras

civilizacionss puede indicarse que era conocido en el año 2.700 antes de Jesucristo. Se cita al efecto que

en China era práctica al llegar la época de la siembra de los cereales seleccionar cinco o seis ds ellos entre

los que eran considerados como más importantes para la alimentación humana, reservándose el

Emperador, para sembrarla, la semilla del arroz. Las restantes semillas seleccionadas eran cedidas a los

más altos dignatarios de su corte. En Java se llegó a considerar al arroz como descendiente de la diosa

Dewie Srie, y se rodea;a su siembra de grandes festejos. En la India, en las ceremonias matrimoniales, el

sacerdote espolvoreaba con harina de arroz a los novios, como simbolo de felicidad. De estos y otros

datos que han llegado hasta nuestros días podemos deducir que el cultivo de esta gramínea data de unos

cincuenta siglos.

En cuanto a la nación que primeramente lo cultivó nos encontramos ante mayor íncertídumbre. Para unos

fue la India; otros señalan a China, y no falta quien lo sitúa en las costas bañadas por el mar de China:

Formosa, Filipinas, Java. Desde luego, se puede afirmar que comenzó en los estuarios de los grandes ríos

asiáticos, desde donde fue extendiéndose a Persia, Etiopía y Egipto. Más tarde, y como con-secuencin de

las relaciones mantenidas entre Macedonia y la India, una vez conquistada ésta por Alejandro Magno,

pasó a Grecia y se extendió por todo el litoral mediterráneo de Europa.

EN ESPAÑA

Designado por los griegos con el vocablo "óruza", convertido en latín por "oriza", y transformado por los

árabes en "eruz", se introdujo por éstos, durante su dominación, en nuestra Península, con el nombre de

"arroz" (ar-rozz) con toda probabilidad a mediados del siglo VIII. Desde España se propagó por el norte

de la Península italiana, donde se le conoce con el nombre de "riso".

Parece ser que los primeros ensayos de cultivo en nuestro país se realizaron en Sevilla, pero, según dice

Abu Zacarías, no tuvieron éxito debido a que las mareas de1 Guadalquivir implicaban un gran

impedimento para el mismo, impedimento superado actualmente. Paralelamente a aquellos ensayes en las

tierras sevillanas, se efectuaron otros, con óptimo resultado, en la región valenciana, aprovechando para

ello la humedad de su suelo, y los nacimientos de agua a flor de tierra, en muchas de sus comarcas, hasta

que, por fin se extendió el cultivo por toda la ribera del Júcar y por los terrenos llanos y pantanosos

próximos a la Albufera. La tradición señala la existencia de dos molinos arroceros en el término de Sueca,

durante la época de la Reconquista, lo que es indicio de la importancia que ya entonces tenía la

producción arrocera en España.

SE ATRIBUYO AL ARROZ EL ORIGEN DE ALGUNAS ENFERMEDADES

A partir de ese período son muchas las disposiciones que se dictan en relación con el cultivo del arroz, y

es de observar que la mayoría de ellas se hallan Inspiradas en la preocupación—compartida por los

gobernantes de las demás naciones en las que aquél se Iba generalizando—de que daba lugar a fiebres y

otras enfermedades, principalmente "el paludismo", que diezmaban las poblaciones circunvecinas. Lo

cierto es -que ese cultivo, salvo el de alguna variedad existente en los países montañosos de Asia, llamada

"arroz de secano". y que durante algún tiempo se creyó que podría cultivarse en condiciones parecidas al

trigo, no puede resistir, ni aun por poco tiempo, una completa seqUedad del terreno, El arroz es planta

esencialmente acuática, de terrenos pantanosos, donde el calor—se decía—hace que el agua "se corrompa

y produzca vapores fétidos que favorecen la propagación de las fiebres, dando al cultivo la condición de

insalubre". A esta creencia errónea, como veremos después, se debió la oposición, más o menos abierta,

de algunos Gobiernos, Ese es el origen de la prohibición dictada por tos Jurados de Valencia, confirmada

en las Cortes de enero de 1342 por el Rey Pedro IV el Ceremonioso, de cultivar el arroz en las zonas

próximas a la ciudad. Martín el Humano, fundándose en iguales motivos, prohibe en 1403 el cultivo en

todo el Reino de Valencia, medida que fue ratificada en 1467 por Alfonso el Magnánimo, que llegó,

incluso, a establecer la pena de muerte para los contraventores de la orden. Merece también citarse el

privilegio dado en la Torre del Grec, en 1 de febrero de 1357 por el que se perdonaba a los habitantes de

Castellón de la Plana el pago de ciertos censos en atención a las enfermedades, y mortandad sufrida por la

"pestilencia, de las aguas".

A pesar de la publicación de nuevas disposiciones prohibitivas de este cultivo, no cesó, en ningún

momento, de realizarte, por lo que en años posteriores aquéllas fueron atenuando el alcance de

resoluciones anteriores, Ya sólo se referían a limitar el cultivo, y otras veoes a establecer regla» o normas

a las que debian ajustarse.

SANEA LOS TERRENOS PALÚDICOS

Este concepto de Insalubridad del cultivo del arroz, en el que se inspiraban las disposiciones anteriores y

otras muchas no mencionadas, desapareció desde el momento que la ciencia descubrió la causa u origen

de las fiebres y su agente propagador. Y aun puede afirmarse más; la experiencia de muchos años ha

venido a demostrar que si al arroz se cultiva conforme a normas raciónales e higiénicas, lejos de propasar

e1 paludismo lo reduce paulatinamente hasta llegar a extinguirlo por completo, En el Congreso arrocero

celebrado en Valencia en 1814 fueron incluidas, entre sus conclusiones, las siguientes: "La, Ley vigente

en España sobre el cultivo del arroz debe modificarse, porque los fundamentos higiénicos que la informan

no están de acuerdo con los conocimientos actuales". "Los terrenos palúdicos se sanean con el cultivo del

arrOz, en beneficio de la salubridad pública."

Se aludía así a la Real orden de 10 de mayo de 1860 y a su Reglamento de 1B81. en que se establécía la

prohibición del cultivo fuera de coto, e indicando que no se admitirían nuevas peticiones de acota-

miento que no se refieran a terrarios naturalmente pantanosos e improductivos para otras cosechas, y en

los que el estancamiento de agua "pueda resultar perjudicial para la salud pública".

En la actualidad, la legislación vigente sobre el cultivo arrocero se halla contenida en la Ley de 17 de

marzo de 1945 y Reglamento para su aplicación del 23 de mayo del mismo año. En esa legislación se

precisa que sólo serán declarados terrenos acotados pava el cultivo del arroz "los situados en los deltas o

zonas bajas de los ríos, o en los que por la naturaleza del terreno o por los problemas de sanidad que

presenten sea aconsejable para contribuir a su saneamiento".

SUPERFICIE CULTIVADA.

En 1860, la Dirección General de Contribuciones publicó la primera estadística sobre el cultivo del arroz,

que ocupaba entonces una superficie de 26.432 hectáreas en cinco provincias: Valencia, Castellón de la

Plana, Alicante, Murcia y Tarragona.

En 1912, su cultivo se habla extendido a otras provincias españolas: Albacete, Baleares. Barcelona y

Gerona, .calculándose en aquel año la superficie dedicada a\ Arroz en 32.500 hectáreas.

A partir de esa campaña ti cultivo entró en sa fase de mayor auge, pero la desorganización existente en

esta rama de la economía, y la superproducción en relación con el consumo nacional determinó una

baja de precios que lo hizo antieconómico. Esto explica la posterior lentitud en su expansión y 1a

necesidad de una Organización que encauzara la economía arrocera.

Es en 1927 cuando se convoca en Valencia la Conferencia Nacional Arrocera, en la que se acuerda pedir

apoyo al Poder Público, que promulga el Real Decreto de 19 de noviembre de 1927 creando el ´´Consorcio

Nasional Arrocero", organismo que ss esforzó en dar salida a los excedentes mediante la exportación,

pero al no poder lograr su anhelo fue disuelto en marzo de 1630.

La desorganización continuaba. Resultaba imperioso encontrar soluciones que Impidiesen el hundimiento

de ese gran signo de nuestra producción por nuestra economía. Entendiéndolo as!, el Gobierno creaba en

1633 (Decreto de 17 de mayo, convertido en Ley en 10 de marzo del siguiente año) la Federación

Sindical de Agricultores Arroceros de España. Correlativamente, y para completar el ciclo económico

arrocero y buscar soluciones conjuntas al problema, en 2 de Junio siguiente creó también la Federación de

Industriales Elaboradores de Arroz de España.

La superficie cultivada, que eu 1868 era de 28.432 hectáreas y que pasó en 1912 a 38.500 hectareas,

alcanzo, en el quinquenio 1931-35, a 47.008, con una producción media de 293.035.700 kilogramos. En

el último quinquenio, 1935-59, y como consecuencia de las medidas adaptadas a partir d-e 1939, para

cubrir el déficit de productos alimenticios que tuvimos qua soportar por diversas causas, se extendió el

cultivo a Badajoz, Sevilla, Cádiz, Huesca, Lérida, sntre otras provincias, llegando a cubrir una supgrficie

de 67.563 hectáreas, con una producción de 424.331.800 kilogramos.

NECESlDAD DE EXPORTAR

Hasta 1873 la producción española de arroz era absorbida totalmente por el consumo nacional, paro a

partir ds entonces comienza a notarse la existencia de un sobrante que es preciso eliminar, dándole salida

hacia el exterior, comercio que va incrementándose a medida que el cultivo se extiende en el ámbito

nacional y aumentan los rendimientos debido a una mayor perfección del cultivo, ya ajustado a reglas o

normas preestablecidas por el favor público, Son de admirar los esfuerzos realizados por los industriales

elaboradores de arroz para ir paulatinamente eliminando el sobrante de cosecha. Su actividad se extiende

no sólo a los mercados europeos, sino qus llega a los más lejanos de América; y así, esa preciada

gramínea se consume en los más diversos marcados, siendo los principales, atendida la cantidad

exportada, Inglaterra, Alemania, Holanda, Cuba, Argentina; y más recientemente los países considerados

como cuna del arroz,. en el lejano oriente: Japón y Filipinas.

No obstante la desorganización existente entre los elementos que integran la economía arrocera española

(desorganización que perdura en nuestros días), se amplia cada vez más el número de mercados

consumidores. El ingeniero agrónomo señor Font de Mora resume en su libro "El Arroz", las

exportaciones realizadas desde 1870 hasta 1935, señala el total enviado a cada uno de los distintos países

y la cifra global anual. (Las exportaciones realizadas desde 1930 a 1935; y desde la campaña graficos a la

de 1958-59, figuran en los gráficos sobre "Comercio exterior del arros". Debemos señalar que en la

campaña 1956-57 no se hicieron envíos fuera de España.) A partir de 1936 cesaron prácticamente las

exportaciones: primero, a consecuencia de la Cruzada de Liberación; y después, hasta 1951-52, debido a

la escarez de otros productos alimenticios para el abastecimiento normal del país.

Pasados los años de escasez y en virtud de. las medidas de protección adoptadas por nuestro Gobierno, los

arrozales se extienden considerablemente, incluso a provincias cuyo terreno y condiciones climatológicas

no son las mas adecuadas para ese cultivo. Esto lleva a la economía arrocera a una situación análoga a la

existente en el período anterior al Movimiento Nacional, La superproducción, en relación con el consumo

nacional, obliga a salir nuevamente en busca de mercados para colocar el excedente, reanudándose, como

consecuencia las exportaciones en la campaña de 1951-52.

El, PHOBtKMA DE IOS ÜXC´KBENTES

´No obstante la exportaciones v^alizadas en el periodo 1954-59, en coyunturas de índole internacional que

forzaron precios altos para los productos alimenticios, como el arroz, el problema de la economía arrocera

continúa latente, con las mismas características qua en el periodo anterior a 1936, situación que dio origen

a conferencia* y congresos, para recabar el apoyo del Gobierno y una ordenación adecuada, El excedente

sigue pesando sobre la producción, y amenaza con hacer antieconómico el cultivo. El problema requiere

soluciones, no parciales o de emergencia, sino profundas y permanentes al objeto de estructurar la

economía del arroz en su conjunto y armonizar los intereses de todos cuantos intervienen en los ciclos de

producción, industrialización y comercio. Y también, por supuesto, los del sector consumidor.

J. de A, y R. B,

 

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