Un paso hacia el futuro     
 
 Informaciones.    03/12/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Un paso hacia el futuro

EL presidente Arias Navarro gano anoche, en su intervención radiotelevisada al país, no pocas voluntades

y asistencias. Era la primera vez que don Carlos Arias se dirigía en forma directa al país. Lo ha hecho, sin

hurtar el bulto, para anunciar un anteproyecto de estatuto de asociación política, que ha sido, está siendo y

será —vano seria ignorarlo— campo en el que se dilucidarán los años mediatos de la convivencia

ciudadana.

«La política es el arte de lo posible.» Pues bien: el presidente se ha ahorrado incluso cita tan cierta como

manida. Pero ha sabido ganarse a los españoles con uno de los párrafos finales de su intervención: «os

aseguro —dijo el presidente— la sinceridad de mi propósito; os ruego que creáis en la buena fe de mis

intenciones. Lo que, en definitiva, os estoy pidiendo es confianza y fe ante el tema asociativo que os

anuncio; confianza y fe en la moderación y en la prudencia con que intentamos construir el pluralismo

político futuro; confianza y fe en la España de ahora y en la España del futuro, que solo será lo que

vosotros, el pueblo español, ambicionáis...»

Esas palabras finales nos obligan a reafirmarnos en lo que escribíamos en nuestro editorial de ayer —«El

hombre de castellana, 3»—: que sea cual fuere el resultado final de este proyecto asociacionista, tan bien

se conocen las exigencias de esta sociedad políticamente adulta y responsable como la voluntad de ese

caballero que es don Carlos Arias de satisfacerlas constitucionalmente desde su alta responsabilidad.

Nos parece de elemental justicia reconocerle al presidente una vez más su honestidad, su coherencia

política y su esfuerzo ciclópeo —que algunos no perdonan y acaso otros desconocen— por eliminar las

diferencias entre la España real y la España oficial. Vaya por delante nuestra adhesión al presidente. No

tememos con esto ser reiterativos, porque no puede haber reiteración en dar a cada uno lo suyo.

El presidente ha pedido comprensión y generosidad para que abdiquemos todos de lo que no es esencial

para contribuir a una participación política que «con la experiencia nos permitirá con sucesivos pasos,

firmes y seguros, ir completando en la medida que la convivencia nacional, suprema meta que a todos nos

inspira, lo vaya aconsejando...»

El presidente ha pedido —especialmente— «...respeto al texto que está en el telar. Que no se saque de su

quicio por pura frivolidad; que no se incurra en prematura e imprudente critica corrosiva sin analizar con

espíritu equilibrado todas las posibilidades que el proyecto encierra. Este estatuto será perfectible y su

propia andadura hará camino.»

Otros párrafos de la intervención del presidente se nos antojan destacables: «El proyecto de estatuto

supone el paso preciso, con clara e ilusionada esperanza, que debe darse en el momento presente, de

acuerdo con la realidad española de nuestros días (...) Creo que el proyecto en sí es una importante

consolidación del proceso democrático de la nación, de nuestra España de ahora y del futuro, que en su

día está llamado a conducir el Príncipe de España...»

Entrando en las líneas maestras del anteproyecto de asociaciones que ya han sido hechas públicas, hemos

de coincidir en lo que al propio presidente no se le escapa: que este paso a algunos les parecerá

excesivamente corto y a otros se les antojará excesivamente largo. Para los primeros, el que las

asociaciones no tengan acceso de reclamo a la jurisdicción ordinaria es motivo de desánimo, lo mismo

que la exclusiva competencia en el tema de la Permanente del Consejo Nacional, Cámara que en nuestra

ordenación constitucional es estrictamente consultiva.

Para los segundos —los que tengan el paso dado por excesivamente largo— las virtudes del anteproyecto

asociativo se les transmutarán en graves defectos: que las futuras asociaciones tengan facultades

electorales o que el Gobierno tenga también algo que decir a la hora de sancionar para bien o para mal a

las asociaciones son, sin embargo, importantes y decisivos pasos en la configuración de nuestro futuro

político.

Cuando el texto completo y detallado del anteproyecto de estatuto de asociaciones esté en la calle será

ocasión de volver sobre él con precisiones y argumentos estrictamente jurídicos o de detalle político.

Gracias al talante y al talento informativo del último equipo de Información y Turismo casi todo ha

podido debatirse públicamente en torno al futuro asociacionismo. Pero remacharemos el tema.

Como el propio presidente ayer ante la Televisión, ni queremos ni podemos mostrarnos triunfalistas ante

el anteproyecto del estatuto. Nos gustaría confiar en la posibilidad de que el Consejo Nacional lo

perfeccionara, y confiamos plenamente en la capacidad del Gobierno para instrumentar una normativa

válida que permita la creación múltiple e ilusionada de asociaciones políticas. Las leyes conforman la

realidad, pero las leyes no son la realidad. Don Carlos Arias ha dado un paso valeroso y firme, sorteando

toda clase de obstáculos y dificultades, descorriendo cerrojos y desmitificando temores. A caminar se

comienza andando, ha venido a decir al país, al tiempo que daba el primer e importante paso con su

decisión. Ni está todo hecho ni será fácil la andadura que queda. Pero es preciso demostrar a los

exclusivistas del pasado y al griterío de la nostalgia que los españoles, convencidos de la sinceridad del

actual jefe del Gobierno, no le vamos a hurtar el apoyo que merece para construir una España

democrática y moderna. El ha empezado a tender un puente entre el pasado y el futuro. El futuro está a la

vuelta de la esquina.

 

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