Autor: Prieto, Joaquín. 
 Balance de la campaña electoral. La dialéctica izquierda-derecha ha ocupado parte de su campaña. 
 Los socialistas tratan de obtener un sustancial avance respecto a sus posiciones de 1977     
 
 El País.    28/02/1979.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Felipe González se movió por toda España durante la campaña socialista

La dialéctica izquierda-derecha ha ocupado parte de su campaña

Los socialistas tratan de obtener un sustancial avance respecto a sus posiciones de 1977

JOAQUÍN PRIETO

Durante la campaña electoral, el Partido Socialista ha apretado a fondo el acelerador para lograr su

objetivo principal: obtener un sustancial avance respecto a las posiciones conseguidas el 15 de junio de

1977 y acceder al Poder. Si la campaña socialista del 15-J estaba orientada a contraponer

democracia/dictadura, este año el PSOE ha intentado acercarse más a la dialéctica clases

populares/intereses de la derecha, tratando de hacer hincapié en la incapacidad de UCD para resolver los

problemas del país e introduciendo la idea de que se va a una confrontación entre izquierda y derecha.

La oferta programática del PSOE ha quedado simplificada al máximo en eslóganes repetidos desde toda

clase de medios de difusión — Un Gobierno firme para vencer el paro, Un Gobierno firme en un país

seguro, etcétera—, mientras los candidatos han procurado personalizar ante el electorado esa imagen de

confianza que la propaganda ha procurado inducir. En Galicia, Castilla, La Mancha y Canarias, el PSOE

ha realizado una campaña muy extensa, pueblo a pueblo, mientras los mítines de Felipe González (casi un

centenar) no han tratado de movilizar emociones, sino suscitar la reflexión sobre unos cuantos temas muy

sencillos y elementales.

La creación de una imagen de «presidenciable» para Felipe González se ha visto acompañada de una serie

de claves para dar a entender la actuación futura de un hipotético Gobierno con participación socialista.

Así, Felipe González ha repetido hasta la saciedad que no deben votar a su partido los impacientes,

«porque todos los problemas no pueden solucionarse en cuatro días». Ha repetido que es necesario

«acabar con la corrupción de los grandes, pero también de los pequeños»; acabar con el divorcio Estado

ciudadanos y extender la idea de que «el Estado somos todos»; exigir que paguen más los que más tienen,

«pero también terminar con la evasión de impuestos»; garantizar a todo trabajador en paro el seguro de

desempleo, «pero no consentir que lo cobren quienes tienen otro trabajo, y, sobre todo, la insistencia en´

que después de votar hay que arrimar el hombro, es decir, que el presunto Gobierno de participación

socialista pediría muchos sacrificios a los ciudadanos.

El ambiente que se ha respirado estos días en la oficina electoral del PSOE y en el equipo que rodea a

Felipe González es de confianza absoluta en las posibilidades de victoria del Partido Socialista en número

de votos, aunque considera mucho más difícil vencer en escaños. Desconfiados ante un posible

pucherazo, el PSOE ha preparado un enorme equipo de interventores y apoderados para controlar las

votaciones de mañana. Por otra parte, el comité electoral ha retirado de las calles los carteles de Felipe

González cuando ha considerado suficientemente difundida la imagen del líder, sustituyéndolos por otros

en que el protagonista es el partido, a fin de proyectar sobre el mismo la fuerza de atracción inicialmente

volcada en la imagen del líder.

El "Gobierno en la sombra"

Una vez hecho el balance de la campaña electoral, cabe preguntarse con qué cuenta el Partido Socialista

para la hipótesis de su participación en el Gobierno, o para afianzarse como partido de oposición en caso

de que no consiga alcanzar el Poder. La pieza fundamental en la maquinaria del PSOE está constituida

por los equipos de técnicos que vienen trabajando desde hace algo más de un año, y que fueron creados

por iniciativa de Felipe González para realizar un seguimiento pormenorizado de la actividad

gubernamental, así como para servir de base de apoyo a la labor parlamentaria y controlar el grado de

cumplimiento de los pactos de la Moncloa.

Estos equipos constituyen un «Gobierno en la sombra», aunque sin figuras políticas que encabecen los

distintos departamentos, «porque la idea ha sido más la de formar equipos que puedan ocupar los altos

cargos de cada ministerio que la proyección política buscada con los gabinetes fantasma de otras

democracias», según medios socialistas. Para la hipótesis del Gobierno, el PSOE espera contar también

con la colaboración de personal cualificado de la actual Administración. Estos datos no deben ocultar, por

otra parte, carencias y temores en el PSOE, entre los cuales ocupa un lugar muy importante su escaso

dominio de medios de comunicación.

Además de las personas, el PSOE tiene preparados una serie de documentos de trabajo. El más importante

de ellos es el «programa de Gobierno», que tiene cerca de quinientos folios, y que fue redactado durante

el último trimestre de 1978. De ese texto —todavía no editado— existe un resumen, que ha sido

presentado como programa electoral del partido, además de versiones más reducidas e ilustradas para

consumo popular.

Junto al programa de Gobierno, el documento más importante realizado por el PSOE es el seguimiento

del pacto de la Moncloa, dossier cuyo contenido ha sido empleado por Felipe González durante la

campaña electoral en las cuestiones que más pueden debilitar a UCD, y que habría sido el principal

argumento contra el presidente Suárez si éste hubiera aceptado el reto en TVE lanzado por el líder

socialista.

Pertenecen al terreno de la especulación los nombres de las personas con mayores posibilidades de

participación en un Gobierno de mayoría o de minoría socialista. Las circunstancias pueden alterar mucho

la solución final, pero no deben olvidarse, junto a los nombres de Felipe González y Alfonso Guerra, los

de Luis Gómez Llórente, Miguel Boyer, Gregorio Peces-Barba, Julio Rodríguez (un economista todavía

poco conocido), Ciríaco de Vicente y Manuel Marín, como candidatos a altos cargos ministeriales u otros

puestos de importancia. Por el contrario, personas que hoy suenan mucho, como Enrique Múgica, parecen

contar con menores posibilidades, a tenor de las consultas realizadas a distintas fuentes socialistas.

 

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