Ratificación del "12 de febrero"     
 
   06/06/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

RATIFICACIÓN DEL "12 DE FEBRERO"

RUMORES de todo tipo, muchos de e1los absurdos e inverosímiles. Tensión en "la clase política",

psicosis de que el país se halla ante una encrucijada, la de elegir entre una evolución de signo aperturista

que dé proyección al régimen o una reacción inmovilista que la fracturaría y ahondaría un foso entre

realidad y juridicidad.

Todo el nervio político que acusa el ambiente desde hace semanas espera ahora un desenlace afortunado,

tras la llegada a Madrid del presidente Arias, después de acompañar al Jefe del Estado y en vísperas del

Consejo de ministros de mañana. Y esas expectativas parecen que nos van a conducir a una afirmación de

la línea política del discurso del 12 de febrero. Esa afirmación dejaría claro que aquel discurso no fue una

improvisación, sino la definición de una política de largo alcance.

La realidad española está necesitando una acción de envergadura, en parte ya en marcha con el proyecto

de ley de Régimen Local y las anunciadas incompatibilidades parlamentarias y que a nuestro Juicio debe

incluir también estos objetivos:

* Mantener a todo trance la apertura informativa.

* Planteamiento y regulación del asociacionismo político dentro del sistema.

* Una política económica clara y diáfana, que permita el despeje de las interrogantes que hoy

pesan.

* Legitimación de los derechos sucesorios del infante don Felipe.

* Afirmación, cohesión y firmeza del Gobierno en el cumplimiento del programa trazado.

* Combinar, como partes inseparables, la política de democratización y el mantenimiento del orden

público.

El día en que se cumplan las previsiones sucesorias es necesario que el Monarca encuentre una sociedad a

la vez plural y homogénea, estructurada políticamente, y que haya en el país una inercia de convivencia

democrática. En este sentido, la Monarquía necesitará de pluralidad de opciones y de corrientes de

opinión organizadas, sin las cuales habría en el país un vació político.

Declaraciones políticas que se suceden y aún repiten muestran un consenso de la clase política a favor de

la apertura, Junto a unas resistencias tan minoritarias como "naturales". Pero es preciso fijar el rumbo, y

éste no puede resultar alterado por expresiones minoritarias de temores inmovilistas ni por impaciencias

que pondrían en peligro la viabilidad de lo que tiene que ser un proceso. Ese rumbo puede y debe

coexistir con la expresión de las más variadas opiniones, con respeto de las leyes. Sólo así podrá haber

una clarificación de hombres y sectores en el país.

En España un ministro de Información - Fraga Iribarne - elaboró una ley de Prensa y la puso en rodaje

con todos los inconvenientes y molestias de un automóvil recién salido de fábrica. Otro ministro - que

colaboró íntimamente con aquél: Pío Cabanillas - tiene el deber - y así lo asume - de pasar del "rodaje

informativo" a la marcha normal de unos medios informativos que, también aquí, habrán de ser

exponentes del grado de democracia alcanzado. Y eso es algo que los temerosos de la libertad no

perdonarán nunca.

Y no lo perdonarán porque la "apertura informativa" no es concesión graciosa a un estamento profesional,

sino el cimiento indispensable sobre el que edificar un sistema democrático propio, pero asimilable a los

de rasgos occidentales.

Sin que el lector vea en estas líneas asomo alguno de "orgullo de ´ casta", nos atreveríamos a afirmar que

el cumplimiento del programa político expuesto por el presidente Arias el 12 de febrero último necesita

como del oxígeno de una Prensa libre para poder ser puesto en práctica hasta sus últimas y más

beneficiosas consecuencias. Así lo han entendido cabalmente los más empedernidos "antidocefebreristas"

con sus desmanes verbales hacia los medios de información.

Otra de las armas utilizadas por los pobladores del "bunker" regimental (aquellos que no dudarían en

hacer naufragar el Estado antes que tolerar una evolución ordenada del régimen) es la propalación del

rumor y la creación de un artificial ambiente de crisis en el vano empeño de aparentar que el país se

divide entre la mínima expresión por ellos representada y el resto de la nación. Así las conversaciones

entre el Jefe del Estado y el presidente del Gobierno a la orilla de los ríos salmoneros asturianos ha

querido interpretarse como la preparación de un giro de timón en la política gubernamental, como si el

programa del 12 de febrero fuera un discurso más y no lo que es: un programa de Gobierno.

Escaldados quedan ya quienes esperaban de las conversaciones entre el "número uno" y el "número tres"

(el "número dos" es el Príncipe de España) un giro hacia el regresismo político e incluso un reajuste

gubernamental. Cumplióse ya el primer emplazamiento del Gobierno - nuevo proyecto de ley de Bases de

Régimen Local -, a punto está de cumplirse el segundo emplazamiento: proyecto de ley de

Incompatibilidades Parlamentarias. En estudio se encuentra el Estatuto del Derecho de Asociación (¿pero

aún a estas alturas puede alguien objetar tal derecho?) y el asociacionismo político emergerá de su

guadianismo de una vez para siempre. Las libertades sindicales se arbitrarán antes de lo que piensan los

derrotistas y antes de lo que temen les catastrofistas "de dentro". La libertad informativa proseguirá,

afianzándose, hasta lograr sus cotas exactas.

Y de la parte más importante que roza el futuro del Estado, si cabe alguna noticia próxima será la de la

consolidación de los derechos sucesorios del infante don Felipe, primogénito varón del heredero del Jefe

del Estado a título de Rey. Otra cosa, no.

¿Pasa algo? Sí. El país está en marcha.

 

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