El deber del voto     
 
 ABC.    28/02/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL DEBER DEL VOTO

Por poco rigurosa que sea la posible evaluación comparativa entre las elecciones del 15 de

junio de 1977 y las elecciones del 1 de marzo de 1979 resultarán éstas mucho más decisivas

para el asentamiento de la democracia, ya definida en la Constitución, y para el futuro nacional.

Fueron, las elecciones de ¡unió de 1977, una previa concreción de las capacidades

representativas de los distintos partidos: espejo de la pluralidad política española y primera

alineación, al tiempo, de las diversas opiniones. Y eran trámite indispensable para el que hacer

constituyente; para la composición de un Parlamento, bicameral, que redactase la Constitución

y lograse su aprobación.

Contempladas desde esta mínima, pero fundamental perspectiva política, las elecciones

actuales son las primeras de la democracia. Decisivas, como tales. Y decisorias sobre lo que

vaya a ser, en el Parlamento que de ellas salga, el desarrollo de la Constitución en leyes

concretas que van a configurar la vida entera —política, económica, social— de España.

No precisa más ni otro subrayado la trascendencia de estas elecciones. En cualquiera otra

ocasión electoral, podrá reducirse la votación a una circunstancial contienda entre los partidos.

En esta ocasión del 1 de marzo, se van a decidir, quiérase o no, los patrones a los que se

ajustará el sistema democrático español en su práctico funcionamiento. Por ello, si nunca es

recomendable la abstención electoral, en estas elecciones reviste muy particular gravedad la

obligación de votar. Y será, en todo caso, merecedora de lógica censura la abstención.

¿Cómo explicarla, no ya defenderla, en la fase política en la que nos encontramos?

Ninguna alegación justificativa puede aceptarse como válida. Ni una evidente falta de

diferenciación neta entre algunos programas o algunas actitudes políticas; ni las decepciones

suscitadas en el período gobernante que ha seguido a las elecciones anteriores; ni

razonamiento alguno de semejante naturaleza pueden hoy disminuir en un ápice la obligación

cívica de votar.

Obligación —que es derecho y es deber y es compromiso— para ser efectivamente cumplida,

el 1 de marzo, por todos, conforme a su libre opción política personal. Porque necesita la

configuración democrática participación activa de todos los españoles y porque los perjuicios

comunitarios que pueden derivarse de la abstención no tendrán ni fácil ni pronto remedio.

Nadie gana, ni quien la practique, con la abstención; y todos perdemos con ella. Cuando se

puede influir en un resultado electoral tan condicionante del común futuro como el que van a

decidir estas elecciones, abstenerse, no votar, es una resignación en la que se advierte, a la

vez, la carencia de sentido de la responsabilidad y el decaimiento, incluso, de ese natural

impulso con el que se defienden con dignidad activa las ideas. ¿Quién, en política, no las

tiene?

No pedimos el voto a favor de partido alguno.

La posición política de A B C —explicada en reciente editorial («Ante las elecciones», domingo

25 de febrero)— no se aparta de sus tradicionales líneas de pensamiento monárquico,

independiente y liberal. De estas premisas se deducen, naturalmente, precisiones sobre el

entendimiento de la Monarquía —vínculo del pueblo con el Rey— sobre la conciliación

armoniosa de la libertad y la justicia, sobre el modelo de sociedad, no totalitaria ni colectivista,

que defendemos, sobre la seguridad ciudadana y la condenación de la violencia sobre la

unidad de España... Lógicamente, este Idearlo nos aproxima más a ciertas opciones políticas y

nos aparta de otras. Pero no pedimos, dicho queda, el voto a favor de partido alguno. Pedimos

que se vote. Incitamos al cumplimiento, con el signo de voto que cada uno prefiera, del deber

de votar.

«Sugerimos únicamente a todos —decíamos en el editorial citado— sean cuales sean sus

programas, que antepongan a cualquier consideración particular la convicción de que España

nos necesita a unos y a otros; que el tiempo de las querellas familiares pasó y no debe volver.»

Pues bien, lo que primero necesita

España ahora es el voto de todos los españoles en las elecciones del 1 de marzo. Porque,

insistimos, estas elecciones van a configurar decisivamente nuestro futuro. Y porque un futuro

nacional digno de nuestro país, de su historia, de su cultura, de su capacidad de progreso, sólo

se realizará con estabilidad y con solidez si todos participamos en la construcción de sus

cimientos.

 

< Volver