Nuestra encuesta sobre las encuestas     
 
 ABC.    28/02/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

NUESTRA ENCUESTA SOBRE LAS ENCUESTAS

Hemos tenido sobre nuestra mesa da trabajo una variada gama de encuestas; tan variada, por

la disimilitud y lo contradictorio de sus conclusiones o resultados, que hemos decidido, en el

servicio de claridad que debemos a nuestros lectores, no publicar ninguna de ellas. Sólo hemos

encontrado, tanto en aquellas de que pudimos disponer como en las publicadas por nuestros

colegas, sólo hemos encontrado, decimos, un elemento común: la muestra del altísimo y

anómalo índice de perplejidad, de indecisión, entre los electores consultados.

A este dato, por el imperativo de claridad aludido, ceñiremos en lo esencial nuestro comentario.

No es nada usual, y en ello convienen observadores y analistas, el que a tan pocas horas de

las elecciones subsistan tan alto número de votantes en la duda. Ese ancho margen de

electores perplejos se destaca como e> único dato Indiscutiblemente válido; como única

muestra incuestionablemente fiable. Todo -lo demás, entendemos nosotros, son lucubraciones

y teorías, acertadas unas en la propia medida en que yerran las contrarias.

¿Qué quiere decir y qué viene a significar ese espacio tan inusual, por amplísimo, de electores

dubitantes, ese «partido de la mayoría», tal como fue calificado en la campaña electoral?

Quiere decir, en nuestra opinión, que algo muy importante ha cambiado durante el breve

tiempo transcurrido desde el 15 de junio de 1977 al 7 de febrero de 1979, fecha del comienzo

de ´la campaña. De no ser así, la diferencia de opinión entre aquellos y estos comicios se

hubiera reducido a espacios mínimos, como los que se advierten, en la vecina Francia, entre la

primera y la segunda ronda de cada convocatoria para las legislativas.

Porque estas elecciones del 1 de marzo son, propiamente, el «ballotage» del 15 de junio. Y

pese a ello, pese a su proximidad y a la condición de segunda vuelta de aquellas que tendrán

los votos de mañana, la medida y auscultada indecisión de voto no se reduce a leves

contingentes correctores de la tendencia del sufragio. Media, ciertamente, una dubitación

cardinal.

Las cosas se entienden más claramente todavía si se repara en el similarmente anómalo

porcentaje de abstención registrado en el referéndum constitucional Testimonio de importancia

incuestionable entre las dos consultas legislativas. Existe un parentesco más que notorio entre

los abstenidos de diciembre y los indecisos de ahora. Y bien poca es la sociología que hay que

saber, y no se necesita estar familiarizado con los arcanos de las técnicas demoscópicas, para

advertir de inmediato que existe una refracción, una desviación de las opiniones, capaz de

traducirse en muy sensibles desviaciones de las tendencias de voto registradas en las primeras

elecciones legislativas de nuestra restaurada democracia.

No es correcto, pues, en consecuencia, imputar y atribuir los componentes de la voluminosa

indecisión detectada en I a s encuestas conforme las fórmulas y porcentajes con que se

distribuyeron los votos el 15 de junio. Generalizar desde lo habido entonces puede constituir

una imprecisión gravísima en el análisis y en las síntesis que se han ofrecido al pueblo español

para que las aplique como referencias en su reflexión de hoy.

Concluimos nuestro comentario volviendo a las consideraciones que hacíamos en su inicio.

Las encuestas, si no son información son desorientación. Y como nosotros nos sentimos

obligados a la claridad y a la precisión con los lectores, hemos decidido, luego de hacer nuestra

encuesta sobre las encuestas, no publicar ninguna de ellas.

 

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