Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Silencio. Se va a votar     
 
 ABC.    28/02/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Silencio. Se va a votar

ASI, entre sondeos, abucheo, tanteos, forcejeos, escarceos, «geos», mareo* y devaneos, hemos llegado •

la jornada de reflexión. Quiere decirse que ante de votar e* necesario pensar un poco.

«Desechemos de nuestras mente la funesta manía de pensar», decía el claustro de la Universidad de

Cervera a don Femando VIl, en el más sumiso y delicado obsequio al absolutismo. Ahora que hemos

alcanzado la categoría de pueblo soberano hay que predicar el lema contrario. Desechemos de nuestras

mentes la funesta manía de no pensar. Antes de volar, piénseselo tres veces, señor ciudadano.

La democracia no es cosa de vísceras, sino de reflexión y de responsabilidad. Aleje de su frente la

balumba de palabras, de gritos, de promesas y de Imágenes. A solas con su pensamiento, decida. Píenselo

y vote. Pero vote.

Lo bueno —algunos dicen que lo mato—que tiene la democracia es que su voto vale tanto como «I que

más, vale tanto como el de cualquiera, como el voto de Suárez, de Fraga, de Felipe o de Carrillo.

Mañana podrá usted tener en la mano una papeleta que quizá valga tanto como la libertad, la seguridad, la

prosperidad o la felicidad. Por un voto se pierde un diputado; por un diputado, una votación; por una

votación, una ley; por una ley se puede perder cualquier cosa. Ya saben: lo de! clavo, la herradura, el

caballo, el caballero, la batalla y el reino.

Anoche, a las doce, que es hora fronteriza y mágica, nos habrán dejado tranquilos los señores políticos.

Habrán cesado los silbos pastoriles, los cantos de sirena y los arres de arriero. Señores, un poco de

silencio, que estamos volando. Desde la ventana indiscreta del invento diabólico se habrán metido er

nuestro cuarto de estar las últimas voces de don Felipe y de don Adolfo, los dos púgiles políticos del

cómbale a fondo, los dos gladiadores que se disputan oí capitel de la columna del Poder. Escribo cuando

todavía no se ha producido este acontecimiento casi terminal. Pero puedo imaginarme que las armas de la

dialéctica se van a cruzar con mayor denuedo. No se van a sacar el uno al otro ni el «dossier» ni las

intimidades, pero se van a mentar los programas y las promesas. Estamos en los metros finales y van a

salir las fustas.

Nos hemos quedado sin combate televisado entre los dos mayores gladiadores. Pero también pueden

medirse sin encontrarse. Uno detrás del otro. Al fin y al cabo, se tienen ya muy oídos. Cada- uno sabe de

qué va el rollo del otro. En sus últimas Intervenciones, don Felipe ha enseñado más los dientes que don

Adolfo. Don Felipe incluso ha recurrido al «Diccionario secreto» de Camilo José Cela, en un alarde de

ese poder sintético de la retórica que se llama taco. Don Adolfo, mucho más comedido por el peso de la

púrpura, no utilizará el venablo, sino la daga florentina. La predicación socialista tiene un punto flaco.

La predicación socialista, o se llama utopía—sueño que no encuentra lugar en la Tierra—, o se llama país

satélite.

Los líderes han soltado un rato la cadena a alguno de sus segundones. Pero, en general, la sangre de la

campaña no ha llegado al río. El electorado no estaba para meterse en las plazas de toros o •n tos estadios.

Bueno, estamos a punto de que- a los estadios ya no podamos Ir ni a ver fútbol.) Nadie se ha atrevido •

convocar a la parroquia en los lugares abierto. Se ha utilizado más la reunión acotada, la mesa redonda, el

coloquio y ta rueda de Prensa. Y, desde luego, la guerra de los sondeos. A las cuarenta y ocha hora del

desfile ante fas urna, lo* encuestadores no se ponen de acuerdo. Unos dicen que en voto populares

ganará «i PSOE. otro* que ganaré el Centro. Lo* escaños centristas oscilan —¡todavíalenté lo* 153 y tos

166. Alfonso Guerra ha pronosticado que todo se resolverá entra lo* 140 y los 155 escaños. Lo* voto*

«abertzates» crecen desmesuradamente en el País Vasco, mientras que descienden los voto* nacionalistas

en Cataluña. La campaña que empezó con el pronostico de ascenso espectacular de la derecha está

terminando con la profecía de un naufragio de Coalición Democrática.

Tampoco hay acuerdo entre las predicciones para la batalla de Madrid. El sondeo Pepe dice que los

socialista* obtendrán 11 escaños, tres menos que en junio del 77, si se computan los tres escaño* del PSP.

El sondeo Juan afirma que llegarán a los 14. Estos anuncian dos diputados de Unión Nacional • y cuatro

para CD. Aquellas afirman que don Alfonso Osorio —tercero en la lista de la derecha— no llegará al

Parlamento. Y todos se cubren de la acusación de Infidelidad o de parcialidad con un abultado tanto por

ciento de votos indecisos. Todo depende, pues, de ios que no saben sf van a votar, los que no saben lo que

van a votar, o los que no les da la gana de decir qué van a votar. Me parece que lo he dicho alguna vez:

«Al final, es un pelotón de indecisos el que decide el destino de la democracia». Pues en eso estamos.

Nos dijeron que en estas elecciones sólo nos jugábamos el nombre del presidente del Gobierno. Parece

que nos jugamos algo más. Porque parece muy probable que don Adolfo Suárez permanezca en el Palacio

de la Moncloa. Lo que no sabemos es con cjuién y cómo tendrá que aliarse para formar Gobierno. Hay

dos preguntas inquietantes para un sector moderado y conservador del electorado. ¿Podrá gobernar en

solitario el líder de UCD? ¿Alcanzará la mayoría absoluta mediante una alianza por la derecha? Si la

respuesta a esas dos preguntas fuese negativa, (a coalición de gobierno UCD-PSOE sería casi un

imperativo de las matemáticas electorales.

Algunos profetas nos han adelantado Incluso loa nombres y la composición del futuro Gobierno centrista

socialista. Si eso fuese cierto, ¿para qué votar?, tendría que preguntarse el lector. Se trata, sin duda, de

aprendices de profeta. O se trata, quizá, de hacer cundir el desatiento, de que perdamos la confianza en

esta expresión democrática que se llama voto. Bueno, ahora lodos se han callado ya. Y yo, también. Si

preguntan por mí, que estoy reflexionando. A lo mejor acierto. Que ustedes piensen bien.—Jaime

CAMPMANY.

 

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