Autor: Urbano, Pilar. 
 Elecciones 79. 
 Abril: la losa del poder     
 
 ABC.    28/02/1979.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

A B C. MIÉRCOLES, 28 DE FEBRERO DE 1919. PAO. 9.

Crónicas de la Campaña

ABRIL: LA LOSA DEL PODER

«¡Ahí, es usted, Carmona... ¿Para lo de la avioneta de mañana?... Bueno, pues un sobrevuelo por toda

Valencia... Sí, todos los barrios... ¡Claro, una lluvia de octavillas!... Después, Sagunto... Sí, por la

mañana, porque los mítines son por la tarde... Picasent..., el pueblo del vicepresidente del Gobierno...»

Suena otro teléfono. El agente publicitario dice al señor Carmena Que «adiós, hasta mañana».

Los del otro teléfono reclaman más pegatinas, bolsas, chapas, «pero de tos que llevan la cara de Suárez»,

cerillas y trípticos con el programa, para repartir a la salida de los cines. Falta una hora para el mitin de

Abril Martorell en Gandía. Nos ponemos en marcha. Lo de siempre: el sándwich de coches ligeros de

escolta policial, dos delante, dos detrás, y Fernando Abril en el del «centro». Llueve y la comitiva devora

asfalto a 140 por hora, haciendo el estratégico juego de «la noria»: Coral llama a Júpiter... Adelanto yo

ahora. Corto»... Manteniendo siempre a Abril en el «centro» del emparedado, los otros coches van

cambiando de posición, sobre la marcha, para despistar.

En Gandía, Abril dice eso de «si ustedes quieren poder votar a otros en 1983, vótemos ahora a nosotros.

Si votan el día uno al PSOE, es muy posible que en 1983 no puedan volver a votar a nadie más, porque

ellos entienden la Democracia y la libertad a su manera...»

Demuestra ce por be que UCD cumple lo que promete y • desmonta con cuatro golpes el decorado de

firmeza que «la competencia socialista pregona».

Al terminar nos pregunta:

«¿He estado muy duro con el PSOE?... ¿Se ha entendido bien mi advertencia por el último ramalazo

frente populista de estos chicos?» Tiene, para estas liturgias mitineras. una buena voz grave, terminante,

como de «lo dice Blas y punto redondo». No arranca emociones ni aplausos, pero convence. «¡Es que el

mitin no es lo mío... Pero había que hacerlo!» Se recuesta en el asiento trasero del vehículo. Voy a su

lado. Le he preguntado si ahora ya le gusta la política. Siempre tarda unos segundos en contestar. Se lo

piensa.

«No lo sé, Filar. Pero me he metido hasta las cejas. Desde pequeño, cuando jugaba o estudiaba o me

divertía, lo hacía todo apasionadamente. Y ahora igual... Mi mujer debe estar deseando que lo deje. ¥ no

lo dice de boquilla, porque, la verdad, hemos trabajado como negros, sin tregua, sin una satisfacción...

¿Cuántas horas, cuántos cientos y cientos de horas habré dedicado yo a pactos y consensos y

conversaciones con nuestros "amigos" socialistas... para llevarles desde la postura republicanista hasta la

aceptación monárquica; desde la concepción federal del Estado hasta la del Estado único; desde el

laicismo social hasta el reconocimiento de la Iglesia católica en la Constitución; desde el estatalismo

económico hasta la sociedad libre de mercado...? ¿Cuántas noches, habla que te hablarás?»

Algo se ha caído al suelo del coche. Me Inclino y tanteo a palpas..., toco una superficie estrecha, alargada

y dura bajo ftl asiento. Es un fusil. No digo palabra. Fernando Abril está hablándome ahora de «otros

toros bravos que tuvimos que lidiar desde el Gobierno en solitario y en silencio». «Hubo momentos

delicados y tensos... El cese del teniente general De Santiago, cuando se dedicaba a "reunirse" con Girón

y con Iniesta Cano... La dimisión del almirante Pita, tras la legalización del "pecé"... Conseguir que los

socialistas aceptasen la ley electoral proporcional. Se resistieron panza arriba... La "operación

Galaxia". Mientras no supimos su verdadera dimen-siln, temimos que aquello fuese algo más que una

intentona de tres o cuatro jefes militares... Y sobre todo, tener que organizar y hacer fuerte, policialmente

fuerte, un Estado débil. Porque no estábamos preparados para cortar de cuajo la subversión interjor, ni

para luchar contra el terrorismo tecnificado y el crimen común sofisticado... Pero al país no se le podía

decir. No era prudente... Cuando se está en la oposición es fácil hablar, denunciar cosas y urgir

soluciones... Cuando se gobierna, hay que callar mucho de lo que se tiene entre manos...»

Me acuerdo, de pronto, de un «secretillo» que me contaron ciertos enterados: «Abril desearia ser el

ministro de la Defensa del próximo Gobierno.» «Júpiter llama a Coral. Paso atrás..., corto.»

«En estos veinte meses del tercer Gobierno Suárez, ¿qué has aprendido, ministro?» Invierte sus segundos

de «me lo voy a pensar», en encender un cigarrillo «Sombra». La colilla del anterior todavía apesta y

humea en el cenicero de la portezuela. «Te vas a sorprender. He aprendido algo de la praxis marxista: el

valor de jugar políticamente con los tiempos. El presidente Suárez en esto es un mago de oz. El sabe

poner las cosas a madurar, dar márgenes de reflexión a las personas paca que ablan. den sus posturas,

dejar que el tiempo gane sus propias batallas... Que la Constitución haya sido larga y farragosa de sacar,

nos ha venido bien. Las posturas más crispadas se relajaron, los puntos de vista inconciliables llegaron al

consenso... Y eso, en otro orden de cosas, ha dado tiempo a que UCD gobernase, sanease de su fiebre

infla-nista la economía, que estaba enferma desde 1974. Y que el PSOE, ique no era nada!, se convirtiese

en un partido para la alternativa del Poder... ¡Te aseguro que en todo Occidente no hay Gobierno que

hay» funcionado con tanta transparencia, abrien. do de_ par en par las puertas de cada Ministerio a la

oposición, para que se enterasen de todo lo que querían saber... Creo que hemos sido generosos con ellos,

aunque es» su vida lo reconozcan.»

Un señalizador fluorescente nos Indica que estamos llegando a Catarroja. Faltan cinco minutos para el

mitin. La lluvia arrecia. Marisa, la mujer de Abril, y su hijo mayor. Fernando, nos han precedido.

El chico se encarga de la megafonía. Marisa esta de «militante a pleno empleo». M« cuenta que va a

los mercados y almacenes a repartir propaganda. Que reúne a las mujeres, por los pueblos valencianos,

para explicarles «qué es el marxismo, de verdad» y «por qué yo soy de Centro». Que el otro día, una

señora del mercado Ruzafa, sin saber quién era ella, al ver una pegatina do Suárez, dijo: «¡Es un

sinvergüenza y un ladrón!..., como todos los del Gobierno.* Y Marisa, tomándola por un brazo, le

salió al paso:

«¡Señora, mi marido es un hombre honrado. De sinvergüenza y ladrón, ni un pelo, y sin embargo... es el

vicepresidente de ese Gobierno.»

«También he aprendido a tener una visión más global de los problemas —sigue Abril, que jamás pierde el

hilo—. A ser má» cuidadoso, más "mirado". Tiras de aquí, y aquello se distorsiona, y lo otro te crea um

conflicto... Yo ahora sé lo que es sentir el peso tremendo, casi de losa, de la responsabilidad de gobernar

un Estado.»

Hablarnos de posibles coaliciones. «Hasta que no se despejen las incógnitas de esta» elecciones y las

municipales. Hasta que no se sepa de qué color son las alcaldías de las grandes ciudades. Y cómo se han

formado los autogobiernos de las autonomías..., aquí nadie, con dos dedos de frente puede hablar de

coaliciones ni de "programas comunes" para gobernar. Si sácaseme» los mismos resultados que en el 15J,

ten por seguro que gobernaríamos solos. Lo de los programas de Gobierno acordados y los pactos de

legislatura, es otra cosa... Pero hay que congelar esas decisiones, incluso la reorganización del gabinete,

hasta el 6 o el 7 de abril.»

«Tu teoría del tiempo es buena. Pero el pueblo quiere ver que las cosas cambian a mejor, pronto. El

pueblo acusa desencanto y aburrimiento.» «Es que la Democracia si está bien cimentada, ¡ha de ser

aburrida!» Gesto mío de perplejidad. El vicepresidente y «vice-uno» alza ambos brazos como

«cargadísimo de razón»; «¡Pues claro! No es bueno que el pueblo viva incandescente, en borrachera

política. Sería señal de estar en las lindes del rupturismo o do la revolución. La Democracia libre y en pa*

no puede ser un espectáculo diario, sino algo tan "aburrido" como el pan de cada día, como la paz, como

el vivir sin sobresaltos.» Sospecho que, al dibujar la Democracia que él sueña, don Fernando «el lúgubre»

se autorretrataba, como en un espejo. Catarroja. La comitiva veloz frena en seco.

Pilar URBANO.

 

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