Autor: Gil-Robles, José María. 
   Ante el resultado electoral     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ANTE EL RESULTADO ELECTORAL

Es explicable que al analizar el resultado de las elecciones generales, aun antes de la

proclamación de los candidatos triunfantes, prodiguen los hombres y los grupos políticos

preferidos las censuras a lo que consideran como un abuso de poder por parte del partido

gubernamental.

No voy a seguir ese fácil camino en este comentario que quiero que sea Jo más sereno

posible. En estas mismas columnas comenté en su día esa triste realidad constante de nuestra

política, según ´la cual todo Gobierno que hace unas elecciones ´las gana absoluta o

relativamente. También hube de destacar la consecuencia obligada del escepticismo de las

gentes, que se ha traducido una vez más en una abstención considerable y alarmante.

Ha ocurrido lo previsto. ¿Por qué escandalizarse?

Mucho más que ese uso o ese abuso considerado en sí mismo interesa hoy mirando al futuro

interpretar el criterio que ha presidido su utilización.

El señor Suárez, deseoso de improvisar un partido fuerte que le asegure \a permanencia en el

Poder, procuró desde que ocupó la Presidencia del Gobierno debilitar y, si era posible, aniquilar

aquellos grupos que podían disputarle los sectores sociales q u e él necesitaba conquistar.

Y hay que reconocer que su éxito negativo ha sido completo. En las elecciones de 1977 quedó

destruida la Democracia Cristiana. En ilas de 1979, la Coalición Democrática ha quedado

reducida a su mínima expresión. Reconozco que en la derrota de ambos grupos tuvieron

mucha parte los errores que sus directivos cometieron. Pero por graves que esas

equivocaciones fueran, sin el empleo a fondo de ´los medios poderosos con que todo gobierno

cuenta en España, los resultados no habrían sido tan gravemente adversos para la Coalición

Democrática y para la Democracia Cristiana.

Esa estrategia del señor Suárez ha repercutido en el emplazamiento de la UCD en el amplio

abanico de ¡las formaciones políticas, en la propia composición del grupo gobernante y en el

esbozo de un bipartidismo peligroso que ya se dibuja con suficiente precisión.

Ante todo, hay que contemplar ©I emplazamiento de la UCD. Desaparecida la Democracia

Cristiana, y sin pasar de proyecto ¡la formación de una socialde-mocracia, que todavía no ha

encontrado su camino, el centro, desde 1977 no existe en la política española. Destrozada la

Coalición Democrática en la reciente consulta electoral ha desaparecido lo que restaba de una

derecha democrática ex-tragubernamerrtal. La UCD, que nació para ser centro, se na

convertido por efecto de su propia estrategia en el único partido derechista apoyado en una

conjunción de sufragios que han respondido a las motivaciones más variadas: convicciones

sinceras, apetencias de mando, miedo a una victoria marxista y concesión al fácil pragmatismo

del «voto útil», etcétera. Al calmarse ´las aguas removidas por la pasión de la campaña

electoral, al partido gobernante no le resta de .centro más que el nombre. La UCD ha quedado

anclada firmemente en el remanso de la derecha de intereses.

El naufragio de los partidos sacrificados en las dos elecciones generales ha dejado

desamparados a muchos elementos individuales que en ambas naves se embarcaron para

servir sus ideales o para ¡poner al servicio del país sus vocaciones políticas, o tal vez para

colmar sus ambiciones no siempre reprobables. La UCD ha lanzado sus botes de salvamento y

la verdad es que ha logrado recoger un número no despreciable de náufragos, muchos de ´los

cuales no sólo están dispuestos a aportar sus valores personales sino también, en lo que de

ellos dependa, a llevar al fondo común del partido salvador los restos de su antigua

significación ideológica, harto quebrantada y descolorida por el embate de las aguas.

¿Han supuesto estas operaciones de salvamento —la segunda de ilas cuales está en estos

momentos en marcha— una aportación positiva a lo que todavía no ha superado la fase de un

conglomerado de tendencias dispares? En el orden numérico es evidente, como es

incuestionable que algunas personalidades captadas están adornadas de cualidades altamente

positivas. Sin embargo, cuando un grupo político se resiente desde el momento de su

constitución de una falta de unidad ideológica, aumentar esa heterogeneidad con aportaciones

de saldos de partidos en liquidación puede traer como consecuencia que no llegue a tener más

elemento eficaz de cohesión que la ocupación del Poder y sus ventajas. Y ese factor,

ciertamente poderoso en los días de prosperidad, puede actuar como disolvente en los

momentos de crisis.

La más grave, sin embargo, de ´las consecuencias de la política electoral del Gobierno es la

tendencia a crear un bipartidismo artificial que no sería más que la actualización política del

dualismo que desde hace tantísimos años desgarra las entrañas de la sociedad española.

Un pluripartidismo moderado —que no es lo mismo que un bipartidismo artificioso— es el que

nace de una evolución serena de Ja sociedad, sin perjuicio de que pueda ser estimulado por

una ´legislación electoral adecuada y por una acción de¡l poder público de amplia y generosa

visión del futuro y (libre de afanes de absorción.

La existencia de partidos intermedios, pocos en número pero sólidos por su cohesión

ideológica, sería capaz de evitar la agudización de antagonismos que, puestos frente a frente,

pueden tornarse cada vez más irreductibles.

La ambición de mantenerse en el Poder —no descarto la hipótesis de que pueda responder a

móviles elevados— está llevando al país a una bipolarización que si nunca es buena, mucho

menos puede serlo cuando están planteados problemas de la máxima gravedad, para cuya

solución todos los esfuerzos son pocos.

¿Llegarán a comprender nuestros hombres políticos, sobre todo ´los que ocupan el Poder, que

sin generosidad no es posible realizar una obra fecunda?

José M.ª GIL ROBLES

 

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