¿Qué votamos hoy?     
 
 Diario 16.    01/03/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

¿Qué votamos hoy?

Con todos nuestros respetos, que sin duda los merecen, para las varias opciones electorales que hoy, en

este histórico primero de marzo, se nos ofrecen a los españoles, sólo dos son auténticas opciones de

gobierno. Algunas de aquéllas pueden aspirar, es cierto, a que uña eventual combinación de fuerzas les dé

funciones de tipo arbitral, pero no más. Él debate directo sobre el poder suena a diálogo entre dos voces

exclusivas o, como mínimo, determinantes: UCD y PSOE.

¿Qué ventajas y qué inconvenientes ofrece al pueblo español la opción ucedista?

Las ventajas provienen de la propia naturaleza de la situación política española: UCD domina los

mecanismos de la transición y posee experiencias intransferibles —por estar ligadas a gestiones

personales— en la dinámica de la consolidación de la democracia. Esto es evidente. Sus inconvenientes

obedecen a la heterogeneidad aún no totalmente superada de la coalición que dio origen a este partido y

que apunta a divergencias e indecisiones interiores a la hora de dibujar los cambios estructurales que

nuestra sociedad necesita cara al futuro. En realidad, el que UCD —caso de que hoy salga vencedora en

las urnas— siga siendo dentro de cuatro años la fuerza predominante en el espectro electoral depende de

que en su futura gestión sepa superar estas divergencias e indecisiones.

Por su parte, la opción socialista ofrece la ventaja de su entusiasta decisión de cambio y la visión teórica

de éste que su equipo directivo y sus cuadros poseen. Y su inconveniente fundamental hay que buscarlo

precisamente en el hecho de que tal visión teórica no ha sido puesta a prueba por los hechos y no ofrece

garantías suficientes de que cuente con resortes de dominio de la situación en el caso de que ésta se

complique. En otro orden de cosas habría que aludir a una posible radicalización de la izquierda política y

sindical —UGT incluida— ante un eventual Gobierno socialista, obligado, como sería obvió, por la

presión histórica a hacer una política no socialista. La gravedad de esta antinomia es el principal

«hándicap» con que hoy cuenta la opción del PSOE ante el ´votante.

Cualquiera que sea el resultado definitivo, y antes de que éste se produzca, resalta, una vez más, la

profunda ingenuidad que subyace bajo la filosofía abstencionista. La opción establecida entre estas dos

grandes fuerzas que son la UCD y el PSOE no puede ser casual y presupone que tal alternativa está en la

masa y en los intereses profundos del pueblo español. Por ello resultaría infantil la idea de que es posible

desembarazarse individualmente de una presión colectiva y popular tan nítidamente expresada.

La abstención se ha convertido en esta España que, por fin, se enfrenta a sus auténticas opciones, en una

candorosa forma de voto inhibido. Quien hoy se quede en su casa encogido de hombros debe saber que

elVacío dejado por su falta de voto será ocupado, en el proceso de contabilización y escrutinio, por otro

voto ajeno y tal vez contrario a sus intereses de grupo.

 

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