Autor: Aguilar, Miguel Ángel. 
   Poner la cara y echar el voto     
 
 Diario 16.    01/03/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

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Poner la cara y echar el voto

Ya se oyen las urnas del l-M, en un preludio de sondeos muy ajustados. Aún queda una banda de

oscilación hasta que se levanten los precintos y se hagan los recuentos de papeletas, pero la única sorpresa

para quien lo sea ya está servida: el naufragio de Coalición Democrática. Sus resultados pueden quedar

por debajo de la mitad de los que obtuvo la Alianza Popular de los siete magníficos el 15-J de 1977.

Seguro que éstos y los demás derrotados aportarán brillantísimas explicaciones del descalabro. Mientras

tanto, cualquier votación que ahora se hiciera resultaría injusta. Quede, piadosamente para más adelante.

Ya se oyen las urnas¡ pero no viene el cortejo. Los resultados previstos no dan para tanto. No dan, si se

confirman los sondeos, más serios, ni siquiera para formar Gobierno. Parecemos condenados a una

minoría mayoritaria. Pero cómo ahora toca gobernar habrá que cuadrar el círculo. No es todavía la hora

del álgebra ni de la trigonometría. Hasta el 26 de marzo no se constituyen, las Cámaras y las consultas

sólo serán firmes después.

Defenderse a sí mismos

Es momento de recapitular qué ofrecen quienes nos piden el voto. Parafraseando a Paul Valéry puede

escribirse, a la vista de la campaña electoral, que los partidos y sus líderes no defienden un programa, se

defienden a sí mismos. Los lemas elegidos vienen a probarlo. Suárez se defiende del incumplimiento de

los pactos de la Moncloa Felipe, de la debilidad que el PSOE ha tenido en cuestiones básicas como el

terrorismo de ETA; Carrillo, de haber puesto a trabajar, en s´u favor, el voto que obtuvieron los demás

partidos el 15-J; por último, la izquierda diferente, se defiende del mimetismo en que ha incurrido

respecto de la otra izquierda hasta lograr ser aceptada en sociedad. Salir del «ghetto» ha sido su prioridad,

como lo fue antes para el PCE.

Si de los lemas pasamos a las caras –el espejito cibernético del Palacio de Exposiciones no tiene más que

dos respuestas sobre lo que Areilza llamaría la fotogénica: Suárez o Felipe. Por eso, la invasión en

tecnicolor de otros líderes que han puesto su cara a contribución en los carteles ha sido un despilfarro.

Eso sí que es tirar el dinero comentaba .un periodista.

Fracaso sin alas

En esta ocasión todos nan querido vendernos sus caras olvidando las críticas que dirigieron a quienes

pusieron las suyas por adelantado el 15-J. Como en aquel chiste, que publicó en D16 El Roto, se ha

cumplido el «todo por la borda» en busca del escaño.

Podrá discutirse si el recurso a unos procedimientos calcados a los de los poderosos habrá agigantado la

inferioridad de quienes disponen de medios limitados; pero es indudable que ha contribuido a difuminar

los valores diferenciales en juego. Al aceptar la batalla en ese terreno lo que ya no les quedará a los

derrotados será el consuelo que brindan los versos de Agustín García Calvo en su soneto teológico:

Enorgullécete de tu fracaso /que sugiere lo limpio de la empresa.

Volviendo a los grandes, UCD y PSOE se han hecho en la campaña acusaciones mutuas qué hubieran

podido holgadamente asumir como autocrítica propia. Desde el PSOE se ha insistido en que Suárez es un

desclasado y en que ha sido incoherente con el voto que le dieron las clases poseedoras. En cuanto a

UCD, ha sido descrita por los socialistas como un agregado de intereses carente de ideología y refugio de

tránsfugas franquistas. A la recíproca, desde la UCD se han dirigido ataques al PSOE por la supuesta

ocultación frente a los electores de su carácter y propósitos marxistas y los ucedeos han hecho hincapié en

la falta de equipos competentes y de experiencia de gobierno de los socialistas.

Coherencias y convergencias

Viene al hilo de esta polémica el confortable aforismo de Emerson que recoge Javier Muguerza:

«Las coherencias tontas son la obsesión de las mentes ruines.» Y además habría que recordar aquí dónde

nos llevaron los políticos coherentes de la II República. Porque nadie podrá negar que Gil-Robles lo fue

en defensa de los intereses de sus votantes de la derecha. A imagen y semejanza de esa actitud, tuvimos

una izquierda de maximalismo creciente. Y el proceso de impecable coherencia concluyó en las trincheras

defendiendo las posiciones armas al brazo.

El liderazgo de´ Suárez, por él contrario, ha conducido la derecha hacia el centro (la reforma fiscal es su

mejor exponente). Felipe, por su parte, impulsa al PSOE en el mismo sentido (la renuncia al marxismo

parece próxima). Por eso —sin ignorar otras contribuciones— se ha producido la convergencia política

que hace ahora este país razonable. Sobre esa base, los partidos, que por efecto de la campaña electoral

han entrado en interacción con el electorado, se han visto precisados a formular sus ofertas en el espacio

previamente ocupado por el pueblo.

Voto al necesitado

Un espacio que tiene sus zonas de envilecimiento, rastro de los cuarenta años de dictadura que asolaron

tantos valores morales. Por eso, a veces, surge la duda de si lo que se busca es profundizar la democracia

o, simplemente, un puesto en la mesa de la corrupción.

Nos han estado pidiendo el sufragio y todos nos han querido presionar con el argumento del voto útil,

pero queda por ahí mucho irreductible.

—Usted, señora, ¿a quién va a votar?

Yo a los comunistas.

---Sí, pero ¿a cuáles?

A los que más lo necesiten.

Así que vistas las necesidades de esta hora española, con frialdad matemática no queda más que votar a

quien pueda gobernar con mayoría o responsabilizarse de la´ tarea de oposición, cuyo ejercicio es clave

para que funcione la democracia proclamada en nuestra Constitución. Veremos qué da de sí el recuento

de madrugada.

Miguel Ángel Aguilar

 

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