Rueda de prensa del presidente Arias en TVE. 
 "No considero necesaria, conveniente ni oportuna la reforma constitucional"     
 
 Informaciones.    27/02/1975.  Página: 16-19. Páginas: 4. Párrafos: 70. 

RUEDA DE PRENSA DEL PRESIDENTE ARIAS EN TVE.

"No considero necesaria, conveniente ni oportuna la reforma constitucional"

MADRID, 27. (INFORMACIONES.)—En la noche de ayer, el presidente del Gobierno, don Carlos Arias

Navarro, mantuvo una rueda de Prensa ante la Radio-Televisión Española. Por la trascendencia de estas

declaraciones ofrecemos a continuación el texto íntegro de las mismas.

DON MANUEL AZNAR.— Buenas noches, señor presidente del Gobierno y queridos compañeros míos.

Buenas noches para los 15 ó 17 ó 20 millones de telespectadores que nos ven y nos escuchan. Heme aquí

cumpliendo el papel de moderador o moderante, según viejas tradiciones académicas. Yo me pregunto,

¿moderador de qué si no advierto cerca de mi el menor síntoma de inmoderación? Preferiría llamarme

tramitador, encauzador, concertador del diálogo entre el preguntado y cada uno de los preguntantes. Unos

y otros me han hecho la gran merced de creerme digno de este honor. Para todos mi agradecimiento.

Coinciden en este coloquio un ardiente deseo y un sincero designio; el deseo corresponde a la Prensa, que

considera de mucha y aun grave importancia la frecuente y abierta comunicación informativa del

presidente del Gobierno con el pueblo; el designio, según mis noticias, es del presidente Arias Navarro,

que tiene formado el propósito de comparecer directamente de tiempo en tiempo ante la opinión pública,

utilizando para ello los poderosos medias informativos de que dispone el país. Así ha nacido esta

convocatoria de hoy, que será continuada, según creo, en ocasiones futuras.

Ante todo reciba el excelentísimo señor presidente del Gobierno el saludo muy respetuoso y a la par muy

cordial de este moderador y de cuantos compañeros periodistas van a cumplir su delicada y apasionante

tarea. Representan en estos momentos por vías de compañerismo a toda nuestra profesión y estoy seguro

de que ella se adhiere a nuestro saludo y a nuestro reconocimiento hacia el jefe del Gobierno español.

Pese al positivo ánimo de quienes van a preguntar y de quien ha de responder, es indispensable que

alguien fije determinados límites y asegure ciertos cauces al diálogo. Primero, porque si en una sola

sesión se diera paso a cuanto a la Prensa como valedora de la opinión pública quiere saber, sería tal el

número de preguntas que aquí nos darían las horas del alba sin haber agotado nuestro afán.

En segundo lugar, porque el arte y oficio del periodismo televisado depara más que ningún otro el

gravísimo peligro de convertirse en una siniestra pesadilla si se entrega a prolongados debates y a

insistencias inacabables. En muy pocas actividades informativas y periodísticas es tan temible la

aparición de la pesadez como en el empleo inmoderado y torpe de la pequeña pantalla. Por eso habrá que

reducir el temario hoy a lo que el tiempo y la ocasión toleran, y quedarán muchas interrogaciones para

nuevas ediciones venideras.

Quiero adelantarme a una observación que el público espectador televidente formulara de seguro: la de

que hoy no se ha de aludir a ningún problema relacionado con la política exterior. Nos limitaremos de

acuerdo mis compañeros y yo a ciertas preocupaciones principales y urgentes de la política interior,

porque sería imposible, sin riesgo de muchísima confusión, mezclar estas últimas preocupaciones a que

aludo con el examen de problemas como los de la relación Iglesia-Estado, Marruecos-España,

negociaciones con el Mercado Común, política franco-española, bases militares de utilización conjunta

hispano norteamericana, comercio internacional, tratos de especial significación con la Gran Bretaña y

otros de muy subido interés. Pienso que ya vendrá ocasión propicia de hablar de todo ello con el necesario

sosiego y con la debida amplitud.

Vamos, pues, para que no se nos pase el tiempo en prólogos, a iniciar el trabajo que aquí nos ha traído.

Tras un cambio de impresiones con mis compañeros periodistas, me he tomado la libertad de agrupar sus

curiosidades, sus curiosidades y las mías, en unos cuatro capítulos. Los periodistas que van a interrogar al

excelentísimo señor presidente del Gobierno están altamente calificados por su prestigio en la profesión;

se trata de Antonio Herrero Losada, director de la Agencia Europa Press; don Francisco Cáceres, director

del diario santanderino «Alerta»; don Antonio Barrena, director de El Correo Español, El Pueblo Vasco,

de Bilbao; don Horacio Sáenz Guerrero, director de «La Vanguardia», de Barcelona; don Cristóbal Páez,

director de «Arriba», de Madrid, y don Victoriano Fernandez Asís, que representa aquí hoy a la Radio y a

la Televisión.

El primer tema coloquial podría ser el de las reflexiones políticas, económicas y sociales que sugiere el

transcurso de un año que a los efectos de este encuentro llamaremos el «año Arias». Pero antes de entrar

en estas materias de interés generalísimo y de preocupación nacional, yo quiero hacerle, si él me lo

permite, al señor presidente, una pregunta de formulación más inmediata que cumple exactamente al día

de hoy, y es ésta: Como él sabe, como sabemos todos anda ya por todos los círculos del comentario

público y aun por las páginas de la Prensa y por los servicios de las agencias el rumor o la noticia, como

queramos llamarle, de que hay dentro del Gobierno un cambio inminente por vía de la dimisión del señor

ministro de Trabajo. No creo que fuera indiscreto por nuestra parte como periodistas, sino obligatorio,

rogar al señor presidente del Gobierno que poniendo de una parte punto a los rumores y a las noticias que

no tengan sentido, de otro lado nos aclare lo que en todo esto pueda haber de verdad. Señor presidente,

¿qué hay de cierto sobre lo que se dice de la posible salida del Gobierno del señor ministro de Trabajo?

EL TEMA DE LICINIO DE LA FUENTE SEÑOR PRESIDENTE.—

Querido embajador: como muy bien acaba de decir, para un periodista, en este paso para un maestro de

periodistas, no hay pregunta indiscreta, sino pregunta obligada, sobre todo cuando el tema es palpitante y

de actualidad. Yo tampoco puedo contestar íntegramente porque no debo sino referirme a aquello de lo

que soy depositario, pero no a resoluciones que no está a mi alcance adoptar. Licinio de la Fuente,

valiosísimo; entrañable colaborador de mucho tiempo, ya el verano pasado apuntó su deseo, su criterio de

que prácticamente su programa estaba casi cumplido y de que lo que todavía restaba por realizar estaba

fuertemente condicionado por las circunstancias difíciles, las circunstancias económicas en que

actualmente España y el mundo entero se desenvuelve, y que en esta situación consideraba preferible

dejar paso alguien con nuevas iniciativas y nuevos ímpetus le reemplazara en la cartera de Trabajo.

Con natural egoísmo me he resistido a ser partícipe, o a ser vehículo, de esta aspiración hasta que

efectivamente su insistencia y su firme propósito han hecho que yo tome en consideración este deseo tan

sentido por Licinio de la Fuente. He recogido la versión y he admirado la pormenorización con que la

Prensa capta hasta el más mínimo detalle del palpitar de la vida nacional, y quiero hacer la aclaración de

que supuestos conflictos, contradicciones, disparidades de criterios, si han existido, se mueven y se han

movido como se moverán siempre, en el Ámbito del Consejo de ministros, dentro de los tonos de la

mayor cordialidad. Es evidente que temas que afectan a puntos vitales de la nación tengan que ser

considerados desde muy distintos puntos de vista, y en todos ellos se pone la fuerza de convicción, el

convencimiento, pero también el respeto la consideración a cualquier discrepancia que pudiera surgir. No,

el tema de Licinio de la Fuente venía planteado ya de antiguo, y si en el último Consejo de ministros se

esbozó —porque no se entra ni siquiera en el tema de una manera definitiva— algo que la Prensa recoge,

ello se deslizó con la habitual cordialidad, con el entrañable afecto y con el sentido de mutuo respeto con

que siempre se producen las deliberaciones del Gobierno.

SEÑOR AZNAR,—Pues muchísimas gracias, señor presidente, por esta información que se ha servido

darnos y tras ello vamos a entrar, como antes he dicho, en el primer capítulo de las curiosidades

periodísticas del coloquio de hoy, las relativas al «año Arias». Y a propósito del «año Arias», realmente

como primera pregunta tengo que decir que hace unos días, muy pocos, leía yo en Nueva York unas

declaraciones que hizo usted, señor presidente, a un periodista norteamericano. En ellas me pareció ver

reflejado su espíritu enterizo que todos conocemos, su inclinación al optimismo y su ánimo firme, pero no

le oculto que de otros lados me llegan y nos llegan versiones (ya sabe usted, señor presidente, que hay

muchas gentes que creen que el arte de la política es el arte de manejar el rumor); nos llegan, digo,

versiones que tienden a presentarle como un hombre cansado, escéptico, solo. A mí me cuesta mucho

trabajo tomar en serio esta segunda versión, aunque sé cuan áspera, dura, amarga y apesadumbrante

resulta la vida del político con altas responsabilidades de Gobierno: pero, en fin, ¿cuál es la verdad de su

estado de espíritu? Creo que a millones de españoles les importa saberlo con la necesaria claridad

SEÑOR PRESIDENTE. Querido embajador: Cuando una tarea se asume con fervor, con entusiasmo,

con ilusión y esa tarea está inevitablemente esmaltada de preocupaciones y de responsabilidad es lógico

que se filtre de vez en cuando un momento de cansancio o de fatiga. Pero a mi me interesa puntualizar

que esa sensación, es de un cansancio estimulante, en cierto modo confortador. Cuando hago el balance

de la jornada estoy seguro de que sentiré la misma sensación del albañil que ha estado durante todo el día.

trabajando en su andamio, o del agente de tráfico que ha estado ordenando la circulación, o la de ustedes

mismos, los periodistas, que están persiguiendo y confeccionando febrilmente la noticia, que quieren que

les llegue rápida y trepidante a sus lectores, pero jamás he sentido ni el hastío, ni el desaliento, ni la

indiferencia, ni mucho menos el pesimismo.

Cuando Su Excelencia el Jefe del Estado tuvo la bondad de confiarme la Presidencia de Gobierno medí

exactamente el peso de la carga que iban a depositar sobre mis hombros, y le confieso que ni entonces ni

ahora he sentido el más mínimo síntoma de desfallecimiento ni de cansancio. Yo diría que el demonio,

que tampoco perdona al presidente del Gobierno, de vez en cuando me visita con sus tentaciones como a

todos los mortales y pretende fascinarme con un panorama de molicie, de descanso, de bienestar, pare el

tema de España es tan fascinante, el compromiso es tan trascendente que basta un papirotazo para que el

diablo desaparezca. Pero en fin, a todos los que puedan albergar esa duda sobre posibles tibiezas,

laquezas, desalientos, les daría un medio de disiparlas inmediatamente; que se acerquen al palacio de El

Pardo, que aunque sea desde la lejanía contemplen esa luz permanentemente encendida en el despacho

del Caudillo, donde el hombre que ha consagrado toda su vida al servicio de España, sigue sin

misericordia para consigo mismo, firme al pie del timón, marcando el rumbo de la nave para que los

españoles lleguen al puerto seguro que él les desea. Tengo la seguridad de que se avergonzarían de pensar

que nadie pueda sentir tibieza, desaliento o cansancio en el desarrollo de su tarea.

SEÑOR AZNAR. — Muy bien, señor presidente. Como algunos compañeros míos de los aquí presentes,

me han mostrado deseo de formularle algunas preguntas precisamente sobre este capitulo del «año

Arias», y uno de ellos es don Antonio Herrero, director de Europa Press, yo le voy a rogar que inicie él

este dialogo con el señor presidente.

TODAS LAS PARTICIPACIONES SON NECESARIAS

SEÑOR HERRERO.—El 12 de febrero, señor presidente, recibió usted un gran homenaje por parte de las

fuerzas más vivas del régimen en las Cortes Españolas, cuando expuso usted su programa de gobierno.

Desde entonces se han producido muchos acontecimientos, entre ellos la baja de tres miembros de su

Gobierno. ¿Usted nos querría decir si ha contado con las adhesiones y lealtades necesarias para llevar a

cabo ese programa que expuso usted hace poco más de un año?

SEÑOR PRESIDENTE. Todas las colaboraciones son pocas y todas las participaciones necesarias para

desempeñar una tarea tan ardua como la que me ha sido confiada. Debo declarar que han sido muy

generosos para conmigo, que nunca me ha faltado asistencia, ayuda, consejo, orientación, pero sobre todo

me he sentido permanentemente asistido por la confianza y por el ejemplar magisterio de Su Excelencia

el Jefe del Estado, su dilatada experiencia política, su excepcional categoría de estadista, el profundo

conocimiento que tiene de España, de los españoles, de los problemas que la patria tiene planteados,

hacen de él no un consejero, sino un maestro indiscutible e inimaginable. Yo reconozco que en algunas

ocasiones, cuando al tratar de cualquier tema importante o problema surge o me asalta una vacilación, una

duda, yo creo que no es necesario ni siquiera un monosílabo; basta un gesto de Su Excelencia para que el

rumbo aparezca claro y diáfano y me encuentre ya confortado y asistido en la decisión que debo

proponerle.

* «LICINIO DE LA FUENTE, VALIOSÍSIMO COLABORADOR, YA EL VERANO PASADO

APUNTO SU DESEO DE DEJAR PASO A QUIEN CON NUEVAS INICIATIVAS LE

REEMPLAZARA»

* «ADMIRO LA PORMENORIZACION CON QUE LA PRENSA CAPTA HASTA EL MAS

MÍNIMO DETALLE DE LA VIDA NACIONAL»

* «LAS DISPARIDADES EN EL ÁMBITO DEL CONSEJO DE MINISTROS SE MOVERÁN

SIEMPRE DENTRO DE LOS TONOS DE LA MAYOR CORDIALIDAD»

* «JAMAS HE SENTIDO NI EL HASTIO, NI EL DESALIENTO, NI LA INDIFERENCIA, NI

MUCHO MENOS EL PESIMISMO»

* «LO QUE ESPAÑA QUIERE ES QUE SE SEPA CONCILIAR LA ESTABILIDAD CON LA

INNOVACIÓN, LA PAZ DE FRANCO CON EL PROGRESO»

Por lo demás, debo proclamar que a lo largo del año que ha transcurrido, el equipo gubernamental ha

creído advertir difusamente una cierta sensación de asentimiento, de acompañamiento, que agradece y

que le conforta. Salvo minorías radicalizadas, creo que lo que España quiere, lo que todos los españoles

están solicitando fervorosamente en el mundo íntimo de su conciencia, es que se sepa conciliar la

estabilidad con la innovación, la paz de Franco con el progreso, y la defensa a ultranza del Régimen con

aquellas mutaciones que el transcurso del tiempo y las propias realizaciones del Régimen hacen

aconsejables.

Por de pronto, como decía, nos sentimos asistidos de un ambiente de comprensión, pero quiero que en

este punto concreto conste en primer lugar la ayuda, la asistencia, la colaboración de los medios de

comunicación social, a los que en este momento deseo rendir y reiterar el testimonio de mi admiración y

de gratitud. Esto no es nuevo ni en mis palabras ni en mi conducta. En todos los cargos que he

desempeñado —Fernández Asís ha asistido a muchos de ellos, sobre todo en mi etapa de alcalde— he

proclamado la inapreciable colaboración que representan para quien tiene una carga de gobierno los

medios de comunicación, Hoy, elevado a la Jefatura del Gobierno, debo declarar que sin esta asistencia

no concibo la posibilidad de pilotar ni de tripular la nave sin extraviarme o perder el rumbo.

Cierto es que, naturalmente, la discrepancia o la variedad de criterios y de opiniones algunas veces

desorientan, desenfocan o hacen vacilar para formar un juicio propio; pero precisamente esta pluralidad

de criterios no deja de enriquecer también la gama y la serie de resortes o de puntos de vista que se

pueden tomar en consideración.

Por lo demás, si quiero agotar la contestación a la pregunta, no dejaría de decirte que personalmente sí he

sentido la picadura, el dolor de ciertos sectores, por fortuna minoritarios, que se sienten inquisidores de la

ortodoxia y que me han tachado de desviacionista. Bueno, yo respeto este criterio, esta censura, pero me

alienta la seguridad de que la tacha es tan quimérica que sólo en pequeños cenáculos o en minorías muy

radicalizadas ha podido prosperar.

EL SISTEMA POLÍTICO ES PERFECTIBLE

SEÑOR FERNANDEZ ASÍS. Señor presidente: La dinámica de la sociedad española, evidentemente

acelerada en los últimos años, se ajusta de modo exacto o aproximado, digamos, a las medidas de apertura

acordadas después de su discurso del 12 de febrero, o va por delante, y en definitiva, esas medidas, sin

otras más, ¿bastaran para soportar la prueba inherente al momento en que se cumplan las previsiones de la

ley de Sucesión?

SEÑOR PBESIDENTE. —Cuando Su Excelencia el Jefe del Estado me honró con la presidencia del

Gobierno tras el atentado que nos privó de esa figura prócer que está siempre presente en nuestro

pensamiento y en nuestro corazón, el almirante Carrero Blanco, se me planteó una alternativa que me

sumió en una profunda reflexión. En aquel momento yo podía pronunciarme o por una continuidad

absoluta, lineal, íntegra, de la política del almirante, en la que yo había aprendido algo durante los meses

que estuve a sus órdenes, o bien dejaba hablar a mi conciencia y me enfrentaba con un horizonte de

medidas políticas que a mi juicio el tiempo iba anticipando y haciendo más necesarias.

Confieso que la reflexión fue ardua y que no se me pasó inadvertido que esta última solución para mi era

la más problemática, la más desagradable, la que iba a provocar en torno mío una mayor y más encendida

polémica. Para muchos, las medidas que yo adoptara iban a resaltar insuficientes; para otros iban a

resultar imprudentes, excesivas, e incluso ciertos sectores, políticamente muy vinculados a mí, sentirían

hasta la sensación de desconfianza de si no había una inconsecuencia entre mi programa y lo que había

sido la línea política de toda mi vida. Pero después de, como digo, una profunda reflexión, me di cuenta

de que me encontraba en un momento en que ya no podía formular preguntas a nadie; que estaba

investido de una responsabilidad que me obligaba a ser yo el que diera la respuesta, y no lo dudé: di una

respuesta positiva y dije que sí. Dije que España, que la juventud, que la generación actual, a mi juicio,

están plenamente capacitadas para aceptar el reto, su futuro destino en la historia, precisamente ese

destino que le ha fabricado, que le ha preparado la previsión, la prudencia, la tenacidad del Jefe del

Estado. Pero, claro, para esto es necesario que empecemos por reconocer con cierta humildad que el

sistema es perfectible, que a los Principios Fundamentales, que a los Principios del Movimiento, no se les

ha sacado todo el contenido, un contenido inagotable en el campo social, en el campo político, en el

campo de la cultura, en el campo ele la organización política; es decir, que los Principios Fundamentales

están todavía en plena lozanía y con una absoluta posibilidad de desarrollo.

«LAS ACUSACIONES QUE SE ME HACEN DE DESVIACIONISTA SON QUIMÉRICAS»

En este sentido creo que debemos seguir esta línea de perfectibilidad. Por esto, cuando propugnamos la

democratización de las Corporaciones locales en su constitución, cuando subrayamos la conveniencia de

acentuar la independencia de la Cámara frente al Gobierno, cuando sentimos la preocupación de dar una

máxima representatividad a la Organización Sindical, cuando pensamos tantas y tantas otras cosas, no

hacemos bino pensar que estamos desarrollando, que estamos siguiendo ese caudal inagotable de los

Principios del Movimiento que están diciéndonos cuál es la ruta que debemos seguir, pero no en un

inmovilismo, sino en un desarrollo lógico, pausado y siempre acorde con las líneas que nos marcan.

MUY FIRMES, PERO TAMBIÉN MUY GENEROSOS

A los hombres del 18 de julio —y que me perdonen los jóvenes que me están escuchando— nos ha sido

dado un privilegio histórico, yo diría irrepetible, o por lo menos infrecuente; el de asistir a la hora

fundacional de un Estado. Si queremos que esa hora fundacional tenga trascendencia histórica, si

queremos que el 18 de julio sea para España lo que la Revolución fue para Francia, o lo que para

Norteamérica fue su independencia, o lo que el famoso octubre fue para la Unión Soviética, tenemos que

ser muy firmes, pero también muy generosos; muy firmes, rayanos en la intransigencia, en aquello que

significa el mantenimiento y la defensa de los Principios Fundamentales del Movimiento. Esto no

podemos someterlo ni a revisión ni a debate; esto es intangible. Es la piedra angular sobre la que descansa

y se basa no ya un sistema, sino la proyección histórica de España para el futuro. ¿Muy generosos? Si.

Muy generosos, porque ese edificio que entre todos hemos levantado, no pierde nada porque en él se

dejen oír voces plurales, criterios, tendencias, opiniones, es decir, las líneas maestras del edificio no se

van a cuartear ni a resquebrajar, sino que, al contrario, van a cobrar variedad, armonía, en un contraste de

criterios y concurso de pareceres que ya en las horas fundacionales del Movimiento se consideraba

indispensable para asegurarle su futuro.

LA BANDERA DEL 12 DE FEBRERO NO ESTA ARRIADA

SEÑOR BARRENA. No voy a referirme ahora a la actitud o a la situación planteada al Gobierno por la

postura del ministro de Trabajo, Licinio de la Fuente, porque sobre ella le ha preguntado nuestro

embajador y ha contestado cumplidamente el señor presidente. Yo quisiera referirme aquí a la crisis

planteada hace unos meses por el cese de Pío Cabanillas y la dimisión de Antonio Barrera. ¿No cree el

señor presidente que esta pequeña crisis resta credibilidad a su programa del 12 de febrero?

SEÑOR PRESIDENTE. — Creo que el programa de una política, y sobre todo la filosofía que tras él

subyace, deben trascender del punto realmente anecdótico de a personalidad de los miembros que

integran el Gabinete. La extraordinaria personalidad política y el fuerte prestigio de los actuales ministros

de Hacienda y de Información y Turismo no creo que tengan que ser objeto de contraste ni de

comparación con los anteriores, pero hay algo que en último término significa la garantía última de

continuidad. El hecho de que el presidente esté aquí pronunciando estas palabras es la más rotunda

demostración de que la bandera del 12 de febrero no está arriada.

SEÑOR PAEZ Señor presidente: Me voy a permitir iniciar un tema capital, un tema importante que nos

afecta a todos muy directamente: el tema económico ¿Cómo enjuiciaría la coyuntura económica? ¿Es

buena, mala o simplemente regular?

LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS EN EL \/ÉRTICE DEL VENDAVAL

SEÑOR PRESIDENTE. — Querido Páez, celebro y lamento que se me formule esa pregunta, y los dos

sentimientos están justificados, porque me interesa que todos los españoles tengan conciencia y

conocimiento de cuál es la verdadera situación. Y lamento que la situación no sea nada buena ni

tranquilizadora.

La actual coyuntura económica de España no puede sustraerse a la crisis que el mundo entero padece; es

una crisis generalizada que abarca todas las economías, porque prácticamente no se concibe ninguna que

gire en una órbita propia. Recuerdo que allá en la época de los treinta, un político español. Cambó,

afirmaba que la economía española estaba débilmente, imperceptiblemente afectada por los factores

exteriores; y decía una gran verdad, porque en aquella época el sol y las lluvias eran los únicos factores

que determinaban si había cosecha o no había cosecha, ya que España se desenvolvía en un grado si no de

subdesarrollo, sí de una modestísima economía.

Pero esta verdad de la década de los treinta no es la verdad del año 1975, cuando contamos con los 2.000

dólares de renta por habitante y año y se ha abierto un proceso evidente de desarrollo. ¿Qué ha ocurrido?

Pues ha ocurrido pura y simplemente que España se ha abierto al exterior. España ha dejado de

defenderse numantinamente cerrando sus fronteras; las ha transpuesto, ha soportado una competencia de

la que ha extraído una tecnología estimable, una configuración de empresas de tipo y factura europeas, es

decir, un ritmo, una agresividad, un acto de presencia que la incluye ya en ese haz de economías hoy

afectado por la crisis. Simplemente, las cifras de importación y exportación de España en el año 1930,

cuando hablaba Cambó, apenas significaban el 9 por 100 de nuestra economía; en el año 1960 ya ese

porcentaje había subido a un 30 por 100; el año pasado, el movimiento plural de importaciones y

exportaciones rebasaba el 35 por 100.

¿Y cómo está hoy esta economía? Pues está en el vértice de ese vendaval que se ha desencadenado en el

mundo, con una elevación de precios que todavía ni los economistas de más fama y renombre se atreven a

vaticinar ni su perspectiva ni su desenlace. No solamente ha sido esa meteórica elevación de los productos

petrolíferos, que representa prácticamente una elevación del 50 por 100; es que al mismo tiempo se han

desencadenado en espiral los precios de los productos alimenticios, de los fertilizantes, de los productos

siderúrgicos, y claro, necesariamente todo eso tenía que afectar a una economía como la española, que

estaba en una estrecha interdependencia con las de los demás países.

¿Cuáles han sido sus con secuencias? Por de pronto, una elevación de precios: de precios de los productos

petrolíferos y de todos los demás a que me he referido. Segunda consecuencia: acentuar la difícil

situación de nuestra balanza de pagos. Tercera, desacelerar el ritmo de nuestra producción y, por tanto, de

nuestro desarrollo, y finalmente, como consecuencia inevitable, la de aumentar el volumen del

desempleo.

«EXPLÍCITAMENTE, EL ESTATUTO ASOCIATIVO NO EXCLUYE A NINGUNA FUERZA

POLÍTICA; IMPLÍCITAMENTE. SOLO AQUELLAS QUE SE OPONGAN ANTAGÓNICAMENTE

AL MOVIMIENTO QUEDAN MARGINADAS»

EL TESORO NACIONAL HA SUFRIDO UN GRAVE QUEBRANTO

¿Cuál podría ser la actitud del Gobierno frente a este hecho insólito, inesperado? No tenía más que dos

soluciones. O bien decir, si los precios han subido, que repercutan directamente sobre el consumidor.

Hubiera sido la catástrofe económica. Si el peso de esas elevaciones se hubiera desplomado de pronto, no

habría habido empresa, ni economía, ni familia que pudiera soportarlo. O bien la más prudente de

interponer el Tesoro sus recursos como un elemento de drenaje, como un elemento de atenuación en tanto

que las empresas, las economías, nuestras instituciones, nuestra organización pudieran rehacerse no ya de

la sorpresa, sino rehacer sus propios mecanismos para hacer frente a la situación. Conste que el Tesoro ha

sufrido un grave quebranto. Vaya por vía de simple enunciación que ese kilo de azúcar que el ama de casa

está pagando a 23 pesetas y que motiva justificadas, vamos, justificadas..., motiva quejas porque lo

considera muy excesivo, al Gobierno le cuesta en puerto 60 pesetas, es decir, que ya 37 pesetas, por de

pronto, está pagando el Estado por cada kilo de azúcar que se consume y, sin embargo, lo ha considerado

necesario, como ha considerado necesario hacerlo con las importaciones de petróleo y con las

importaciones de fertilizantes y con las importaciones de otros productos sin los cuales nuestra economía

se paralizaría en absoluto.

¿La balanza de pagos? La balanza de pagos pudo enfrentar ese choque brutal, ese traumatismo, porque,

afortunadamente, había llegado a un nivel estimable; por tanto, pudo de momento hacerle frente, y puede

hacerle frente durante algún tiempo, porque el estado de la economía española, dentro de este vendaval en

que nos movemos, presenta la sanidad y el crédito suficientes para que en el exterior se nos acoja sin

desconfianzas ni recelos.

La desaceleración de nuestro ritmo de producción o de desarrollo es consecuencia difícilmente corregible.

Si aumenta el precio de las materias primas, aumenta el hierro, aumenta el petróleo, aumenta el carbón,

pues necesariamente todos los factores del coste se resienten; pero es que, al mismo tiempo, han variado

—y yo no pongo censura, sino simplemente cifras, porque la economía no puede moverse en

consideraciones convencionales, sino en cifras— los costes salariales: mientras en el año 1974 las

estadísticas nos dicen que el coste de vida subió en un 18 por 100 en España, nos demuestran que el

aumento de los salarios fue de un 28 por 100 y para aumentar nuestra desolación nos dicen que la

productividad industrial descendió a un 3 y medio por 100 ,¿Esto es bueno?; desde luego, no. ¿Es justo?:

podrá serlo en un momento de opulencia, de riqueza, de derroche, pero en los actuales momentos es

peligroso, insostenible y grave.

El índice de desempleo, este problema lo viene siguiendo el Gobierno con la misma preocupación con

que el médico pone el termómetro y vigila la temperatura casi cada dos horas. Por fortuna —y somos una

exepción no en Europa, sino en el mundo—, el volumen de desempleo no llega al 2 por 100; pero frente a

ello el Gobierno tampoco permanece indiferente Moviliza, dentro de la penuria y de la limitación de sus

medios, y pone en circulación 30.000 millones de fondos de acción coyuntural para que no se interrumpa

la actividad, financia e impulsa las inversiones, estimula por todos los medios, hace desgravaciones,

provoca y prima las exportaciones. Es decir: hace cuanto está a su alcance para vencer este primer

colapso del que inevitablemente algún día tendremos que salir, porque no solamente España o Europa, el

mundo no puede desenvolverse dentro de este desconcierto y de esta inestabilidad de los precios.

SOSTENER ENTRE TODOS LAS CARGAS DEL ESTADO

SEÑOR CÁCERES.—La Reforma Tributaria, señor presidente, es tema. que periódicamente atrae la

atención de los órganos de opinión, y más aún, por supuesto, cuando la situación económica añade nuevos

problemas a la Hacienda Pública. Señor presidente, ¿tiene el Gobierno en su agenda el propósito de

acometer la Reforma Fiscal?

SEÑOR PRESIDENTE. — Efectivamente, el tema de la Reforma Tributaria es de extraordinario interés,

no so1o porque los ingresos fiscales constituyen la más importante fuente que nutre el Tesoro, sino

porque una norma de estricta justicia distributiva demanda que cada cual contribuya con arreglo a sus

posibilidades. El Gobierno no olvida este apremiante deber que incluye en su agenda, y aprovecho esta

oportunidad para hacer una apelación a la conciencia de todos los españoles, a fin de que, lejos de

considerarlo como una carga gravosa, estimen como un alto honor el contribuir, en la medida de sus

fuerzas y de sus posiciones económicas, a este deber de ciudadanía que es el asostenimiento de las cargas

del Estado.

SEÑOR SAENZ GUERRERO.—Si me permite el señor moderador que cambie de plano, le agradecería

al señor presidente que me contestase a lo siguiente. La Ley Orgánica, en su artículo 45, señala que

también podrán establecerse divisiones territoriales distintas de las provincias. En más de una ocasión

algún ministro, y concretamente en Barcelona el vicepresidente primero del Gobierno, han aludido a esta

cuestión, que considero entre las más interesantes para nuestro futuro: la de una política descentralizadora

(no empleo el término desconcentradora simplemente porque el vocablo no me gusta), ¿podría decirnos

ateo sobre ello, por favor?

SEÑOR PRESIDENTE.—El señor Sáenz plantea un problema para mi del máximo interés y sobre el que

voy a contestar con la mayor concisión posible. El artículo 45, efectivamente, prevé la posibilidad de

divisiones territoriales diferentes de las provincias. A mi juicio el precepto no ha quedado incumplido; sin

llegar a región de la que hablaré muy brevemente, por debajo de la provincia existen ya divisiones

territoriales como son la comarca, las zonas de interés turístico, etc.; por encima de la provincia existen

las regiones militares, existen los distritos universitarios, existen las confederaciones hidrográficas, es

decir, el artículo 45 contempla la provincia en una doble vertiente, como una unidad que agrupa una serie

de organismos autónomos, los municipios que culminan en la Diputación y como un eslabón de la

Administración del Estado para la diversificación y realización de sus servicios.

En cuanto al regionalismo, si con ello se quiere aludir a la división territorial de la región, yo establecería

una clara advertencia. Admitimos (o yo admito) el hecho diferencial, peculiar de la región en todo lo que

esté determinado por factores culturales idiomáticos, geográficos, económicos, hasta folklóricos; pero

entiendo que la acentuación política de la región tiene tan triste recuerdo en las repúblicas de 1873 y

1931, que debe ser contenida en sus justas proporciones. Esto no quiere decir, ni roza para nada, el tema

de la descentralización. que no sólo está en la mente, sino en el propósito del Gobierno. Es una necesidad

que cada día se impone, no sólo por la complejidad de los servicios públicos, sino por la conveniencia de

aproximar los órganos resolutivos a las esferas en donde el problema se produce.

LA NEUTRALIDAD NO SE PUEDE ESTABLECER POR DECRETO

SEÑOR AZNAR. — Señor presidente, amigos míos. El tiempo va pasando muy dé prisa y de las

impresiones que hemos tenido esta mañana se deducen todavía un par de temas importantes, de modo que

yo les suplicaría a ustedes que pongamos punto a todas las preocupaciones de carácter económico y

entremos en otro grupo de problemas, ¿no? Digo yo, señor presidente.

Y el siguiente grupo de preocupaciones se refiere, nada menos y nada más, que al Estatuto de

Asociaciones y a la posibilidad de que se organicen en España las asociaciones políticas. El señor Herrero

me hace un signo diciendo que él tiene algo que preguntar. Adelante, señor Herrero.

SEÑOR HERRERO.—Señor presidente: una doble pregunta. De una manera verbal, miembros del

Gobierno han hecho constar que, efectivamente, se garantizaría la igualdad de oportunidades respecto a

las asociaciones políticas, que el Gobierno, más o menos, permanecería neutral. ¿No cree usted que sería

conveniente que hubiera unas normas escritas respecto a estas garantías del Gobierno? Y en segundo

lugar, porque es inmediata consecuencia de esto, es lo siguiente: ¿Cree el señor presidente, que es

compatible el desempeño de un cargo oficial y el poner en marcha una asociación política?

SEÑOR PRESIDENTE. —La primera parte de la pregunta yo se la devolvería diciendo: ¿Cree,

sinceramente, que la neutralidad puede establecerse por decreto? Por muy casuístico que fuera el cuadro

de incompatibilidades ¿llegaría esto a desvanecer recelos y desconfianzas? A mi juicio, la línea divisoria

está en algo que puede aclarar el problema. Cuando en un futuro muy próximo una asociación política

atraiga sobre si el consenso, la confianza o la preferencia de un sector de la nación, es evidente que tendrá

su repercusión en la Cámara. Es evidente que tendrá esta repercusión sus consecuencias en el Consejo del

Reino; incluso, comparecerá en los trámites previos para la propuesta del nombramiento del jefe del

Gobierno: pero el Gobierno, en el momento actual, se encuentra en una situación especial, ha surgido

antes de la botadura de esa nave asociativa y, por tanto, lo único que puede no es prohibir por decreto,

porque es un derecho del que yo no puedo privar a ningún ciudadano, pero lo que sí hace, y lo hace con

absoluto fervor, con encarecimiento, es rogar a todos aquellos alto cargos de la Administración y de las

Instituciones del Movimiento que se abstengan de intervenir como promotores o de facilitar o de actuar

intensamente en el seno de las asociaciones; que se abstengan para desvanecer cualquier recelo de

privilegio, preferencia, desigualdad o primacía. En todo caso, si la norma quedara incumplida, aquella

asociación que considere que se ha conculcado este principio de igualdad de oportunidades, tiene libre el

camino para exponer su agravio ante el Consejo Nacional y la seguridad de obtener la reparación debida.

SEÑOR HERERO. — ¿Entonces hay incompatibilidad o no hay incompatibilidad?

SEÑOR PRESIDENTE.- Decretada no lo está. Están la advertencia y el ruego del jefe del Gobierno, que

incluso sometería, si fuera necesario, a la consideración del Gobierno para plasmarlo en una

incompatibilidad, pero de momento resulta muy difícil y hasta constitucionalmente discutible el que se

pueda privar de este derecho a infinidad de ciudadanos o a una gran parte de ciudadanos.

«NO CONSIDERO CONVENIENTE LA REFORMA CONSTITUCIONAL»

SEÑOR SAENZ. — Señor presidente: hace poco ha aludido usted, o me ha parecido a mí que lo hacía, a

la calidad intangible de los Principios y Leyes Fundamentales. Se me ocurre ahora preguntarle si, a su

juicio, cabe en la interpretación del actual Estatuto de Asociaciones Políticas que haya asociaciones que

prevean, precisamente la reforma de los Principios y Leyes Fundaméntales, y complementariamente con

esto, ¿sería a su juicio admisible que haya asociaciones que aporten en sus programas el procedimiento de

sufragio secreto y universal para completar el sistema de representación actual?

SERÑOR PRESIDENTE. -Nuestra propia Constitución no solamente prevé sino que establece

previsoramente el mecanismo a que ha de sujetarse su posible modificación y, por tanto, como el Estatuto

nada dice a este respecto, es evidente que nada impide que se incorpore a un ideario determinado. Si mal

no recuerdo, alguna asociación, la patrocinada por el señor Cantarero del Castillo, me parece que roza el

tema más o menos. Ahora, respecto de mi opinión personal, creo que antes de pensar en una reforma

institucional debería agotarse la posibilidad de extraer de la legalidad vigente todo el rico contenido a que

antes me refería, porque es evidente que hay una cierta predisposición en todas las cabezas políticas a una

tendencia constituyente como péndulo que haga oscilar el

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27 de febrero de 1975

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