Arias Navarro en TVE. 
 Brazo con brazo, hombro con hombro, mano con mano  :   
 La bandera del 12 de febrero no está arriada. 
 ABC.    27/02/1975.  Página: 17-26. Páginas: 10. Párrafos: 75. 

ABC

MADRID, JUEVES 27 DE FEBRERO DE 1975

ARIAS NAVARRO, EN TVE.

BRAZO CON BRAZO, HOMBRO HOMBRO, MANO CON MANO

LA BANDERA DEL 12 DE FEBRERO NO ESTA ARRIADA

LICINIO de la Fuente, valiosísimo y entrañable colaborador de mucho tiempo, ya el verano pasado

apuntó su deseo, su criterio, de que prácticamente su programa estaba casi cumplido y de que lo que

todavía restaba por realizar estaba fuertemente condicionado por las circunstancias difíciles, las

circunstancias económicas en que actualmente España y el mundo entero se desenvuelven y que en esta

situación consideraba preferible dejar paso a quien con nuevas iniciativas y nuevos ímpetus le

reemplazara en la cartera de Trabajo.» Estas palabras pertenecen a la primera respuesta del presidente del

Gobierno don Carlos Arias Navarro formulada en el transcurso de la rueda de Prensa ofrecida anoche por

Televisión Española. Actuó como moderador el embajador don Manuel Aznar, presidente del Consejo de

Administración de la agencia Efe, quien inició el diálogo con las siguientes palabras:

Buenas noches, señor presidente del Gobierno y queridos compañeros míos. Buenas noches para los 15 o

17 o 20 millones de telespectadores que nos ven y nos escuchan. Heme aquí cumpliendo el papel de

moderador o moderante según viejas tradiciones académicas Yo me pregunto ¿moderador de qué? si no

advierto cerca de mí el menor síntoma de inmoderación. Preferiría llamarme tramitador, encauzador,

concertador del diálogo entre el preguntado y cada uno de los preguntantes. Unos y otros me han hecho la

gran merced de creerme digno de este honor. Para todos mi agradecimiento.

Coinciden en este coloquio un ardiente deseo y un sincero designio: el deseo corresponde a la Prensa, que

considera de mucha y aun grave importancia la frecuente y abierta comunicación informativa del

presidente del Gobierno con el pueblo: el designio, según mis noticias es del presidente Arias Navarro,

que tiene formado el propósito de comparecer directamente de tiempo en tiempo ante la opinión pública

utilizando para ello los poderosos medios informativos de que dispone el país. Así ha nacido esta

convocatoria de hoy, que será continuada según creo en ocasiones futuras.

Ante todo, reciba el excelentísimo señor presidente del Gobierno el saludo muy respetuoso y a la par muy

cordial de este moderador y de cuantos compañeros periodistas van a cumplir su delicada v apasionante

tarea. Representan en estos momentos, por vías de compañerismo a toda nuestra profesión y estoy seguro

de que ella se adhiere a nuestro saludo y a nuestro reconocimiento hacia el jefe del Gobierno español.

Pese al positivo ánimo de quienes van a preguntar y de quien ha de responder, es indispensable que

alguien fije determinados límites y asegure ciertos cauces al diálogo. Primero porque si en una sola sesión

se diera paso a cuanto a la Prensa como valedora de la opinión pública quiere saber, sería tal el número de

preguntas que aquí nos darían las horas del alba sin haber agotado nuestro afán.

En segundo lugar porque el arte y oficio del periodismo televisado depara más que ningún otro el

gravísimo peligro de convertirse en una siniestra pesadilla si se entrega a prolongados debates y a

insistencias inacabables En muy pocas actividades informativas y periodísticas es tan temible la aparición

de la pesadez como en el empleo inmoderado y torpe de la pequeña pantalla. Por eso habrá que reducir el

temario hoy a lo que el tiempo y la ocasión toleran y quedarán muchas interrogaciones para nuevas

ediciones venideras.

TEMA: LA POLITICA INTERIOR

Quiero adelantarme a una observación que el público espectador televidente formulará de seguro, la de

que hoy no se ha de aludir a ningún problema relacionado con la política exterior, nos limitaremos de

acuerdo mis compañeros y yo a ciertas preocupaciones principales y urgentes de la política interior

porque sería imposible sin riesgo de muchísima confusión mezclar estas últimas preocupaciones a que

aludo con el examen de problemas como los de la relación Iglesia-Estado, Marruecos-España,

negociaciones con el Mercado Común, política franco-española, bases militares de utilización conjunta

hispano-norteamericana, comercio internacional, tratos de especial significación con la Gran Bretaña y

otros de muy subido interés. Pienso que ya vendrá ocasión propicia de hablar de todo ello con el necesario

sosiego y con la debida amplitud.

Vamos, pues, para que no se nos pase el tiempo en prólogos, a iniciar el trabajo que aquí nos ha traído.

Tras un cambio de impresiones con mis compañeros periodistas, me he tomado la libertad de agrupar sus

curiosidades, sus curiosidades y las mías, en unos cuatro capítulos. Los periodistas que van a interrogar al

excelentísimo señor presidente del Gobierno están altamente calificados por su prestigio en la profesión;

se trata de Antonio Herrero Losada, director de la agencia Europa Press; don Francisco Cáceres. director

del diario santanderino «Alerta»; don Antonio Barrera, director del «Correo Español-El Pueblo Vasco»,

de Bilbao: don Horacio Sáenz Guerrero, director de «La Vanguardia», de Barcelona; don Cristóbal Páez,

director de «Arriba», de Madrid, y don Victoriano Fernández Asís, que representa aquí hoy a la Radio y a

la Televisión.

El primer tema coloquial podría ser el de las reflexiones políticas, económicas y sociales que sugieren el

transcurso de un año que a los efectos de este encuentro llamaremos el «año Arias». Pero antes de entrar

en estas materias de interés generalísimo y de preocupación nacional, yo quiero hacerle si él me lo

permite, al señor presidente, una pregunta de formulación más inmediata que cumple exactamente al día

de hoy y es ésta: Como él sabe, como sabemos todos, anda ya por todos los círculos del comentario

público y aún por las páginas de la Prensa y por los servicios de las agencias el rumor o la noticia como

queramos llamarle, de que hay dentro del Gobierno un cambio inminente por vía de la dimisión del señor

ministro de Trabajo. No creo que fuera indiscreto por nuestra parte como periodistas, sino obligatorio,

rogar al señor presidente del Gobierno que poniendo de una parte punto a los rumores y a las noticias que

no tengan sentido, de otro lado nos aclare lo que en todo esto pueda haber de verdad. Señor presidente

¿qué hay de cierto sobre lo que se dice de la posible salida del Gobierno de1 señor ministro de Trabajo?.

LICINIO DE LA FUENTE, ENTRAÑABLE COLABORADOR

Sr. PRESIDENTE: Querido embajador; como muy bien acaba de decir, para un periodista, en este caso

para un maestro de periodistas, no hay pregunta indiscreta, sino pregunta obligada, sobre todo cuando el

tema es palpitante y de actualidad. Yo tampoco puedo contestar íntegramente porque no debo sino

referirme a aquello de lo que soy depositario, pero no a resoluciones que no están a mi alcance adoptar.

Licinio de la Fuente, valiosísimo y entrañable colaborador de mucho tiempo, ya el verano pasado apuntó

su deseo, su criterio de que prácticamente su programa estaba casi cumplido y de que lo que todavía

restaba por realizar estaba fuertemente condicionado por las circunstancias difíciles, las circunstancias

económicas en que actualmente España y el mundo entero se desenvuelven, y que en esta situación

consideraba preferible dejar paso a quien, con nuevas iniciativas y nuevos ímpetus, le reemplazara en la

Cartera de Trabajo.

Con natural egoísmo me he resistido a ser partícipe, o a ser vehículo, de esta aspiración, hasta que

efectivamente su insistencia y su firme propósito han hecho que yo tome en consideración este deseo tan

sentido por Licinio de la Fuente. He recogido la versión y he admirado la pormenorización con que la

Prensa capta hasta el más mínimo detalle del palpitar de la vida nacional, y quiero hacer la aclaración de

que supuestos conflictos, contradicciones, disparidades de criterios, si han existido, se mueven y se han

movido como se moverán siempre, en el ámbito del Consejo de Ministros, dentro de los tonos de la

mayor cordialidad. Es evidente que temas que afectan a puntos vitales de la nación tengan que ser

considerados desde muy distintos puntos de vista, y en todos ellos se pone la fuerza de convicción, el

convencimiento, pero también el respeto, la consideración a cualquier discrepancia que pudiera surgir.

No; el tema de Licinio de la Fuente venía planteado ya de antiguo, y si en el último Consejo de Ministros

se esbozó—porque no se entró ni siquiera en el tema de una manera definitiva—, algo que la Prensa

recoge, ello se deslizó con la habitual cordialidad, con el entrañable afecto y con el sentido de mutuo

respeto con que siempre se producen las deliberaciones del Gobierno.

Sr. AZNAR: Pues muchísimas gracias, señor presidente, por esta información que se ha servido darnos y,

tras ello, vamos a entrar, como antes he dicho, en el primer capítulo de las curiosidades periodísticas del

coloquio de hoy, las relativas al «año Arias». Y a propósito del «año Arias», realmente como primera

pregunta tengo que decir que hace unos días, muy pocos, leía yo en Nueva York unas declaraciones que

hizo usted, señor presidente, a un periodista norteamericano. En ellas me pareció ver reflejado su espíritu

enterizo que todos conocemos, su inclinación al optimismo y su ánimo firme, pero no le oculto que de

otros lados me llegan y nos llegan versiones (ya sabe usted, señor presidente, que hay muchas gentes que

creen que el arte de la política es el arte de manejar el rumor); nos llegan, digo, versiones que tienden a

presentarle como un hombre cansado, escéptico, solo.

A mi me cuesta mucho trabajo tomar en serio esta segunda versión, aunque sé cuan áspera, dura, amarga

y apesadumbrante resulta la vida del político con altas responsabilidades de Gobierno: pero, en fin, ¿cuál

es la verdad de su estado de espíritu? Creo que a millones de españoles les importa saberlo con la

necesaria claridad.

NI DESALIENTO, NI PESIMISMO

Sr. PRESIDENTE: Querido embajador: cuando una tarea se asume con fervor, con entusiasmo, con

ilusión y esa tarea está inevitablemente esmaltada de preocupaciones y de responsabilidad, es lógico que

se filtre de vez en cuando un momento de cansancio o de fatiga. Pero a mí me interesa puntualizar que esa

sensación es de un cansancio estimulante, en cierto modo confortador. Cuando hago el balance de la

jornada estoy seguro de que sentiré la misma sensación del albañil que ha estado durante todo el día

trabajando en su andamio, o del agente de tráfico que ha estado ordenando la circulación, o la de ustedes

mismos, los periodistas, que están persiguiendo y confeccionando febrilmente la noticia, que quieren que

les llegue rápida y trepidante a sus lectores, pero jamás he sentido ni el hastío, ni el desaliento, ni la

indiferencia, ni mucho menos el pesimismo.

Cuando Su Excelencia el Jefe del Estado tuvo la bondad de confiarme la Presidencia del Gobierno, medí

exactamente el peso de la carga que iban a depositar sobre mis hombros, y le confieso que ni entonces ni

ahora he sentido el más mínimo síntoma de desfallecimiento ni de cansancio. Yo diría que el demonio,

que tampoco perdona al presidente del Gobierno, de vez en cuando me visita con sus tentaciones, como a

todos los mortales, y pretende fascinarme con un panorama de molicie, de descanso, de bienestar, pero el

tema de España es tan fascinante, el compromiso es tan trascendente, que basta un papirotazo para que el

diablo desaparezca. Pero en fin, a todos los que puedan albergar esa duda sobre posibles tibiezas,

flaquezas, desalientos, les daría un medio de disiparlas inmediatamente: que se acerquen al Palacio de El

Pardo, que aunque sea desde la lejanía contemplen esa luz permanentemente encendida en el despacho

del Caudillo, donde el hombre que ha consagrado toda su vida al servicio de España, sigue, sin

misericordia para consigo mismo, firme al pie del timón, marcando el rumbo de la nave para que los

españoles lleguen al puerto seguro que él les desea. Tengo la seguridad de que se avergonzarían de pensar

que nadie pueda sentir tibieza, desaliento o cansancio en el desarrollo de su tarea.

ADHESIONES A UN PROGRAMA

Sr. AZNAR: Muy bien, señor presidente. Como algunos compañeros míos de los aquí presentes, me han

mostrado deseo de formularle algunas preguntas precisamente sobre este capítulo del «año Arias», y uno

de ellos es don Antonio Herrero, director de Europa Press, yo le voy a rogar que inicie él este diálogo con

el señor presidente.

Sr. HERRERO: El 12 de febrero, señor presidente, recibió usted un gran homenaje por parte de las

fuerzas más vivas del régimen, en las Cortes Españolas, cuando expuso usted su programa de Gobierno.

Desde entonces se han producido muchos acontecimientos, entre ellos la baja de tres miembros de su

Gobierno. ¿Usted nos querría decir si ha contado con las adhesiones y lealtades necesarias para llevar a

cabo ese programa que expuso usted hace poco más de un año?

ESTABILIDAD E INNOVACIÓN

Sr. PRESIDENTE: Todas las colaboraciones son pocas y todas las participaciones necesarias para

desempeñar una tarea tan ardua como la que me ha sido confiada. Debo declarar que han sido muy

generosos para conmigo, que nunca me ha faltado asistencia, ayuda, consejo, orientación, pero, sobre

todo, me he sentido permanentemente asistido por la confianza y por el ejemplar magisterio de Su

Excelencia el Jefe del Estado. Su dilatada experiencia política, su excepcional categoría de estadista, el

profundo conocimiento que tiene de España, de los españoles, de los problemas que la Patria tiene

planteados, hacen de él no un consejero, sino un maestro indiscutible e inimaginable. Yo reconozco que

en algunas ocasiones, cuando al tratar de cualquier tema importante o problema surge o me asalta una

vacilación, una duda, yo creo que no es necesario ni siquiera un monosílabo; basta un gesto de Su

Excelencia para que el rumbo aparezca claro y diáfano y me encuentre ya confortado y asistido en la

decisión que debo proponerle.

Por lo demás debo proclamar que a lo largo del año que ha transcurrido el equipo gubernamental ha

creído advertir difusamente una cierta sensación de asentimiento, de acompañamiento, que agradece y

que le conforta. Salvo minorías radicalizadas, creo que lo que España quiere, lo que todos los españoles

están solicitando fervorosamente en el mundo íntimo de su conciencia, es que se sepa conciliar la

estabilidad con la innovación, la paz de Franco con el progreso, y la defensa a ultranza del régimen con

aquellas mutaciones que en el transcurso del tiempo y las propias realizaciones del régimen hacen

aconsejables.

ASISTENCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Por de pronto, como decía, nos sentimos asistidos de un ambiente de comprensión, pero quiero que en

este punto concreto conste en primer lugar la ayuda, la asistencia, la colaboración de los medios de

comunicación social, a los que en este momento deseo rendir y reiterar el testimonio de mi admiración y

de gratitud. Esto no es nuevo, ni en mis palabras ni en mi conducta. En todos los cargos que he

desempeñado, Fernández Asís ha asistido a muchos de ellos, sobre todo en mi etapa de alcalde, he

proclamado la inapreciable colaboración que representan para quien tiene una carga de Gobierno los

medios de comunicación. Hoy, elevado a la Jefatura del Gobierno, debo declarar que sin esta asistencia

no concibo la posibilidad de pilotar ni de tripular la nave, sin extraviarme o perder el rumbo.

Cierto es que, naturalmente, la discrepancia o la variedad de criterios y de opiniones algunas veces

desorientan, desenfocan o hacen vacilar para formar un juicio propio; pero precisamente esta pluralidad

de criterios no deja de enriquecer también la gama y la serie de resortes o de puntos de vista que se

pueden tomar en consideración.

Por lo demás, si quiero agotar la contestación a la pregunta, no dejaría de decirle que personalmente sí, he

sentido la picadura, el dolor de ciertos sectores, por fortuna minoritarios, que se sienten inquisidores de la

ortodoxia y que me han tachado de desviacionista. Bueno, yo respeto este criterio, esta censura, pero me

alienta la seguridad de que la tacha es tan quimérica que sólo en pequeños cenáculos o en minorías muy

radicalizadas ha podido prosperar.

Sr. FERNANDEZ ASÍS: Señor presidente; la dinámica de la sociedad española, evidentemente acelerada

en los últimos años, ¿se ajusta de modo exacto o aproximado, digamos, a las medidas de apertura

acordadas después de su discurso del 12 de febrero, o va por delante y, en definitiva, esas medidas, sin

otras más, bastaran para soportar la prueba inherente al momento en que se cumplan las previsiones de la

ley de Sucesión?

LA GENERACIÓN ACTUAL ESTA PLENAMENTE CAPACITADA PARA ACEPTAR EL RETO DE

SU FUTURO DESTINO

Los Principios Fundamentales están todavía en plena lozanía y con una absoluta posibilidad de desarrollo

Sr. PRESIDENTE: Cuando Su Excelencia el Jefe del Estado me honró con la presidencia del Gobierno,

tras el atentado que nos privó de esa figura prócer que está siempre presente en nuestro pensamiento y en

nuestro corazón, el almirante Carrero Blanco, se me planteó una alternativa que me sumió en una

profunda reflexión. En aquel momento yo podía pronunciarme o por una continuidad absoluta, lineal,

íntegra, de la política del almirante, en la que yo había aprendido algo durante los meses que estuve a sus

órdenes, o bien dejaba hablar a mi conciencia y me enfrentaba con un horizonte de medidas políticas que

a mi juicio el tiempo iba anticipando y iba haciendo más necesarias.

Confieso que la reflexión fue ardua y que no se me pasó inadvertido que esta última solución para mí era

la más problemática, la más desagradable, la que iba a provocar, en torno mío, una mayor y más

encendida polémica. Para muchos, las medidas que yo adoptara, iban a resultar insuficientes; para otros

iban a resultar imprudentes, excesivas, e incluso ciertos sectores, políticamente muy vinculados a mí,

sentirían hasta la sensación de desconfianza de si no había una inconsecuencia entre mi programa y lo que

había sido mi línea política de toda mi vida. Pero después, de como digo una profunda reflexión, me di

cuenta de que me encontraba en un momento en que ya no podía formular preguntas a nadie; que estaba

investido de una responsabilidad que me obligaba a ser yo el que diera la respuesta, y no lo dudé; di una

respuesta positiva y dije que sí. Dije que España, que la juventud, que la generación actual a mi juicio

están plenamente capacitadas para aceptar el reto, su futuro destino en la Historia, precisamente ese

destino que le ha fabricado, que le ha preparado la previsión, la prudencia, la tenacidad del Jefe del

Estado. Pero, claro, para esto es necesario que empecemos por reconocer con cierta humildad que el

sistema es perfectible, que a los Principios Fundamentales, que a los principios del Movimiento, no se les

ha sacado todo el contenido, un contenido inagotable en el campo social, en el campo político, en el

organización política; es decir, que los Principios Fundamentales están todavía en plena lozanía y con una

absoluta posibilidad de desarrollo.

LINEA DE PERFECTIBILIDAD

En este sentido creo que debemos seguir esta línea de perfectibilidad. Por esto, cuando propugnamos la

democratización de las Corporaciones locales en su constitución, cuando subrayamos la conveniencia de

acentuar la independencia de la Cámara frente al Gobierno y cuando sentimos la preocupación de dar una

máxima representatividad a la Organización Sindical, cuando pensamos tantas y tantas otras cosas, no

hacemos sino pensar que estamos desarrollando, que estamos siguiendo ese caudal inagotable de los

Principios del Movimiento que están ahí diciéndonos cuál es la ruta que debemos seguir, pero no en un

inmovilismo, sino en un desarrollo lógico, pausado y siempre acorde con las líneas que nos marcan.

A los hombres del 18 de Julio —y que me perdonen los jóvenes que me están escuchando— nos ha sido

dado un privilegio histórico, yo diría irrepetible o por lo menos infrecuente: el de asistir a la hora

fundacional de un Estado. Si queremos que esa hora fundacional tenga trascendencia histórica, si

queremos que el 18 de Julio sea para España lo que la Revolución fue para Francia, o lo que para

Norteamérica fue su Independencia o lo que el famoso Octubre fue para la Unión Soviética, tenemos que

ser muy firmes, pero también muy generosos; muy firmes, rayanos en la intransigencia, en aquello que

significa el mantenimiento y la defensa de los Principios Fundamentales del Movimiento. Esto no

podemos someterlo ni a revisión ni a debate; esto es intangible. Es la piedra angular sobre la que descansa

y se basa no ya un sistema, sino la proyección histórica de España para el futuro. ¿Muy generoso? Sí.

Muy generosos, porque ese edificio que entre todos hemos levantado no pierde nada porque en él se dejen

oír voces plurales, criterios, tendencias, opiniones, es decir, las líneas maestras del edificio no se van a

cuartear ni a resquebrajar, sino que al contrario, van a cobrar variedad, armonía, en un contraste de

criterios y concurso de pareceres que ya en las horas fundacionales del Movimiento se consideraba

indispensable para asegurarle su futuro.

LA ULTIMA CRISIS Y EL 12 DE FEBRERO

Sr. BARRENA: No voy a referirme ahora a la actitud o a la situación planteada al Gobierno por la

postura del ministro de Trabajo, Licinio de la Fuente, porque sobre ella le ha preguntado nuestro

embajador y ha contestado cumplidamente el señor presidente. Yo quisiera referirme aquí a la crisis

planteada hace unos meses por el cese de Pío Cabanillas y la dimisión de Antonio Barrera. ¿No cree el

señor presidente que esta pequeña crisis resta credibilidad a su programa del 12 de febrero?

Sr. PRESIDENTE: Creo que el programa de una política, y sobre todo la filosofía que tras él subyace,

deben trascender del punto realmente anecdótico de la personalidad de los miembros que integran el

Gabinete. La extraordinaria personalidad política y el fuerte prestigio de los actuales ministros de

Hacienda y de Información y Turismo, no creo que tengan que ser objeto de contraste ni de comparación

con los anteriores, pero hay algo que en último término significa la garantía, última de continuidad: El

hecho de que el presidente esté aquí pronunciando estas palabras es la más rotunda demostración de que

la bandera del 12 de febrero no está arriada.

LA COYUNTURA ECONÓMICA

Sr. PAEZ: Señor presidente: me voy a permitir iniciar un tema capital, un tema importante que nos afecta

a todos muy directamente, el tema económico. ¿Cómo enjuiciaría la coyuntura económica?; ¿es buena,

mala o simplemente regular?

Sr. PRESIDENTE: Querido Páez, celebro y lamento que se me formule esa pregunta, y los dos

sentimientos están justificados, porque me interesa que todos los españoles tengan conciencia y

conocimiento de cuál es la verdadera situación. Y lamento que la situación no sea nada buena ni

tranquilizadora.

La actual coyuntura económica de España no puede sustraerse a la crisis que el mundo entero padece; es

una crisis generalizada, que abarca todas las economías, porque prácticamente no se concibe ninguna que

gire en una órbita propia. Recuerdo que allá en la época de los 30, un político español, Cambó, afirmaba

que la economía española estaba débilmente, imperceptiblemente afectada por los factores exteriores; y

decía una gran verdad, porque en aquella época el sol y las lluvias eran los únicos factores que

determinaban si había cosecha o no había cosecha, ya que España se desenvolvía en un grado si no de

subdesarrollo sí de una modestísima economía.

Pero esta verdad de la década de los 30 no es la verdad del año 1975, cuando contamos con los 2.000

dólares de renta por habitante y año y se ha abierto un proceso evidente de desarrollo. ¿Qué ha ocurrido?

Pues ha ocurrido pura y simplemente que España se ha abierto al exterior. España ha dejado de

defenderse numantinamente cerrando sus fronteras; las ha traspuesto, ha soportado una competencia de la

que ha extraído una tecnología estimable, una configuración de empresas de tipo y factura europeas, es

decir, un ritmo, una, agresividad, un acto de presencia que la incluye ya en ese haz de economías hoy

afectadas por la crisis. Simplemente, las cifras de importación y exportación de España en el año 1930,

cuando hablaba Cambó, apenas significaban el 9 por 100 de nuestra economía; en el año 60 ya ese

porcentaje había subido a un 30 por 100; el año pasado, el movimiento plural de importaciones y

exportaciones rebasaba el 35 por 100.

EL ENCARECIMIENTO DEL PETRÓLEO

¿Y cómo está hoy esta economía? Pues está en el vértice de ese vendaval que se ha desencadenado en el

mundo, con una elevación de precios y al que todavía ni los economistas de más fama y renombre se

atreven a vaticinar ni su perspectiva ni su desenlace. No solamente ha sido esa meteórica elevación de los

productos petrolíferos, que representa prácticamente una elevación del 50 por 100; es que, al mismo

tiempo, se han desencadenado en espiral los precios de los productos alimenticios, de los fertilizantes, de

los productos siderúrgicos y, claro, necesariamente todo eso tenía que afectar a una economía como la

española que estaba en una estrecha interdependencia con las de los demás países.

¿Cuáles han sido sus consecuencias? Por de pronto, una elevación de precios; de precios de los productos

petrolíferos y de todos los demás a que me he referido. Segunda consecuencia, acentuar la difícil

situación de nuestra balanza de pagos. Tercera, desacelerar el ritmo de nuestra producción y, por lo tanto,

de nuestro desarrollo y, finalmente, como consecuencia inevitable, la de aumentar el volumen del

desempleo.

GRAVE QUEBRANTO DEL TESORO

¿Cuál podría ser la actitud del Gobierno frente a este hecho insólito, inesperado? No tenía más que dos

soluciones. O bien decir, si los precios han subido, que repercutan directamente sobre el consumidor.

Hubiera sido la catástrofe económica si el peso de esas elevaciones se hubiera desplomado de pronto, no

habría habido empresa, ni economía, ni familia que pudiera soportarlo. O bien la más prudente de

interponer el Tesoro sus recursos como un elemento de drenaje, como un elemento de atenuación, en

tanto que las empresas, las economías, nuestras instituciones, nuestra organización pudieran rehacerse no

ya de la sorpresa, sino rehacer sus propios mecanismos para hacer frente a la situación. Conste que el

Tesoro ha sufrido un grave quebranto. Vaya por vía de simple enunciación que ese kilo de azúcar que el

ama de casa está pagando a 23 pesetas y que motiva justificadas, vamos justificadas.... motiva quejas,

porque lo considera muy excesivo, al Gobierno le cuesta en puerto 60 pesetas; es decir, que ya 37 pesetas,

por de pronto, está pagando el Estado por cada kilo de azúcar que se consume y, sin embargo, lo ha

considerado necesario, como ha considerado necesario hacerlo con las importaciones de petróleo y con

las importaciones de fertilizantes y con las importaciones de otros productos sin los cuales nuestra

economía se paralizaría en absoluto.

LA BALANZA DE PAGOS

¿La balanza de pagos? La balanza de pagos pudo enfrentar este choque brutal, este traumatismo, porque

afortunadamente había llegado a un nivel estimable: por tanto, pudo de momento hacer frente, y puede

hacerle frente durante algún tiempo porque el estado de la economía española, dentro de este vendaval en

que nos vemos, presenta la sanidad y el crédito suficientes para que en el exterior se nos acoja sin

desconfianzas ni recelos.

La desaceleración de nuestro ritmo de producción o de desarrollo es consecuencia difícilmente corregible.

Si aumenta el precio de las materias primas, aumenta el hierro, aumenta el petróleo, aumenta el carbón,

pues necesariamente todos los factores del coste se resienten; pero, es que, al mismo tiempo, han variado

—y yo no pongo censura, sino simplemente cifras, porque la economía no puede moverse en

consideraciones convencionalistas, sino en cifras—los costes salariales; mientras en el año 1974 las

estadísticas nos dicen que el coste de la vida subió en un 18 por 100 en España, nos demuestran que el

aumento de los salarios fue de un 28 por 100, y para aumentar nuestra desolación nos dicen que la

productividad industrial descendió a un 3,5 por 100..

UN DOS POR CIENTO DE DESEMPLEO

¿Esto es bueno?; desde luego no. ¿Es justo?, podrá serlo en un momento de opulencia, de riqueza, de

derroche, pero en los actuales momentos es peligroso, insostenible y grave. El índice de desempleo: este

problema lo viene siguiendo el Gobierno con la misma preocupación con que el médico pone el

termómetro y vigila la temperatura casi cada dos horas. Por fortuna —y somos una excepción no en

Europa, sino en el mundo—, el volumen de desempleo no llega al 2 por 100, pero frente a ello el

Gobierno tampoco permanece indiferente; moviliza, dentro de la penuria y de la limitación de sus medios,

pone en circulación 20.000 millones de fondos de acción coyuntural para que no se interrumpa la

actividad, financia e impulsa las inversiones, estimula por todos los medios, hace desgravaciones, provoca

y prima las exportaciones. Es decir, hace cuanto está a su alcance para vencer este primer colapso del que

inevitablemente algún día tendremos que salir, porque no solamente España o Europa, el mundo no puede

desenvolverse dentro de este desconcierto y de esta inestabilidad de los precios.

LA REFORMA TRIBUTARIA

Sr. CACERES: La reforma tributaria, señor presidente, es tema que periódicamente atrae la atención de

los órganos de opinión y más aún, por supuesto, cuando la situación económica añade nuevos problemas

a la Hacienda Pública, señor presidente; ¿tiene el Gobierno en su agenda el propósito de acometer la

reforma fiscal?

Sr. PRESIDENTE: Efectivamente, el tema de la reforma tributaria es de extraordinario interés no sólo

porque les ingresos fiscales constituyen la más importante fuente que nutre el Tesoro, sino porque una

norma de estricta justicia distributiva demanda que cada cual contribuya con arreglo a sus posibilidades.

El Gobierno no olvida este apremiante deber que incluye en su agenda, y aprovecho esta, oportunidad

para hacer una apelación a la conciencia de todos los españoles, a fin de que, lejos de considerarlo como

una carga gravosa, estimen como un alto honor el contribuir, en la medida de sus fuerzas y de sus

posiciones económicas, a este deber de ciudadanía que es el sostenimiento de las cargas del Estado.

Sr. SAENZ GUERRERO: Si me permite el señor moderador que cambie de plano, le agradecería al señor

presidente que me contentase a lo siguiente: La Ley Orgánica, en su articulo 45, señala que también

podían establecerse divisiones territoriales distintas de las provincias En más de una ocasión algún

ministro, y concretamente en Barcelona el vicepresidente primero del Gobierno, han aludido a esta

cuestión que considero entre las más interesantes para nuestro futuro: la de una política descentralizadora

(no empleo el término desconcentradora simplemente porque el vocablo no me gusta), ¿podría decimos

algo sobre ello, por favor?

Sr. PRESIDENTE: El Sr. Sáenz plantea un problema para mí del máximo interés y sobre el que voy a

contestar con la mayor concisión posible. El artículo 45, efectivamente, prevé la posibilidad de divisiones

territoriales diferentes de las provincias. A mi juicio, el precepto no ha quedado incumplido; sin llegar a la

región de la que hablaré muy brevemente, por debajo de la provincia existen ya divisiones territoriales,

como son la comarca, las zonas de interés turístico, etc.: por encima de la provincia existen las regiones

militares, existen los distritos universitarios, existen las confederaciones hidrográficas: es decir, el artículo

45 contempla la provincia en una doble vertiente: como una unidad que agrupa una serie de organismos

autónomos, los municipios que culminan en la Diputación, y como un eslabón de la Administración del

Estado para la diversificación y realización de sus servicios.

En cuanto al regionalismo, si con ello se quiere aludir a la división territorial de la región, yo establecería

una clara advertencia. Admitimos (o yo admito) el hecho diferencial, peculiar de la región en todo lo que

esté determinado por factores culturales, idiomáticos, geográficos, económicos, hasta folklóricos; pero

entiendo que la acentuación política de la región tiene tan triste recuerdo en las Repúblicas de 1873 y

1931 que debe ser contenida en sus justas proporciones. Esto no quiere decir, ni roza para nada, el tema

de la descentralización que no sólo está en la mente sino en el propósito del Gobierno. Es una necesidad

que cada día se impone no sólo por la complejidad de los servicios públicos, sino por la conveniencia de

aproximar los órganos resolutivos a las esferas en donde el problema se produce.

LAS ASOCIACIONES POLÍTICAS

Sr. AZNAR: Señor presidente, amigos míos. El tiempo va pasando muy deprisa y de las impresiones que

hemos tenido esta mañana se deducen todavía un par de temas importantes, de modo que yo les suplicaría

a ustedes que pongamos punto a todas las preocupaciones de carácter económico y entremos en otro

grupo de problemas ¿no? Digo yo, señor presidente.

Y el siguiente grupo de preocupaciones se refiere nada menos y nada más que al Estatuto de Asociaciones

y a la posibilidad de que se organicen en España las Asociaciones políticas. El señor Herrero me ha

ce un signo diciendo (...) que preguntar. Adelante, señor Herrero.

Sr. HERRERO: Señor presidente: una doble pregunta. De una manera verbal, miembros del Gobierno han

hecho constar que, efectivamente se garantizaría la igualdad de oportunidades respecto a las Asociaciones

políticas, que el Gobierno, más o menos, permanecería neutral. ¿No cree usted que seria conveniente que

hubiera unas normas escritas respecto a estas garantías del Gobierno? Y, en segundo lugar, porque es

inmediata consecuencia de esto, es lo siguiente: ¿cree el señor presidente que es compatible el desempeño

de un cargo oficial y el poner en marcha una asociación política?

EL PROBLEMA DE LAS INCOMPATIBILIDADES

Sr. PRESIDENTE: La primera parte de la pregunta yo se la devolvería diciendo:

¿cree sinceramente que la neutralidad puede establecerse por decreto? Por muy casuístico que fuera el

cuadro de incompatibilidades, ¿llegaría esto a desvanecer recelos y desconfianzas? A mi juicio la línea

divisoria está en algo que puede aclarar el problema. Cuando en un futuro muy próximo una asociación

política atraiga sobre sí el consenso, la confianza o la preferencia de un sector de la Nación es evidente

que tendrá su repercusión en la Cámara. Es evidente que tendrá esta repercusión sus consecuencias en el

Consejo del Reino; incluso, comparecerá en los trámites previos para la propuesta del nombramiento del

jefe del Gobierno; pero el Gobierno en el momento actual se encuentra en una situación especial, ha

surgido antes de la botadura de esa nave asociativa y por tanto lo único que puede no es prohibir por

decreto, porque es un derecho del que yo no puedo privar a ningún ciudadano, pero sí lo que hace y lo

hace con absoluto fervor, con encarecimiento, es rogar a todos aquellos altos cargos de la Administración

y de las instituciones del Movimiento, que se abstengan de intervenir como promotores o de facilitar o de

actuar intensamente en el seno de las Asociaciones, que se abstengan para desvanecer cualquier recelo de

privilegio, preferencia, desigualdad o primacía. En todo caso, si la norma quedara incumplida, aquella

asociación que considere que se ha conculcado este principio de igualdad de oportunidades, tiene libre el

camino para exponer su agravio ante el Consejo Nacional y la seguridad de obtener la reparación debida.

Sr. HERRERO: ¿Entonces hay incompatibilidad o no hay incompatibilidad?

Sr. PRESIDENTE: Decretada no lo está. Están la advertencia y el ruego del jefe del Gobierno, que

incluso sometería, si fuera necesario, a la consideración del Gobierno para plasmarlo en una

incompatibilidad, pero de momento resulta muy difícil y hasta constitucionalmente discutible el que se

pueda privar de este derecho a infinidad de ciudadanos o a una gran parte de ciudadanos.

LA REFORMA INSTITUCIONAL, INNECESARIA

Sr. SAENZ: Señor presidente: hace poco ha aludido usted, o me ha parecido a mí que lo hacia, a la

calidad intangible de los Principios y Leyes Fundamentales Se me ocurre ahora, preguntarle si, a su

juicio, cabe en la interpretación del actual Estatuto de Asociaciones políticas que haya asociaciones que

prevean, precisamente, la reforma de los Principios y Leyes Fundamentales y, complementariamente con

esto, ¿sería a su juicio admisible que haya Asociaciones que aportan en sus programas el procedimiento

de sufragio secreto y universal para completar el sistema de representación actual?

Sr. PRESIDENTE: Nuestra propia Constitución no solamente prevé, sino que establece previsoramente el

mecanismo a que ha de sujetarse su posible modificación, y, por tanto, como el estatuto nada dice a este

respecto, es evidente que nada impide que se incorpore a un ideario determina do. Si mal no recuerdo,

alguna asociación, la patrocinada por el señor Cantarero del Castillo, me parece que roza el tema más o

menos. Ahora, respecto de mi opinión personal, creo que, antes de pensar en una reforma institucional,

debería agotarse la posibilidad de extraer de la legalidad vigente todo el rico contenido a que antes me

refería, porque es evidente que hay una cierta predisposición en todas las cabezas políticas a una

tendencia constituyente como el péndulo que haga oscilar el centro de gravedad que debe permanecer fijo

e inmutable.

Yo personalmente le anticipo mi opinión de que no considero ni necesaria ni conveniente ni oportuna la

reforma constitucional.

Sr. FERNANDEZ ASÍS: Señor Presidente, ¿las asociaciones pueden ser el cauce para la ordenación y la

participación po (...) contar con lo que explícita o implícitamente queda marginado de ellas?

NO ES UN ESTATUTO EXCLUYENTE

Sr. PRESIDENTE: Explícitamente el estatuto no excluye a ninguna fuerza política o a ninguna entidad

política de comparecer en este aspecto plural de las asociaciones. Implícitamente, como es natural, sólo

aquéllas que de una manera antagónica se opongan a la filosofía, a la política, a la razón de ser del

Movimiento, quedan marginadas. Hablando en un claro y conciso lenguaje: ni comunismos ni

separatismos; ahora bien, cualquier otra exclusión no podrá ser atribuida ni ser responsable de ella el

Gobierno, ni mucho menos el Consejo Nacional.

Otra marginación sólo podrá justificarse por un exceso de desconfianza, por un exceso de personalismo o

también, vamos a hablar claro, por la cuca postura de reserva en espera de un futuro próximo que no

cuenta con la extraordinaria firmeza y solidez del Régimen, lo cual me parece que les va a hacer necesario

dotarse de la paciencia de Job para que llegue su momento.

Sr. BARRENA: Cuando en su intervención en diciembre último el señor presidente hizo la presentación

al país del Estatuto de Asociaciones, dio la impresión de que el Estatuto aprobado no respondió a un

proyecto inicial. Desde este punto de vista, ¿cree el señor presidente posible ampliar los cauces por los

que han de discernir las asociaciones políticas?

LÍNEA DE CONTINUIDAD

Sr. PRESIDENTE: Yo no soy responsable de las versiones que puedan darse y que posiblemente susciten

mis palabras que tampoco tienen siempre la precisión de un estilista, pero me conforta que la coherencia

entre el discurso del 12 de febrero, el pronunciado en Barcelona y el últimamente pronunciado en

diciembre ante la televisión, responde a una línea de continuidad. Me conforta digo, el que un cerebro tan

sistemático y tan organizado como Fernando Suárez el otro día explicó en una conferencia la continuidad,

el lógico desenvolvimiento en todas mis intervenciones. Respecto de la segunda parte de su pregunta, yo

le invitaría a que se la formule al futurólogo con el que yo no quiero establecer competencias.

LAS SANAS ASPIRACIONES DE LA JUVENTUD

Sr. BARRENA: Pero sobre este aspecto yo si le insistiría: ¿no puede ser la clandestinidad mucho más

atractiva para la juventud, por su romanticismo que el hecho de moverse dentro de unos cauces

legalmente preestablecidos?

Sr. PRESIDENTE: Creo que la juventud no necesita ampararse en las sombras, en las tinieblas, en la

clandestinidad, para la formulación de sus aspiraciones, de sus ideas, de sus apetencias y de su postura

ante el momento actual. Hay que diferenciar lo que es esa clandestinidad como legitimadora o

amparadora de la subversión y la clandestinidad, para lo que no necesita buscar esta vía oculta para la

explícita manifestación de sus ideales.

LA NORMATIVA ELECTORAL

Sr. SAENZ: El tema de las asociaciones me parece tan apasionante que, aun a riesgo de ser pesado, me

atrevería a rogarle al presidente que me contestara a lo siguiente: El decreto de aprobación del estatuto

jurídico del derecho de asociación política autoriza al Gobierno a modificar por decreto disposiciones con

fuerza de ley en cuanto sea necesario para regular la comparecencia de las asociaciones políticas en la

presentación de candidatos a los diversos procesos electorales. Ante las elecciones de procuradores del

próximo otoño, ¿piensa el Gobierno preparar una nueva legislación electoral?

Sr. PRESIDENTE: Las peculiaridades del sistema representativo español y la multiplicidad de procesos

electorales que han de observarse hacen de dudosa eficacia y de relativa utilidad la promulgación de una

ley electoral: pero, evidentemente, como usted muy bien dice, el estatuto de Asociaciones prevé y hace

concesiones en este sentido y para ello el Ministerio de la Presidencia tiene prevista la promulgación de

las medidas oportunas para que en todo caso puedan concurrir. Tenemos tiempo, porque hasta el próximo

otoño no ha de renovarse la actual legislatura. La ley de Cortes dice que sólo por una causa grave puede

prorrogarse la legislatura. Afortunadamente, esta causa grave no existe. Yo creo y deseo que no habrá de

producirse y, por tanto, en otoño tendremos elecciones y para entonces ya estarán dictadas las normas y

disposiciones pertinentes para que puedan concurrir.

Sr. AZNAR: Señor presidente, amigos míos, por fuerza tenemos que poner punto final al tema de las

Asociaciones, que nos llevaría horas: pero, como digo, no somos fieles a mi criterio, sobre lo que es la

televisión, y al criterio de todos ustedes, de manera que yo me permitiría invitarles a que pasemos al

grupo final, que como final, tiene algo de traca, ¿no?, que es el llamado tema de la subversión. El señor

Páez me hacía un signo de que quiere preguntar algo sobre la subversión.

LA IZQUIERDA NO SUBVERSIVA

Sr. PAEZ: El tema de la derecha y de la izquierda, como todos sabemos, señor presidente, es un tema

eterno y polémico. Esto me lleva a tomarme la libertad de preguntarle ¿cuál sería la actitud del sistema

respecto a. los grupos que podríamos denominar como izquierda no subversiva?

Sr. PRESIDENTE: La pregunta lleva implícita la respuesta. Si es una izquierda no subversiva, a mi juicio

no está excluida de la posibilidad de comparecencia en cualquier acto o en cualquier encuesta política que

pueda realizarse. La izquierda y la derecha, términos para mí sumamente ásperos y anticuados y difíciles

de precisar, no tienen otro límite para comparecer en la vida política, que el sincero y legítimo

acatamiento a la norma constitucional y el sentido de solidaridad en el Movimiento o, por lo menos, con

los Principios Fundamentales. Dentro de ese espectro puede moverse con la libertad que estime

conveniente.

Sr. CACERES: Señor presidente: estamos hablando del tema de la subversión. ¿Me permite preguntarle si

hay razones para creer en la existencia de un plan subversivo en los medios universitarios: si es cierto que

sobre las masas estudiantiles limpiamente, preocupadas por sus problemas actúan profesionales de la

subversión instruidos e incluso pagados por determinados centros revolucionarios mundiales?

LA UNIVERSIDAD

Sr. PRESIDENTE: El tema de la subversión en relación con la Universidad es sumamente complejo. En

la Universidad existen varias crisis y. sobre todo, una de ellas, la principal o fundamental es la de que una

institución, una corporación concebida para minorías, se ha convertido hoy en una gran confluencia de

masas en donde es muy difícil discernir entre el hombre que va a cumplir su vocación, su sentido

vocacional para comparecer en la vida y en el ejercicio de una actividad académica y el agente subversivo

que encuentra en la insatisfacción de muchos medios que todos reconocemos, la insuficiencia de locales,

la insuficiencia del profesorado, las deficiencias de los medios didácticos encuentra, digo, el gran pretexto

para la subversión. Yo quiero aprovechar aquí este momento para decir que el Gobierno trabaja

afanosamente en preparar lo que no puede hacerse de la noche a la mañana, en aumentar el profesorado,

en multiplicar los centros de enseñanza, en dotarles de los medios necesarios para impartir esa enseñanza

o esa formación, pero lo que no puede es ir contra el tiempo. También quiero advertir, para que no quede

lugar a dudas sobre cuál es la postura del Gobierno, que cualquier intento subversivo, cualquier intento

que busque en la Universidad cobijo o refugio para alterar el orden público, encontrará siempre al

Gobierno esgrimiendo el principio de autoridad y firme en el mantenimiento de lo que no puede dejar de

ser un centro de convivencia para el estudio, la formación y la preparación de hombres para el futuro.

LOS CONFLICTOS LABORALES

Sr. HERRERO: Sr. presidente: ha hablado usted de que es muy complejo esto problema de la subversión

en la Universidad. Ahora es evidente que en estos últimos meses se ha producido una proliferación de la

protesta, en algunos casos con deterioro del orden público: ¿usted podría decir con vistas a la opinión

pública lo que puede ser protesta lícita y lo que puede ser protesta completamente ilícita?

Sr. PRESIDENTE: Evidente. Y parte de esta pregunta se descompone en relación con la situación

económica a que antes nos hemos referido, que hacía prever necesariamente posiciones conflictivas en la

revisión de una serie de convenios y de una serie de relaciones laborales que podían desembocar

naturalmente en posturas no coincidentes en los sectores de trabajo. Todo lo que sea una reivindicación

lícita, tanto en el orden laboral como en el orden estudiantil, todo lo que aspira a plantear lícita y por las

vías legales una aspiración, una pretensión, algo que lícitamente sea admisible, encontrará siempre la

comprensión del Gobierno. Lo que pretenda apoyarse en estos conflictos, en estos motivos de

insatisfacción, o hacer de estas oportunidades plataforma de lanzamiento para la subversión, pueden

contar de antemano, como digo, con la firme postura del Gobierno de aplastarla con toda la fuerza de la

autoridad de que dispone.

Sr. FERNANDEZ ASÍS: Sr. presidente: la subversión es, como acabamos de ver y estamos enterándonos

a diario, un fenómeno característico de nuestro tiempo, más acentuado todavía que en la década del

veinte, cuando dio lugar a la vitalización de los gobiernos autoritarios, de los sistemas autoritarios.

España no es una excepción: es un número más dentro de este reto a la subversión: ahora bien, ¿el

Gobierno dispone de medidas eficaces y a corto plazo para canalizar, apaciguar o yugular la subversión?

RIGOR EN EL MANTENIMIENTO DEL ORDEN PUBLICO

Sr. PRESIDENTE: Quiero llevar a la seguridad de todos los españoles que el Gobierno simplemente a

través de las fuerzas de orden público y de seguridad dispone de elementos más que suficientes para

aplastar inexorablemente cualquier intento de subvertir o alterar la vida del país, y, precisamente

consciente de su fuerza, consciente del vigor y de la energía que tiene en su mano, quiere invitar a todos

los que no participan o no sienten esos instintos subversivos o sediciosos a que no se mezclen en ellos

para no ser víctimas de la acción contundente y decisiva con que las fuerzas habrán de pronunciarse ante

cualquier propósito de subvertir el orden público.

Sr. AZNAR: Señor presidente, amigos míos. No tengo más remedio que decirles a ustedes que estamos

rebasando ya las medidas que la técnica informativa y periodística de la televisión nos impone a todos.

Llegamos, por consiguiente, al fin de este coloquio, que deseo que le aliente al señor presidente a aceptar

otros guisa aún de mayor hondura a lo largo del segundo «año Arias», que no quisiera cerrar nuestra

conversación de hoy sin preguntarle algo que me invita frecuentemente a muchas reflexiones. Me refiero

a la llamada mayoría silenciosa, la gran masa de compatriotas inclinada a lo que suele denominarse una

política sensata. ¿Qué alientos merece del presidente del Gobierno, qué gratitudes, qué reproches y cómo

piensa usted actuar, señor presidente, para que esa mayoría deje de ser silenciosa? ¿No sería oportuno

crear algún sistema eficaz de consultas periódicas, a fin de saber a qué atenerse acerca de la fuerza y de

los anhelos de los españoles que guardan silencio?

LA MAYORÍA SILENCIOSA

Sr. PRESIDENTE: Yo le agradezco, querido embajador, que me formule esa última pregunta, ya que me

permite, en nombre propio y en el de todo el Gobierno, dirigirme a la que usted llama «mayoría

silenciosa», a esa inmensa masa de españoles hacia la que el Gobierno siente simpatía y gratitud por la

comprensión, por la asistencia y por el testimonio de adhesión que en ella encuentra en tantas cuantas

ocasiones necesita de su apoyo o de su acompañamiento.

Les alentaría en el sentido de que permanezcan y perseveren en esa función de estabilidad, la mejor

garantía de asegurar la continuidad de ese bien preciado que es la paz de Franco. Les prevendría para que

su silencio no sea interpretado nunca como indiferencia, atonía o pasividad; para que no dejen que su voz

sea suplantada por los demagogos o por los revolucionarios de profesión y, finalmente, quisiera

prevenirles contra esa técnica del rumor que constantemente les perturba, les conturba y les amenaza y

que no es sino el producto de un laboratorio científico, químicamente preparado para desdibujar,

mentalizar y desvirtuar por completo el sentido sano de una opinión que sólo quiere mantener el orden, la

paz y la tranquilidad.

Yo comprendo que a esa inmensa masa de españoles no se le puede estar pidiendo permanentemente una

participación activa; son más propicios a la intimidad de sus problemas, a la solución de sus aspiraciones,

a su trabajo, a sus quehaceres; pero les quisiera también recordar que si el país necesita de buenos padres

de familia, de buenos estudiantes, de buenos trabajadores, de buenos investigadores, de buenos

profesionales, también necesita buenos ciudadanos, y a esa masa silenciosa que algún día bajo la

dirección y el caudillaje del Príncipe de España habrá de encontrar la pervivencia de esta paz y de esta

estabilidad, le pediría que brazo con brazo, hombro con hombro y mano a mano fundan todas sus

aspiraciones, todas sus esperanzas, en la seguridad de que habrán de encontrar, han encontrado ya, el

firme continuador de esa España que Franco forjó y que el Príncipe de España habrá de continuar.

Sr. AZNAR: Pues muchas gracias, señor presidente, por su presencia entre nosotros por la atención que

ha prestado al interrogatorio periodístico, por la benevolencia con que ha hecho posible este coloquio que

estoy seguro de que ha interesado vivísimamente a España entera. Que los hados le sean propicios en bien

y en provecho de nuestro pueblo, cuyas aspiraciones queremos ver todos ampliamente cumplidas. De

nuevo muchas gracias y muy buenas noches.

Sr. PRESIDENTE: Muchas gracias, querido embajador y muchas gracias a todos.

 

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