Autor: García San Miguel, Luis. 
   Sobre el desencanto de la democracia     
 
 El País.    02/03/1979.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

VOTO34

EL PAIS, viernes 2 de marzo de 1979

TRIBUNA LIBRE

Sobre el desencanto con la democracia

Hay que tener cuidado con las generalizaciones precipitadas: habrá quienes estén desencantados y quienes

no lo estén. A esos que están desencantados vamos a referirnos únicamente en lo que siga.

La cosa es curiosa: hemos hecho un cambio desde la legalidad, asombro de propios y extraños, hemos

evitado los enfrentamientos violentos (con la excepción importante, pero muy peculiar, del terrorismo),

nuestros políticos son pragmáticos, hábiles y puede que bastante honestos. Y, sin embargo, un difuso

sentimiento de descontento se extiende por amplios sectores :de la población.

Causas del desencanto* ¿A qué obedece ese sentimiento?

1. Por de pronto, a la inflación de expectativas engendradas por ía vieja Oposición al franquismo.

A Franco, bastante ir racióríáí-rriente, por cierto, se le hacía responsable hasta dé la nieve1 y él granizo.

De la democracia sé esperaban, en cambio, toda clase´ dé venturas: la entrada en el suculento ´Mercado

Común, el final del terrorismo, la vuelta de íos emigrantes y quién sabe cuántas cüsás: más; Al fin, los

españoles buenos y beneficios: La democracia se había convertido/eír un mito.

Esto quizá fuera explicable en aquellas circunstancias: no se puede luchar sin esperanzas y las esperanzas,

largo tiempo alimentadas, se transforman fácilmente en fantasmas. Pero el ciudadano no «metido en

política», al que quizá le diera igual el franquismo que ía democracia, y que votó la reforma porque se la

pusieron delante, no acaba de ver que sea verdad tanta belleza: trabaja en la misma oficina, toma café en

el mismo bar, percibe que la noche es más insegura y el día igualmente aburrido, que el salario no

aumenta y los precios suben. Y se desencanta.

2. Por otra parte, la prensa va dejando a todo el mundo en calzoncillos. Como en el lejano Oeste, Jstan,

aparecido los cazarre-eompensas, atentos a cualquier inmundicia para venderla a tanto; la página. Pero

incluso la prensa «respetable» va echando por tierra los más sólidos prestigios. La gente ya descubriendo

que aquél tuyo una tienda de electrodomésticos y no pagó las letras, el otro se cargó a tantos y cuantos en

.la guerra, el de más;,allá no se lleva con su mujer. Cuando Franco todo era diferente: de un lado

estábanlos buenos (los «nuestros»), y del otro los malos. Ahora ya no es tan fácil distinguir.

Por otra parte, los políticos, no habían «construido» sus biografías para aguantar la avalancha de la

prensa libre. En América, alos futuros líderes, los preparan desde la cuna: que el biberón no tenga

microbios, que no levanten las faldas a las compañeras de clase, que saluden a las visitas y nada de

consultas al psiquiatra ni devolución de letras. Que todo se sabe. Pero aquí nos han cogido desprevenidos

y la gente piensa: «hay que yer don Fulano, con lo bueno que parecía». Y se desencanta.

3. La televisión también ha hecho de las suyas. Un neolíder, espejo de neodemócratas, dijo, al parecer,

que prefería diez minutos de televisión a 10.000 militantes en el partido. Así como muy democrático no

suena, pero, en ;está época del marketing puede que sea realista Ya no valen de bada aquellos mítines en

las pla-jzasjde toros, qué gargantas aquellas, con el dedo levantado y el gesto tribunicio. Lo que manda es

Ja pequeña pantalla, que impone susfeglas.

La televisión es, según dicen, Un medio «frío», y quien levante el dedo o la voz está perdido. Hay que

hablar como si hubiera en casa un enfermo de peritonitis, y ´que dirigirse a 36 millones a la vez, que esa

es otra: quien se dirige a un publicó tan vario procura ho disgustar a nadie, no, decir nada que moleste.

Si concreta, se le van los de tal o cual sitio. Y va y se sumerge en abstractas generalidades. Hablar del

tiempo, vamos. Paz y prosperidad para todos, .N.o se preocupen los señores telespectadores, que todos

recibirán satisfacción. Si hasta don Blas, cuando se asoma a la pantalla, parece un Liberal decimonónico.

La tele domestica a los más bravos.

La gente contempla la avalancha de una serie de señores que, a fuerza de decir vaguedades, terminan

diciendo todos lo mismo, es decir, nada. Y, como, por otra parte, no improvisan, sino que leen, los

compara con los locutores y le parecen peores. La Tenaille lo hace mejor y hasta cuenta cosas más

interesantes. Y se desencantan.

4. Quizá porque no estaban preparados para la reforma, quizá porque, simplemente, no saben por dónde

se andan, lo cierto es que los cambios de chaqueta han sido espeluznantes. Veamos: doña Dolores ha

pasado de estalinista y republicana a monárquica y ferviente defensora de los derechos humanos. Áreilza

cambia de partido como el jilguero de rama. Los socialistas juraban y perjuraban que nunca aceptarían

una legalidad salida del franquismo, y no aceptaron el Fuero Juzgo de puro milagro, aparte de que, al olor

de la poltrona, procedieron a archivar a marchas forzadas su «otra» revolución pendiente. De los del SEU,

que ya está todo dicho, vale más no hablar. El menos consecuente quizá sea Fraga, que ya es decir, y

lo de Lasuén, puro juego de niños.

No hay que exagerar, claro: de sabios es cambiar de opinión. Cierto y muy cierto. Pero cambiar cada

cuarto de hora pudiera ser síntoma claro de confusión mental ó, simplemente, de cinismo.

Decir hoy esto y mañana aquello, ésto aquí y lo otro allí, decir qué se va a hacer algo cuando se está

preparando lo contrario, puede ser un cómodo expediente para ciscarse en los electores. En la democracia,

la verdad (connotaciones morales aparte) es un requisito «técnico» sin el cual el sistema no funciona. Si al

elector se le llama a las urnas cada cuatro años, hay que darle lo que se le ha prometido, porque si no la

próxima vez no se lo cree. Y se desencanta.

Uno, que, de ser algo, sería social demócrata, se espantaba de las dramáticas formulaciones

revolucionarias del PSOE-PSP. Pues bien: helos aquí defensores de la ley y el orden! He ahí a la UCD,

derecha como la copa de un pino, subida al alambre columpiándose entre «lo bueno de la derecha y lo

bueno de la izquierda». Hoy día, los social-demócratas podemos sentirnos algo más «rojos» que Felipe,

aunque sin llegar a serlo tanto como Suárez. Mañana, quién sabe, depende de cómo gire la noria de las

opiniones (es un decir). De momento, todo el mundo abomina de la socialdemocracia, héfasto reformismo

consolidados de lo existente, pero promete, eso sí, hacer política socialdemócrata. Bello ejemplo de

claridad mental y de sinceridad consoladora. Y la gente, algunos, se desencanta.

5. El asunto ese del consenso tampoco es manco/Santo y bueno es que no volvamos a la guerra civil,

pero, si al pueblo no se le ofrecen opciones claras y diferentes, y si las decisiones importantes se toman en

restaurantes de cinco tenedores, el juego pierde sentido. La democracia no funciona sin cierto grado de

consenso, pero sólo de consenso no puede vivir.

¿No decían que la mexicanización no era posible? Pues no está nada claro. Veamos lo que está pasando.

Se habla de partitocracia, pero no hay tal, qué más quisiéramos. No hay ni executiva craciá. Hay un señor

que hace lo que le parece (Suárez), que consulta, de vez en vez, con otro señor (Felipe) y, mucho más de

vez en vez, con otro señor (Carrillo), y esto último por Comisiones, que si no en seguida le daban la

patada. Los cuales tienen algunos consejeros íntimos, y a Alvaréz, Pérez Llorca, Yáñez y pocos más pára

los recados. Y pare usted dé contar. Todo se resuelve en confianza y en secreto. En el Parlamento se

recita una monótona letanía a la que nadie hace caso.

Si a eso añadimos que, al parecer, se está fraguando el abrazo fraternal entre los dos «tremendos» rivales,

se concluirá que no andamos tan lejos del PRI como creíamos: un partido único con catorce alas, con una

ideología tomista-leninista (bella síntesis de los opuestos, suculento puré ideológico de fácil digestión). Y,

dentro del partido, una ejecutiva que se cisca en los militantes, un presidente (o, mejor dicho, dos) que se

cisca en la ejecutiva, y un presidente, ejecutiva y partido que se ciscan en los electores. Algo hemos

salido ganando: antes era uno sólo, y ahora son dos, aunque, si bien se mira,, la dife-rencia no es tanta,

puesi Cartero algo también mandaba..

El señor Abril anuncia que no habrá santa alianza: señal de que ya la tiene preparada, piensan algunos. Y

Se desencantan."

6. Los factores´«exteriores» (en el espacio o en el tiempo) son adversos. Estamos pagando una crisis

económica que el régimen anterior no quiso afrontar. Hay un terrorismo cuyas causas vienen de antiguo y

del que quizá «nadie» entre los vivos tenga la culpa. Pero ahí están, y la gente quiere que le resuelvan los

problemas, sin entrar en muchas averiguaciones. La gente carga a la cuenta del régimen lo bueno y lo

malo que ocurre en el país.

En esto ha sido experta la oposición al franquismo, que le echaba la culpa al general hasta de que no

alumbrara una farola. Que no se extrañen los antiguos confinados y actuales diputados de que a ellos les

hagan lo mismo.

Esto´ no es. muy racional, hay que reconocerlo, pero se necesita un gran poder de convicción para

persuadir al enfermo de que pronto se pondrá bueno, o a la empresa medio en quiebra de que vendrán los

dividendos. Y nadie parece tener semejantes dotes persuasoras.

Por lo demás, hay que reconocer que, si los políticos no tienen la culpa de todo, sí la tienen de bastante, y

presentan más sínto mas de frivolidad e incompetencia de los que hubiéramos menester.

¿Qué me dicen ustedes de las Cortes discutiendo si se le aplicaba mercurocromo al rasguño del oscuro

señor Blanco (uno de los «egos» más inflados de que hay noticia, por cierto), un señor que, en vez de

ayudar a las fuerzas represivas, que para eso cobra, corrió en socorro de los enemigos de la violencia

institucional? Entre tanto, morían guardias en las provincias vascas, asunto trivial del que las Cortes no se

dignaron discutir hasta mucho más tarde, y sin aclarar nada, por supuesto.

¿Y qué nos cuentan del largo parto de la Constitución, documento, al parecer, imprescindible para

ponerse a gobernar (eso, al menos, dicen los políticos)? Si era imprescindible, había que haberla hecho en

dos meses, a menos que eso de ponerse a gobernar se considere asunto trivial y postergáble

¿Y qué nos dicen de esas «nacionalidades» que nuestros legisladores (es decir, los cuatro o cinco de

siempre) se inventaron tan galanamente, sin dignarse explicarnos qué se entiende por ellas, si son

naciones o qué cono son? ¿Se han fijado, dicho sea de pasó, que ya nadie habla de ellas, como si no

supieran qué decir o si tuvieran miedo de meter la pata? A un´ invento tan genial había que sacarle partido

en la propaganda. Pues nada, silencio sepulcral.

Las consecuencias del desencanto y el pasotismo activo. A dónde nos pueda llevar el desencanto no es

cosa fácil de determinar. Algunos dirán que lo que los desencantados quieren es volver aL franquismo.

Yo no ló veo tan claro: mal puede desencantarse con la democracia quien nunca seeiieantó con ella.

No digo que no haya quien quiera volver atrás. Lo que digo es que ésos, probablemente, nunca esperaron

ni creyeron en la democracia.

No, las Cosas parecen algo más complejas. Con la democracia parecen desencantarse algunos de los que

creyeron en ella, y ahora encuentran que ao era para tanto y, sobre todo; que no4es gusta esta democracia

que les amañaron. Les gústala democracia y, por eso mismo, quisieran verla disfrutar de mejor salud

Saben que la democracia directa no.es posible, y qué la participación del ciudadano, en las actuales

cireünétáncias, tiene que ser limitada/ La autosugestión queda parabas asambleas de facultad; Pero

piensan que un poco más, sólo un poco más, de democracia sí que podría haber. Podía haber más de una

candidatura en el ¿congreso de UCD. Felipe, y Guerra podían manejar algo menos absolutistaménte el

PSOE; A los diputados podían dejarles decir ésta boca es mía siquiera una vez al año, y ¡así sabríamos

quién es tonto y quién no lo es, que ahora casi todos lo parecen, y muy señaladamente los de la UCD

asturiana (que hubieran dejado chico a Castelar si les hubieran dado la palabra). Las decisiones podían

tomarse más a la luz pública y más colegiadamente.

Y, si algunos quisieran algo más de democracia, también desearíamos algo menos de frivolidad. Políticos

que se aclaren de una vez y no nos sobresalten acostándose troskistas y levantándose liberales. Que se

presenten como lo que son (luego de haberlo averiguado), sin disfraces que a nadie engañan, sino a ellos

mismos. Que cumplan lo que han prometido y, si no pueden, sé vayan. Que averigüen cuáles son los

problemas importantes del país, que todo el mundo sabe cuáles son, y se dispongan a resolverlos con

seriedad y competencia. Y, si no pueden, qué dimitan y dejen paso a otros colegas, que tratarán dé buscar

nuevos caminos. Que presenten opciones no enfrentadas (la virgen de Covadonga nos ampare), pero sí

distintas, para que el elector sepa a qué atenerse. Que hagan política de partido, y no de Estado, que ese es

un cuento consistente en hacer la política de los otros partidos, de todos menos del propio, lo que, dicho

sea de paso, revela una alarmante pobreza de ideas. Que no; meta» en las Constituciones términos que

nadie entiende ni es capaz de. explicar. Que no sean intelectuales consumados (San Roque y la

Magdalena nos guarden de ellos), pero que no hayan menester del socorrido canuto para dibujar la «o».

LUIS GARCÍA SAN MIGUEL

Director del Instituto de Estudios

Europeos

 

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