Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Lo que se esconde detrás de la elección     
 
 El Alcázar.    03/03/1979.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

LO QUE SE ESCONDE DETRAS DE LA ELECCIÓN

ENTRETUVE parte de la noche del escrutinio en releer un viejo libro de aquel fulgurante e

incisivo pensamiento que fue Adolfo Muñoz Alonso. Creo que mi impresión final de las

elecciones podría resumirse en esta frase suya: «El tiempo no ha sido compasivo con los hom-

bres ni se ha mostrado respetuoso con Dios.» ¿Pero acaso ésa inclemencia no provendrá del

propio hombre español, situado ante una grave opción electiva? «Lo auténticamente humano

—recuerda Muñoz Alonso— es saber elegir con sabiduría.» Y remacha: «Porque en el tono de

la elección se esconde Dios o acecha la Nada.» Me temo mucho que también en esta ocasión

nos hemos dejado prender oor la asechanza de la Nada.

ENTRE EL DESPRECIO Y LA COBARDÍA

Un 33 por ciento de españoles despreciaron las urnas. No admitieron el reto electoral.

Convinieron en que el sistema no daba ocasión para saber elegir con sabiduría y permane-

cieron plácidamente en casa. Prefirieron el papel de espectadores al de protagonistas. ¿O sólo

pretendieron evitar la humillación de sentirse monigotes? Unos nueve millones de españoles, la

tercera parte del censo electoral, le hicieron un olímpico corte de mangas al sufragio universal

inorgánico, a los partidos, a las dramatizaciones moncloa-cas e incluso al deber moral de

convertir en voto activo las propias convicciones.

Los medios oficiales de persuasión se pusieron presto la venda y nos estuvieron hablando sin

cesar de las nieves y los fríos, como si España entera se h ubiera convertido en un iceberg, en

vez de ser difícilmente transitables los caminos entre un centenar de pueblos de montaña, con

un censo irrelevante a los efectos electorales. El sol brilló en casi todo el territorio, como si Dios

quisiera eludir que la democracia secularizadora le echara las culpas. Habrá de analizarse

quiénes fueron esos españoles remisos a la aceptación del sistema, los estratos sociales de

procedencia, su enclave generacional, la naturaleza de sus convicciones, etcétera. La cuestión

no es vanal, pues podría resultar oue ese enorme potencial fuera susceptible de transformarse

en influyente partido o movimiento.

El 33 por ciento de abstenciones configura un insólito volumen de desprecio al sistema y a

quienes presumen representarlo. Los observadores políticos extranjeros especializados en

dogmática de la democracia, consideran fuera de lo común ese altísimo índice de abstención

en unas elecciones generales. El asunto resulta aún más inquietante si se toman en

consideración los términos de la alternativa en que Suárez y quien está detrás de Suárez

plantearon la consulta. Cuando las elecciones se convocan como alternativa, en vez de como

una normal pluralidad de opciones, adquieren perfiles dramáticos y violenta perentoriedad. Si a

pesar de todo ello y de un aplastante despliegue de propaganda se abstienen la tercera parte

de los electores, debemos admitir un proceso avanzado de putrefacción del sistema.

Pero no sólo fue alto el desprecio. También lof ue, aunque en menor medida, el montante de la

cobardía. Una mayoría de los votos obtenidos p´or UCD son los votos del miedo. El terror al

cambio decidió que, en términos generales, las elecciones del 1 de marzo fueran al final una

réplica demasiado aproximada a las del 15 de junio. El pavor ancestral de las clases medias a

la revolución operó en favor del voto a UCD. Por evitar el triunfo socialista, los votantes de

UCD, en gran parte refractarios a UCD, cayeron en la trampa de votar al conjunto político que

ha dejado semivacío de sentido al PSOE, a fuerza de anticiparse a realizar su programa con

extremosa demagogia y frivolidad insuperable. En vez dé buscar a Dios en la elección, la

cobardía ha hecho caer a muchos en la trampa de la Nada.

UCD LIGADA AL FRANQUISMO SOCIOLÓGICO

El miedo al cambio ha vuelto a hacer presa sobre todo a ese espacio humano que se ha dado

en llamar «franquismo sociológico». Existen por lo menos tres clases de franquismo: el de una

minoría que se afana en hacer del pragmatismo de Franco y de su sentido del Estado una

posible teoría oolítica de futuro: el más numeroso tía quiénes se sienten

 

< Volver