El tema de las regionalidades     
 
 ABC.    04/03/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL TEMA DE LAS REGIONALIDADES

Uno de los aspectos más sobresalientes del espectro parlamentario conformado por las

recientes elecciones legislativas, en orden a su incidencia en Ja próxima acción de ´las Cortes,

lo constituye la afluencia de partidos regionajls-tas, gratuitamente llamados nacionalistas bajo

¡a cobertura constitucional dei tér-mino que designa las «nacionalidades» del Estado español, y

su éxito.

Un total de 29 -escaños, representando al 5 por 100 de te población española, se han repartido

entre el Nacionalista Vasco, el enmascarador Herri Batasuna y Euzka-diko Ezquerra, en las

provincias vascongadas, y entre el Partido Socialista An-daluz, Ja Coalición Aragonesa, el

Partido Canario y la Convergencia i Unió catalana, en sus respectivas regiones.

Se ha magnificado, en un primer acercamiento a esta realidad con la que habrá que contar

Inexcusablemente en el- futuro inmediato, en especial ante el desarrollo de las leyes

constitucionales, el hecho de que Herri Batasuna, formación a la que había anunciado su apoyo

ía organización terrorista ETA, llevada por supuestas veleidades democráticas para -el en-

cuentro de una imposible coartada política para sus desmanes, haya conseguido tres escaños.

Pero esa magnificación no responde a ninguna realidad. El problema del terrorismo vasco

parece no tener solución parlamentaria, aunque el Parlamento pueda hacer, y,mucho, para

favorecer ia acción de -las Fuerzas del Orden, representantes del pueblo y democráticos

valedores de sus derechos y libertades. La Constitución, a cuyo amparo, en apariencia al

menos, se han acogido todos cuantos fian optado a un escaño o un puesto en el Senado, no

deja ningún resquicio para una posible fragmentación de la unidad nacional, para una hipotética

división del concepto y de la realidad que enmarca a la soberanía nacional.

Más significativos resultan, desde una perspectiva pragmática, los escaños obtenidos por los

representantes de partidos de claro matiz regionalista en Cataluña y en Andalucía, sin que esta

valoración pretenda depreciar la presencia de la Coalición Aragonesa —que, en principio, se"

entiende ligada, por su representante, al partido ganador— y del Partido Canario.

Los catalanes tienen ahora en e! telar su Estatuto. Con todas sus complicaciones, tanto

financieras como políticas. Cataluña corre el peligro de romper su unidad regional por el peso

excesivo de Barcelona en el concierto -denlas cuatro provincias. Un peso que, además, está

representado por partidos de clara filiación ite izquierdas, con votos que proceden,

mayoritariamente, da las clases emigrantes a la gran urbe industrial. El papel que desempeñará

la Convergencia, cuya tendencia no es en absoluto marxista, tanto en el equilibrio

parlamentario como en la redacción del Estatuto, puede ser trascendente.

Y otro tanto ocurre con el Partido Socialista Andaluz, de presumible oposición al PSOE, que

hará bascular su peso en el tema autonómico, buscando evitar cualquier tipo de centralismos,

tanto gubernamentales corno partidarios, en aras de una personalidad regional bien asentada.

Las opciones regionalistas señalan, en suma, la preocupación de unos considerables sectores

de la población, dentro del marco estricto de cáela región, por acceder a unos niveles

suficientes de autogobierno que permitan hacer frente, con mayor contundencia, a una serie de

problemas específicos que escapan, sn cierto modo, al denominador común nacional aun sin

salirse del marco de ia incuestio-nahle unidad de España.

 

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