Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Análisis de una gran victoria     
 
 ABC.    04/03/1979.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 22. 

ANÁLISIS DE UNA GRAN VICTORIA

DESDE el día de la Jura del Rey no ocurría nada parecido. El pais amaneció el viernes con sabor a

contento y, sintiéndose orgulloso de si mismo, dio su primer suspiro de satisfacción en tres años. A pesar

da don Santiago Carrillo («una crisis sucederá a otrá y la inestabilidad incrementará los problemas de este

país») y a pesar de don Manuel Fraga («la situación general es tan grave o peor de lo que era antes»),

coherentemente hermanados en la profecía del desastre, la gran victoria de la Unión de Centro

Democrático abre un horizonte de esperanza de cuatro años, durante los cuales puede consolidarse de

forma definitiva en España esa sociedad democrática de libertades en cuyo seno tantos ciudadanos

deseamos que transcurran nuestras vidas.

Suárez tenía ganadas las elecciones el dia en que se decidió a convocarlas. Tanto para el PSOE eomo para

la Coalición Democrática los comicios llegaban antes de tiempo. En el primer caso, porque aún no se

había producido la catarsis de la renuncia expresa al marxismo —prevista para el Congreso de mayo—,

que hubiera dado credibilidad a sus Invocaciones moderadas. En el segundo, porque los pactantes de

Aravaca ni siquiera habían tenido margen para hacerse con una Imagen a nivel nacional. En estas

circunstancias lo lógico es que la carrera hacia las Urnas se hubiera desarrollado sin emoción alguna y

con el partido del Gobierno netamente destacado desde el principio.

Q LAS ELECCIONES SE DECIDIERON EN LAS ULTIMAS HORAS

Ese no era, sin embargo, el estilo mon-dovita, y Suárez y sus´ colaboradores se empeñaron en pa..io.seio

difícil a si mismo. El desmantelamiento del equipo encargado de llevar las riendas del partido a tan sólo

cuarenta días de las elecciones, la. errónea distribución de las figuras centristas con proyección y el

anárquico comportamiento del presidente durante la campaña, estuvieron a punto de provocar un absurdo

empate con los socialistas, que tal vea nos hubiera colocado en puertas de gravísimas convulsiones,

condenándonos, desde luego, a la inestabilidad permanente.

A lo largo de las primeras cuatro quintas partes de la carrera la UCD. fue dando tumbos cual sonámbulo a

u e se desliza de farola en farola. Su «sprint» final ha sido, sin embargo, poderoso y definitivo. De hecho

las elecciones se han decidido en las últimas setenta y dos horas de la. campaña, y eso explica las diver-

gencias entre algunos sondeos y los resultados finales. Ha sido al enfilar la recta de tribunas cuando el

tándem Joaquín Abril-Federico Ysart ha logrado finalmente aterrizar y hacerse con el control de la

maquinaria centrista, y cuando Suárez ha tenido la intuición de seguir los con-eejds de quienes le

indicaban que debía incrementar su nivel de beligerancia con respecto al PSOE.

En contra de lo que piensa el 90 por 100 de las personas del círculo en el que ha-bltualmente nos

movemos los periodistas, Snárez noqueó rotundamente a Felipe Gon-láltz en su última comparecencia

sucesiva en televisión. Es verdad que el líder socialista proyectó una imagen más apacible, armónica y

equilibrada. Pero una campaña electoral no es, fundamentalmente, un concurso de belleza, y mucho

menos una ocasión de disfrute intelectual. Con su hablar atropellado, con su inquietud gestual, con sus

palabras secas y afiladas, Suárez fue capaz de imprimir a su Intervención ese toque de dramatismo que

durante tres eemanas había brillado por su ausencia y que, en definitiva, es lo que motiva a quienes no

tienen ningún carné en el bolsillo ni han asistido a un sólo mitin; es decir, e la abrumadora mayoría de los

ciudadanos.

La «progresía» le reprocha a Suárez haber apelado al «voto dei miedo» 7 haber fomentado ai máximo el

mecanismo del «voto por exclusión». En primer lugar, se trata de armajs legítimas, por mucho que les

moleste a quienes sueñan con ser simiente y vanguardia de unas masas que, a la hora de la verdad, parece

que no se dejan ni fecundar ni dirigir. En segundo lugar, respondían plenamente a la gravedad de la

situación: la perspectiva del acceso al poder de un PSOE plagado de contradicciones internas y carente

del rodaje necesario como alternativa realista, a pesar de sus cien años de peripecia, no podía por menos

que asustar a una porción considerable del electorado. En. cuanto al tan traíd9 y llevado voto útil, la mejor

demostración de que la razón estaba de parte de los centristas y no de parte de Areilza y Osorio la

constituyen los propios resaltados: con seis veces más votos populares que la Coalición Democrática,

UCD ha conseguido casi vétate veces más escaños.

O LA TELEVISIÓN, RESPONSABLE DE LA ABSTENCIÓN

La victoria de UCD ha sido irreprochable desde un punto de vista de limpieza democrática. Cierto que los

gobernadores civiles han jugado, más o menos descaradamente, en su lavüi, „. —nj que ios mi-nistros-

candidatcs han salido en la televisión más veces que sus contrincantes. Pero también es verdad que era el

partido del Gobierno y no otro el que llegaba al envite con el lastre que supone la erosión propia del

ejercicio del poder en un período tan angustioso eomo el que ahora queda atrás. Como en el hipódromo,

parece justo que aquellos caballos con más peso añadido sean también ios montados por los jinetes más

livianos.

Pocos espectáculos tau aasurdos como el de la tabulación de los minutos y segundos dedicados por los

telediarlos a los distintos personajes empeñados en la liza electoral. Al margen de que si se trata un tema

pesquero, la presencia del ministro de TransEprtes no sólo parece valida, sino también conveniente e

incluso necesaria, todo eso es peccata minuta. El gran pecado dé esa caja idiota que ha sido durante tres

semanas nuestra televisión es haberse comportado durante la campaña como si en este país no estuviera

ocurriendo nada. Me Imagino la sensación de impotencia y de rabia que se habrá apoderado de los

redactores y locutores de los espacios Informativos al tener que despachar, día tras día, las incidencias de

la batalla electoral con comentarios absolutamente vacíos de contenido, casi estúpidos, que merecería el

suspenso más rotundo a cualquier alumno de primer curso de la Facultad dé Ciencias de la Información.

Ahí hay que buscar una de las causas de que la abstención —cuyo beneficiarlo no. ha sido precisamente

el partido del Gobierno— haya vuelto a ser relativamente alta. La evidencia de que el actual sistema

monolítico no ha permitido una cobertura informativa de la campaña —los únicos equipos que han

seguido la gira de los grandes líderes correspondían siempre a canaües extranjeros— aconseja el gradual

acceso de la iniciativa privada al ámbito de la televisión. Nunca me cansaré de decir que la mejor

televisión, y por supuesto la más libre, es aquella con más botones en el selector de programas.

Bate es un buen ejemptc del apasionante reto que co-n cuatro años de plazo tiene planteado ante sí el

presidente Suárez. Su victoria conlleva también una gran responsabilidad de quien cuenta eon la

oportunld´ad de perfilar un modelo de sociedad a, psurtir de una realidad todavía desdibujada y ambigua.

Algunas de sus intervenciones publicáis a lo largo de la campaña. contienen eaperanzadores indicios de

que paulatinamente va arraigando en su ánimo una concepción peraanallsta, individualista..., liberal, de la

organización de la convivencia. Ojalá, sus continuas alusiones a esa sociedad competitiva y permeable en

la que tí talento y el esfuerzo sean elementos diferenciadores constituyan algo míus cpie palabras y vayan

traduciéndose pronto en re-foranas en profundidad que erradiquen muchas de las limitaciones dtrigistas

heredadas del régimen anterior.

Q NO TIENE SENTIDO CONVERTIR LA «COALICIÓN» EN PARTIDO

Porque lo que está muy claro es que UCD puede y debe gobernar en solitario. Sois 167 escaños de ahora

valen mucho más que sus 165 escaños de antes. En primer lugar se ha acabado la época d« los grandes

consensos y, como en multitud de países europeos, la mayoría simple debe bastar para ejercer el Poder

siempre que no haya nadie capaz de aglutinar detrás de otro lider y otro programa a un número superior

de diputados. En segundo lugar, la UCD ha realizado una notable criba en su grupo parlamentario,

profesionalizando al máxkno a sus diputados y reforzando los mecanismos de control sobre el e=caño

frente a posibles desidenciás: De no ser por el absentismo de muohos de sus diputados el partido del

Gobierno no halma perdido en la pasada legislatura más votación que la que dio origen al famoso pleno

del 5 de atoll, cuyos avatares hicieron-germinar, por cierto, en la condénela del presidente la resolución de

disolver las Cámaras apenas se aprobara la Constitución. En tercer y último lugar, UCD no debe tener

problemas considerando la actual composición del Congreso pawa completar una mayoría absoluta &n

los casos en que sea necesaria.

A sus 167 votos habra que sumar con regularidad los de Hipólita Gómez de las Roces, los

nocionalisítas.catalanes y buena pacte de los menguados representantes de Coalición Democrática. De los

diez diputados de esta formación, dos —Osorio y Alzpún—-han militado en UCD y otros dos —Areilza y

Senillosa— participaron activamente en la constitución de su embrión. Centro Democrático. Zanjada ya

por e] veredicto de las urnas la disputa sobre la virtualidad y la eficacia de su concurrencia diferenciada,

un mínimo de coherencia Ideológica les obliga a votar junto a UCD en e] 90 por 100 de los cafios, sin

reclamar nada a, cambio. A lo más Que .pueden aspirar es a ir acercándose paulatinamente a UCD con el

propósito de tratar de influir en su evolución y comportamiento, de acuerdo con la táctica de un Pió

Cabanillas o un Enrique de la Mata.

Seguir adelante con la Idea de convertir la Coalición en un partido único no tiene, desde luego, ningún

sentido. Los electoras de centro derecha a los que iba dirigida su convocatoria han votado todos por UCD.

Tratar de mantener en ese contexto el fuego sagrado insistiendo en los ataques a UCD —válidos sólo

durante la campaña— sería rendir un pésimo servicio a su propia causa. Al margen de las etiquetas,

siempre cabalísticas y ambiguas, el partido d-el señor Suárez va a ser el que cumpla en España la función

que Areilza y Osorio han reclamado insistentemente para sí.

[] LA REACCIÓN DE FRAGA Y EL CON-GRESO DEL PSOE

Mucho más Incierto todavía que el de sus compañeros, se presenta el futuro dí Manuel Fraga Iribarne. El

secretarlo general de Alianza Popular ha demostrado ser un mal perdedor. Sus declaraciones recogidas

ayer por Pilar Urbano son una muestra del carácter de quien no admite haber sido de-rrotado en buena lid.

;Qué es eso de que «estas elecciones se han hecho sobre bases falsas y deformantes de la expresión

popular del voto»?

En vez de reconocer la evidencia de que cada vez son. más los españoles —muchos de ellos

Ideológicamente cercanos a sus posiciones— que rechazan su talante autoritario y brusco. Fraga prefiere

hacer el avestruz y refugiarse en formulaciones tan bellas como la de que «antepondremos los grandes

principias morales y políticos a nuestras cuestiones personales». ¡Como si la moralidad y el patriotismo

fueran paíai-momio de los vencidas y la ambición y el arribismo exclusiva de los vencedores! Los

presentís en la última tertulia electoral de ABC recordamos perfectamente cómo Fraga pretendió zaherir a

Blas Piñar, ironizando sobré lo «divertido» que resultaría un Grupo. Mixto en el que el líder de Puer-aa

Nueva tuviera que convivir con personajes como Letamendía. Es posible que el notario madrileño le

.envíe ahora una misiva, dándole la bienvenida al «tubo de la risa», con un encabezamiento que diga!

«¡Mire usted lo «ue son las cosas...!»

Si las alternativas de Fraga, —convertirse en un diputado-llave, radicalizar su posición acercándose al

señor Pinar, o exiliarse en Galicia— prácticamente sólo a él y a un puñado de Incondicionales les afectan,

lo que pueda ocurrir en el PSOE sí que deba ser objeto de preocupación generai. Por muy legítima que

pueda parecer la alegría ante el severo correctivo impuesto a quienes de forma tan iconoclasta venían

presentándose desde hace dos años como los mas bellos, sabios y puros, este sentimiento deba dejar paso

aJ deseo de que el proceso de moderación ideológica y adaptación a 1» realidad de nuestra sociedad que

tratan d¿ pilotar Felipe González y sus colaboradores, no se vea Interrumpido.

El Congreso de mayo no va a ser ya la celebración triunfal de la victoria, stoo el marco de un áspero

debate que, teniendo en cuenta las elevadas cotas de democracia Interna del PSOE, puede desembocar en

situaciones insospechadas. El mayor error que podría cometer la segunda fuerza poJitica del país—pieza

esencial nara la estabilidad del sistema —consistiría en radicalizar sus posiciones con la esperanza de

recuperar su Identidad férreamente marxista y contener el trasvase de votos hacia la órbita comunista. Eso

Indicaría que el PSOE no habría entendido en absoluto la lección de las urnas. A su oferta le han faltado

dos requisitos esenciales: En primer lugar, crédito ciudadano. Kn segundo.lugar, comprensión hacia los

anhelos regionales en una serie de zonas del país. Hoy, más que nunca, ¿ PSOE necesita pasar por un Bad

Godesberg de verdad.

UNA LECTURA FEDERALISTA DE LA CONSTITUCIÓN

El auge de los nartidos nacionalistas Indica, por otra parte, que la estructuración del Estado va a ser el

gran tema abierto durante los próximos cuatro años. El Gobierno tendía „ que tener muy en cuenta a partir

de atoara que un tercio de los electores d« Vizcaya y Guipúzcoa —matrícula de honor, por cierto, pa.ra

Marcelino Oreja— han optado por alternativas abiertamente separatistas; que más de un 10 por 100 de los

electores canarios han avalado a un carüdq que simpatiza con el MPAIAC; que, por primera vez en la

historia, llega al Parlamento el nacionalismo andaluz; que el Partido Aragonés Regionallste ha logrado

conservar su escaño; que. a pesar de no conseguir ningún acta, las candidaturas del Bloque y de Unidad

Gallega han doblado sus votos del 15 de jnlo, y que, en contra de las predicciones preélectorales, las

huestes del señor Pujol y, a menor nivel. las d«l señor Barrera, no han disminuido de forma sustancial.

Creo que todo ello impone una lectura federalista de te Constitución.—Pedro J. RAMÍREZ.

 

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