Autor: Collar, Jorge. 
 Elecciones 82. Personalización de las candidaturas y bipolarización de los partidos. 
 Francia: Entre el espectáculo y la política     
 
 ABC.    17/10/1982.  Página: 41. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

DOMINGO 17-10-82

NACIONAL/ELECCIONES 82

Personalización de las candidaturas y bipolarización de partidos

Francia: Entre el espectáculo y la política

PARÍS (J. Collar). Para hablar de campañas electorales en Francia es preciso tener en cuenta dos

realidades políticas esenciales de la V República que imprimen un carácter determinado a todo

enfrentamiento electoral y en general a toda la vida política. El peso de la figura del presidente de la

República, elegido por sufragio universal, acto político capital al que se subordina en Francia todo el resto

de la lucha por el Poder y el sistema electoral elegido: escrutinio uninominal mayoritario con dos vueltas.

La preponderancia del presidente hace de la elección presidencial el centro de la vida política. Toda la

estrategia de las fuerzas políticas está determinada por esta realidad, de forma que poseer un candidato

potencial a la presidencia es una necesidad de toda formación política. Todas las elecciones están

influidas por la elección presidencial por una doble razón: el peso específico del presidente en funciones y

la posibilidad de la oposición de modificar el equilibrio de fuerzas en el país a través de las elecciones

legislativas.

Como la duración del mandato de la Asamblea y del presidente no coinciden (cinco años en el primer

caso, siete en el segundo), cada elección legislativa aparece como una forma de confirmar o minar el

poder del presidente; cada elección presidencial constituye la etapa final de un partido en la conquista del

poder, ya que el nuevo presidente puede, como lo hizo Mitterrand en mayo pasado, disolver la Asamblea

y crear las condiciones óptimas para que una fuerza política única pueda gobernar el país, controlando, al

mismo tiempo, la presidencia y la Asamblea Nacional.

SIN SISTEMA DE LISTAS. En segundo lugar, el sistema electoral da a las campañas electorales un cariz

particular. No existe en Francia en las grandes elecciones el sistema de listas, sino el de un candidato, por

ejemplo el de un diputado que es elegido en una circunscripción electoral. En la primera vuelta existe una

pluralidad de candidaturas; las fuerzas políticas pueden medir su fuerza electoral. Por ello, los grandes

partidos tienden a estar presentes en la mayor parte de las 491 circunscripciones electorales.

En la segunda vuelta, aparte los candidatos eliminados de oficio —si no han obtenido el 10 por 100 de

sufragios—, la realidad es que en la inmensa mayoría de los casos las fuerzas se reagrupan en torno a dos

candidatos, que representan la mayoría y la oposición. Naturalmente esta posibilidad del elector de

cambiar de candidato entre las dos vueltas, para votar no por su preferido, sino por el que tiene más

posibilidades de ganar al de la otra coalición, hace que se cumpla el aforismo de que en la primera vuelta

se elige (el más próximo de sus propias ideas), en la segunda se elimina (el de la coalición contraria). Este

sistema impone dos realidades: la personalización de las campañas y la bipolarización de las fuerzas

políticas. Todo el sistema de la V República va contra la idea del «partido bisagra». Se trata de crear

fuertes coaliciones en torno a una figura política —la del presidente— que va a ganar «por puntos»,

normalmente por una mayoría de votos relativamente modesta, que suele ser de un 1 ó 1,5 por 100 de los

electores.

LARGOS PERIODOS DE CAMPAÑAS. En cuanto a las campañas propiamente dichas, éstas duran en

su parte oficial quince días antes de la primera vuelta. Entre las dos vueltas media una semana en las

legislativas; quince días en las presidenciales. Todo ello da largos periodos de campaña electoral.

Las diversas manifestaciones de las campañas electorales tienen un valor diverso sobre la opinión. Así la

campaña oficial en la televisión se ha convertido en un rito absolutamente ininteresante, quizá porque el

público conoce ya todos los argumentos de los candidatos, quizá porque las reglas estrictas impuestas por

la ley dejan poco lugar para las sorpresas. Por el contrario, la televisión ha sido determinante, sobre todo

en las elecciones presidenciales, cuando han tenido lugar los «cara a cara» entre los dos grandes

candidatos. En estos casos el debate contradictorio, con el suspense del directo, dan a estas emisiones un

carácter decisivo.

Por lo demás, los candidatos cuidan abundantemente el sistema de entrevistas y otras intervenciones en la

Prensa escrita, así como la participación en grandes reuniones electorales. Cada gran partido organiza la

suya en los puntos neurálgicos de la geografía francesa y, naturalmente, en París.

Toda campaña electoral, dada la complejidad del mundo moderno, plantea el tema de los medios

económicos, de su «precio». La ley, naturalmente, se esfuerza en dar una igualdad de oportunidades. Por

ello, el Estado paga los gastos de los candidatos (papeletas de voto, programas enviados a los electores,

carteles oficiales) a condición de que el candidato haya obtenido el 5 por 100 de los sufragios. Queda,

naturalmente, todo el resto.

En fin, para terminar, dos palabras sobre las encuestas. Estas habían jalonado todas las campañas hasta

1972, fecha en que eran prohibidas durante las campañas oficiales. Los sondeos se paran cuando la

campaña oficial comienza. Ello no impide que se realicen y que sean utilizados por los candidatos. Los

responsables de los institutos de opinión toman, sin embargo, su desquite la noche de los resultados. Estos

son conocidos al comienzo de cada noche electoral gracias a las maravillas de la informática. Los

computadores han terminado con el «suspense» de las largas noches de elecciones.

 

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