Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Carlos Arias Navarro     
 
 ABC.    30/12/1973.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 1. 

EN POCAS LINEAS

CARLOS ARIAS NAVARRO

Ya es oficial la designación como presidente del Gobierno, que publicará el lunes el "Boletín Oficial del

Estado", de don Carlos Arias Navarro. Si resultaba imprevisible este nombramiento antes de reunirse el

Consejo del Reino, no le fue, evidentemente, mientras se deliberaba sobre la tema que había que presentar

al Jefe del Estado. ¿Qué acababa de suceder para que ayer por la tarde, casi previamente a la segunda

reunión del Consejo, se descartasen en la práctica, por entero, los nombres que más sonaban como

>Papabile> y sólo sobresaliera, en la cresta de la onda, el de Árias Navarro? Un buen examen de las

circunstancias políticas y sociales presentes, aconsejaba la designación de un presidente del Gobierno,

fuerte y sereno, independiente de criterio, de sólida formación jurídica, con experiencia política larga en

tiempo y escalonada en cargos, con popularidad por realización de obras populares, sencillo en el trato y

nada esquivo al diálogo, y, finalmente, inmune a toda ambición desenfrenada y a todo fanatismo de

cualquier tendencia. Todas esas cualidades, dentro del abanico de hombres políticos del régimen, tenían

un nombre: Carlos Arias Navarro. ¿Es un acierto su proclamación como presidente del nuevo Gobierno

que va a tener España con la iniciación del año 1974? Yo personalmente hago votos por que así sea. Pero,

a la postre, tanto a él, como a los ministros que designe o confirme, los conoceremos —los conocerá el

país—por sus frutos como dice el Evangelio. Es de gran necesidad —y esto es bien sabido—, que el

nuevo equipo que acompaña al primer ministro del General Franco, en el que muchos creen no faltará el

grupo "democristiano", responda "ad hoc", a las circunstancias de la hora grave y difícil que vivimos. Los

problemas planteados han de tratarse con mente clara, serenidad de juicio y el sólo interés de servir al

país. Sin olvidar que la autoridad es compatible, siempre, con la libertad, como norma elemental de buen

Gobierno.ARGOS.

 

< Volver