Autor: Dávila, Carlos. 
 Elecciones 82. El presidente de AP, convencido de que su único enemigo es el PSOE. 
 Fraga califica el prgrama socialista de "monumento a la contradicción"     
 
 ABC.    18/10/1982.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El presidente de AP, convencido de que su único enemigo es el PSOE

Fraga califica el programa socialista de «monumento a la contradicción»

GIJON (Carlos Dávila, enviado especial). El patinazo electoral de Javier Solana le ha dado

suficiente pábulo a Manuel Fraga para denunciar las insuficiencias del programa del PSOE. No

sé si Javier Solana, de ordinario comedido, se ha dado cuenta de su escalofriante error; ha

sido, en puridad, el primer fallo del PSOE en una campaña que hasta ahora llevaba realizada

sin una sola tacha.

Fraga ha interpretado interesadamente el desliz de Solana diciendo dos cosas: que el pueblo

ya comenzaba a enterarse de que los socialistas habían redactado un monumento a la

contradicción y que las bases del partido estaban hartas de tanta política moderada. Una

interpretación inteligente que le ha puesto en bandeja el número dos madrileño, Javier Solana.

A estas horas, Guerra —enemigo declarado de Solana— debe estar que trina. Guerra,

responsable máximo de la campaña socialista, había preparado un proyecto hábilmente

anodino, destinado simplemente a conservar el enorme caudal acumulado por el PSOE en

estos años rentables de oposición. Así que hasta ahora Felipe González estaba siendo vendido

como quien difunde en televisión las virtudes de un detergente. Como, por otra parte, la

canción electoral socialista parece más un mensaje de champán navideño que un contenido

político concreto, las cosas estaban resultando a gusto del vicepresidente del Partido

Socialista. Pero Solana, con su inepcia, ha descubierto el pastel de las intenciones y los rivales

del PSOE saltarán muy pronto a la carótida! Ya lo ha hecho Fraga en Gijón con una

descalificación como ésta: «El pueblo debe saber que una victoria socialista supone el camino

del cambio social.» Y es que a estas alturas de campaña el presidente de Alianza Popular está

convencido de que su .único enemigo es el Partido Socialista. Nunca he visto al líder

conservador más seguro de su triunfo; en sus frases la palabra victoria no queda vacía, en un

afán lícito de someterse a una terapéutica de autoconvencimtento; no, Fraga cree que ganará y

gobernará: «El día veintinueve las Cavas de San Sadurní de Noya se quedarán vacías.»

Manuel Fraga, que ha perdido posiciones explicando su postura ante la tentativa del golpe de

Estado «de los coroneles», intenta ahora reconducir la campaña hacia los programas. Exhibe el

suyo y afirma, sencillamente: «Es el mejor.» No quiere hablar del golpista esquizoide Tejero

Molina, al que una mala ley —y en eso concuerdo absolutamente con Fraga— ha permitido ser

candidato, pero no tiene más remedio que responder a cuantas preguntas surgen sobre el

ciudadano que ufi día holló el lugar donde se afirma la voluntad popular. «Lo de Tejero —

repite— es absolutamente intolerable.» Y añade: «Pero no podemos aprovechar la ocasión

para meternos ni con los jueces ni con el Ejército.» De modo, ya lo digo, que el personaje más

nefasto de nuestra historia reciente continúa, desgraciadamente, acaparando publicidad, i Qué

más quiere él! Es hora, pues, de hablar seriamente de los programas de los partidos

democráticos.

LOS CANDIDATOS TAMBIÉN LLORAN

El presidente del Gobierno ha estado aquí para ayudar en las pocas posibilidades que tiene su

delfín, Rodríguez Inciarte, de hacerse con un escaño asturiano. Calvo-Sotelo ha recibido de

Fraga el más tremendo varapalo que recuerdo: «El señor Calvo-Sotelo nunca

ha hecho nada en ningún sitio donde ha estado, salvo estropearlo todo.»

Calvo-Sotelo, en cualquier caso, ha pasado por Asturias más desapercibido que nunca; no ha

gozado del aplauso callejero como lo ha hecho Fraga, estrujado hasta la extenuación a la

entrada del teatro gijonés, pequeño y ridículo, donde ha pronunciado, agónico, pero potente, su

enésimo mitin de campaña.

Fraga ha intervenido tras la presentación de un candidato que ha roto a llorar cuando ha dicho:

«Aquí les dejo con el político más limpio de España.» Antes, otro candidato, en una

intervención ultraconservadora, ha arremetido contra la Prensa, mientras Fraga torcía el gesto

en un rictus de enorme disgusto.

Los grandes temas, como ya he dicho en varias ocasiones, están quedando inéditos. He tenido

ocasión de ver cómo Fraga respondía a dos asuntos enormemente conflictivos que, al parecer,

no ha querido incluir en su programa: la reforma de la Constitución y Ja pena de muerte. Sobre

ef primero, Alianza Popular afirma que no tiene la menor intención de tocar la Constitución en la

próxima legislatura; sobre el segundo, Fraga, que se ha confesado partidario de reponer la

pena capital para algunos supuestos, también asegura que en esta legislatura no propondrá un

proyecto para revitalizarla. Es una tranquilidad. Alianza ha llenado las calles de Gijón, entre

gritos de partidarios, en la voz gorgoril y resonante de María Ostiz desde tos altavoces:

«Tenemos que...» Y apunta todas las cosas que hay que hacer.

 

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