Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Modales     
 
 ABC.    19/10/1982.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

MODALES

UFF...! ¡Qué sudores, lector, con esto de las • ^J elecciones! Porque uno de los grandes inconvenientes de

ser periodista todo-terreno reside en que, a fuerza de practicar el mestizaje informativo y brincar de la

columna al editorial, y de éste a la entrevista o al suplemento literario, al final corres el riesgo de terminar

con un «mono» y una llave inglesa, afinándole un detalle a la rotativa. Pero, en fin, tras unos días de

excursión, reabrimos el establecimiento.

Ciertamente, lectores, éste es un país divertido. Tan ameno resulta que, en ocasiones, más que un país,

parece un manifiesto, concretamente el de André Bretón, el surrealista.

El episodio de Tejero, tras la luz verde de la Audiencia habilitándole como candidato electoral, no tiene,

en verdad, otro etiquetaje.

Claro que a tan curiosa singularidad siempre se le pueden buscar compensaciones malvadas. Se puede,

por ejemplo, reflexionar, como Harry Lime, aauel encantador desalmado de Graham Green en «El tercer

hombre» (Orson Welles en el film), traficante de penicilina adulterada en la Viena de posguerra, quien

señalaba, más o menos: ahí estaban los Borgia, con sus reinos de sangre, muerte y depravación, que, sin

embargo, produjeron algo tan sublime como el Renacimiento, los Da Vinci, Miguel Ángel, los

Maquiavelo. En cambio, Suiza, con quinientos años de vida en paz y democracia, ¿qué nos ha dejado? El

reloj de cuco...

Pues bien, aquí, aunque sea a base de sobresaltos en sesión de mañana y tarde, por lo menos estamos

entretenidos.

SIN embargo, hay gente que estima que el jolgorio democrático ya es excesivo y consideran que, por

ejemplo, en la campaña electoral se están perdiendo los buenos modales? Y nada más lejos de la realidad.

Es más, se diría que, al igual que en el Parlamento, las refriegas electorales parecen educadas riñas de

ursulinas. Y no puede ser. Yo recuerdo, en mis ya lejanos años de corresponsal en México, que durante

una visita de parlamentarios franceses a sus colegas aztecas, el presidente Echeverría tuvo que aguantar el

bochorno de ver a uno de sus senadores debatir, en plena Cámara, una acalorada ponencia, enfadarse con

su adversario, sacar un profundo y gigantesco revólver y gritar aquello tan educado de «¡Te trueno,

mano...!».

Por no hablar de esas Cámaras sajonas en las que el «son of a bitch» —«hijo de perra», más o menos —

aparece de vez en cuando en los diarios de sesiones. Pues aquí ya no estamos escandalizando, porque a

Fraga le llaman «psiquiatra de golpistas».

Los políticos en democracia tienen que ser como las válvulas de seguridad de las ollas a presión y está

muy bien que se den leña —al menos en periodo electoral — , que para eso les pagamos. Y no pasa nada.

De lo contrario tendremos una democracia de corbatitas y almidón.

El único que realmente ha estado un poco a la altura ha sido Carrillo, que comentando una imputación de

Felipe que le culpó, no sin razón, de haber conseguido algo que Franco no logró en cuarenta años, o sea,

cargarse el PCE, ha dicho: «Me parece una gilipollez...»

 

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