Autor: Dávila, Carlos. 
 Elecciones 82. Las relaciones entre el centro y la derecha están a punto de romperse. 
 Fraga insiste en que UCD ha dejado de existir     
 
 ABC.    19/10/1982.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Elecciones 82

ABC MARTES 19-10-82

Las relaciones entre el centro y la derecha están a punto de romperse

Fraga insiste en que UCD ha dejado de existir

ORENSE (Carlos Oávila, enviado especial). El consenso, que en un difícil momento de la transición

intentaron Fernando Abril y Alfonso Guerra, se está volviendo contra el PSOE. Al menos esto intentan,

por todos los medios, los aliancistas de Manuel Fraga, que lanzan contra los socialistas, como un estilete,

la nefanda especie del acuerdo sucesivo. Fraga dice, más o menos: Responsabilidades hay que pedir tanto

a la UCD como el PSOE, que ha «cogobernado» durante los últimos cinco años. Todos los fieles

seguidores del presidente de AP se hacen eco de la orden de su jefe y la repiten como un latiguillo

molesto. Digamos, a mayor abundamiento, que la acusación ingeniada por Fraga está teniendo éxito.

Los últimos ataques de Landelino Lavilla no han sentado nada bien al líder de Alianza, que, sin ningún

«staff» directivo, se basta y se sobra para contestar a todas las diatribas que recibe. Por las mañanas.

Fraga se lanza sobre los periódicos locales y, ya en su automóvil, que le traslada de una ciudad a otra, de

un pueblo a otro pueblo, subraya y corta todas las frases, todos los párrafos y hasta las columnas dirigidas

a favor y en contra de su persona. Manuel Fraga viaja solo en la campaña, en una orfandad que sorprende,

sobre todo, si se recuerdan los largos y amplios «cuarteles volantes» que rodean a tos demás líderes

políticos españoles. Entre UCD y AP se ha abierto ahora —ya lo decía hace algunos días— una sima

difícilmente rellenabte. Tendrá que pasar mucho tiempo para que se restañen estas heridas de campaña. Y

es que Lavilla, que rechazó por su cuenta y riesgo la tesis de la mayoria natural, no pierde ocasión de

distanciarse estratégicamente de Alianza Popular. Como, además, Fraga insiste una y otra vez en que

UCO ha dejado de existir e ignora su presencia y posibilidades en las elecciones, las relaciones entre el

centro y la derecha están a punto de romperse, si es que no se han roto ya definitivamente. Fraga

proclama, por ejemplo: «Hay que barrer a UCD», y Lan-delino Lavilla, fiel a su «slogan», responde:

«Esta declaración me exime de explicar la necesidad de un centro alejado de todos los extremismos.»

Sobre este centro vinieron a hablar a Galicia Calvo-Sotelo y Rosón, con un relativo, muy relativo, éxito.

Rosón, de puertas para afuera, aún asegura que los indecisos votarán a UCD y le darán de nuevo la

victoria. Pero no creo que el ministro del Interior, que cuenta —dicho sea al paso— con muy escasas

simpatías en Alianza Popular, se crea sus propias previsiones. Una cosa buena se desprende de la visita

gallega del presidente y sus ministros: por fin, UCD ha decidido salir de su particular —a veces

vergonzante «ghetto»— y rendir cuentas de su gestión, para explicar por qué se han hecho unas cosas y

dejado de hacer otras y, en definitiva, exponer ante el público en general las realizaciones y carencias de

un quinquenio. Es lo menos que puede hacer un Gobierno que, según todos los pronósticos, t abandonará

el Poder dentro de ; muy pocos días. En Galicia, UCD quiere conservar el segundo puesto que obtuvo en

las elecciones regionales, pero ni siquiera eso es fácil.

En Orense, donde escribo, después de haber atravesado Galicia de parte a parte por las carreteras más

deficientes de toda España, Pío Cabanillas apenas aparece-en los carteles de su partido: el ministro-candi-

dato prefiere que sus acompañantes gasten su efigie en las paredes y él, como siempre, en la retaguardia,

urdiendo tácticas y maniobras miles.

Ayer, Fraga, al decimotercer día de campaña, descansó. Pero no del todo. Se fue hasta su pueblo natal,

Villalba, se encerró algunas horas en su casa, pero tuvo tiempo, en frases textuales suyas, «de explicar a

algunos periodistas cómo se juega al dominó». Después, ya con los expertos y compañeros de la locali-

dad, se «echó una partida en serio». Después, otra vez a volar por las carreteras: por la tarde, en Orense;

por la noche, en Vigo; por la mañana en La Co-ruña. Y así siempre. Pero este «boca a boca» electoral,

que a él le gusta y que le ha proporcionado beneficios reales en dos ocasiones próximas. Como, además,

su única deficiencia física es la afonía, se puede permitir éste y otros muchos lujos. En Galicia, su cuñado

Robles Pi-quer ha dicho lo que ya todo el mundo sospechaba; que él también apuesta por la mayoría na-

tural.

Los últimos días de esta campaña, tan escasamente normal, van a estar dedicados, según creo, a

desmontar los lemas de cada partido. Los socialistas, por fin, tendrán que explicar así, menos

ambiguamente, en qué consiste eso del cambio. Ya no basta, por lo menos a los electores, no les debe

bastar con responder: «En que España funcione.» La contestación es afortunada,- pero corta en

contenidos. El cambio se explica, además, muy difícilmente desde carteles vetustos, como los que he

visto pegados en Oviedo, donde tres aspirantes a senadores juntan, quizá más de doscientos años.

Pero no debemos desesperar: este pueblo nuestro es capaz de creerse todo, incluso las palabras de la

candidata «socialista por Murcia», Carmela García Moreno, que está exultante de gozo porque «a partir

de ahora comeré verduras frescas todo el año». El cambio de partido le ha venido muy bien a la señora

Moreno. También a don Ricardo de la Cierva, que se ha vuelto seguidor o fanático de Fraga en la enésima

pirueta política que se te recuerda. Adolfo Suárez, que según confesión propia y oportuna se «arrepintió a

los seis días de haberle nombrado ministro», recuerda perfectamente los escritos del que entonces era su

diputado. La política da estos giros y ya digo que el electorado español lo aguanta todo. Incluso a estos

personajes.

Vuelve a haber noticias dramáticas de terrorismo. Parece que los «etarras» no se han quedado satisfechos

de su última heroicidad en el atentado contra Los Olivos y están dispuestos a repetir la suerte. Hasta

Galicia ha viajado hoy, por motivos que todos conocemos, el golpista impenitente Ynestrillas, uno de

cuyos hijos se encuentra carcelariamente a buen recaudo. Preguntado por su opinión acerca de las órdenes

de traslado al comandante Sáenz de Ynestrillas y al teniente coronel Grande, Fraga dijo: «Será que se

estima que sus servicios son importantes en esas Capitanías porque mandarlos allí por otros motivos es

pensar que el Gobierno aún es más insensato de lo que parece.»

El golpe frustrado de los coroneles ha influido, según he repetido machaconamente, muy

desafortunadamente sobre la campaña electoral, de modo que muchos líderes han ocupado más tiempo en

condenar lo exa-crebte que en exponer sus planteamientos políticos. Como, por otro lado, los debates

están prácticamente descartados, estas elecciones anticipadas del 82 van a ser recordadas como «la

campaña del segundo golpe».

 

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