Ante las elecciones (2). 
 Las libertades     
 
 ABC.    23/10/1982.  Página: 14-15. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

OPINIÓN

SÁBADO 23-10-82

Ante las elecciones (2)

Las libertades

Las grandes opciones que se disputan los votos en los próximos comicios st>n democráticas en tanto que

se declaran dispuestas a admitir una oposición y a someterse periódicamente al veredicto de las urnas.

Pero ¿significa esto que los diferentes programas ofrecen a los españoles idénticos niveles de libertad? En

modo alguno. Aun suponiendo >[«ie Iris partidos sean igualmente democráticos, entendemos que sus

oferlas de libertad son dispares.

Es obvio que no nos referimos al repertorio de derechos y libertades que se contienen en el título I de Ja

Constitución vigente, y que nadie puede negar. Por ejemplo, el artículo 43 de la Constitución dice que «se

reconoce el derecho a la protección de la salud». Esa es la libertad formal. Pero que de hecho se impida la

venta de aceite adulterado, esa es la libertad real.

He aquí, pues, la cuestión: ¿cuál de loa programas electorales garantiza un margen más dilatado de

libertades reales? A nuestro juicio, la oferta liberal, que con diversidad de forma y coincidencia de fondo

representan el centro y la derecha. El intervencionismo estatal implica decisivas limitaciones a la

autonomía de las personas y a, la iniciativa de los cuerpos intermedios, porque transfiere a la burocracia

decisiones de control más difícil que el realizado por el mercado y en el mercado.

En la España de los años ochenta, la salvaguardia de la libertad es una prioridad nacional. Frente a la

libertad abstracta de los programas de la izquierda, la defensa diaria de las libertades reales pasa hoy por

la oferta del centro-derecha. En la defensa de las libertades públicas existe un previo compromiso moral,

puesto que la dignidad de la persona es inseparable de la libertad. Pero en el terreno de la política

concreta hay diferencias profundas y de orden práctico en eí entendimiento de la libertad. Sin libertad nc

es posible e! desarrollo material ni la competitividad. Por eso ¡a libertad en la sociedad posindustrial no es

sólo una condición ética, sino también una necesidad instrumental. Veamos algunos ejemplos para

explicar en qué medida pueden resultar garantizadas o comprometidas las libertades concretas por el

resultado electoral.

La libertad de opinar: cuando el -J- partido hegemónico de la izquierda habla de libertad de expresión,

pero aspira a mantener una cadena de periódicos oficiales, nos hallamos ante una amenaza a la libertad.

Loa programas de la izquierda son igualmente contrarios al establecimiento de cadenas privadas de

televisión; es decir, defienden el monopolio estatal de ese importantísimo medio. Sólo ur.a pluralidad de

canales privados ofrecen la libertad de preferir unos a otros, la posibilidad de sustraerse a cualquier

adoctrinamiento y la de trabajar en unas o en otras, y no necesariamente al servicio de la ideología oficial.

¿Qué otra cosa más que el miedo a la crítica o el interés censor puede ocultarse detrás de tamaña

incongruencia? Las ofertas que postulan el pluralismo televisivo y la pública subasta de la antigua Prensa

del Movimiento suponen más libertad real para los ciudadanos.

p La libertad de ensenar: los progra-~ mas socialistas tienden no solamente a privilegiar

presupuestariamente a la enseñanza estatal, frente a la enseñanza privada, sino que quieren obligar,

mediante rígidos controles, a los colegios subvencionados a estatalizarse o a desaparecer. Y no nos referi-

mos a los colegios más ricos, sino a los millares de centros privados, sin los cuales se hundiría la

escolarización. Ahora bien: ¿hay igual libertad cuando se puede elegir un centro docente para los hijos o

cuando necesariamente hay que enviarlos a una escuela pública susceptible de ser ideológicamente mo-

nopolizada? Sin duda alguna hay menos libertad real en el segundo caso.

O El incremento de la inversión pú-" blica entraría siempre Ja disminución de la inversión privada. ¿Por

qué? Porque ¡os recursos de un país son limitados y.aquellos que se destinen al Estado habrá que

restárselos a los particulares. En la medida en que el Estado se convierte en empresario desplaza a los

ciudadanos cíe la vida empresarial y los reduce a la condición de asalariados. Cuando mayores son las

inversiones estatales menor es la libertad de cada uno para constituir su propia empresa. Cuantío se llega

al límite del colectivismo socialista nadie tiene la libertad de crear una empresa.

A La inversión pública crea menos " .puestos de trabajo que Ja privada. Las grandes industrias estatales

son también las que exigen menos mano de obra permanente. El sector más creador de puestos de trabajo

rentables —como han reconocido los principales partidos— es el de las industrias medias y pequeñas y el

de los servicios, que es siempre el de burocratización más difícil. Cuanto mayor sea la parte del ahorro

nacional invertido por el Estado menos puestos de trabajo se crearán por cada, millón gastado.

Consecuentemente, el ciudadano tendrá menos libertad y menos posibilidad de trabajar que ccn la

inversión privada.

Resulta, además, que el asalariado del Estado tiene un patrón todopoderoso con el que no puede medir sus

fuerzas, ni sentarse en una mesa a negociar, ni apelar contra sus decisiones a menos que se someta el

Estado a los sindicatos. Ahí está el ejemplo polaco, sin duda extremo, pero ilustrativo- En España los

sueldos de los funcionarios no han crecido, como los de los trabajadores de empresas privadas, en una

SÁBADO 23-10-82

proporción superior al alza del coste de

vida. Han sido unos asalariados poster-

gados como lo suelen ser todos los fun-

cionarios públicos. Cuanto mayor es el

número de empleos dependientes del

Estado, menor es la cantidad de pues-

tos de trabajo privados y menor liber-

tad de los trabajadores para elegir y

para ejercer sus reivindicaciones. Por

el contrario, con unas condiciones sin-

dicales de libertad, la empresa privada

abre el mas amplio margen negociador

a los asalariados. Durante el régimen

anterior los conceptos de derecha y de

falta de libertad fueron presentados en

España como casi análogos. Si hubo

épocas en los que los programas de iz-

quierda ofrecían más libertad que los

de derecha, hoy la tendencia al colecti-

vismo y el espíritu a veces inquisidor

de los programas socialistas han inver-

tido el sentido de la historia: en el

proyecto del socialismo la primacía de

la igualdad ha acabado por imponerse

a la primacía de las libertades. Por eso

resulta ahora que las mayores liberta-

des reales no están en la oferta de la

izquierda. En otros términos: frente al

gigantismo de Estado, la libertad es, en

la segunda mitad del siglo XX, el eje

común de la derecha liberal y el centro

reformista.

Una declaración

Un colegio profesional no debe ser

sólo la institución que soluciona los

servicios médicos y farmacéuticos de

sus miembros. La Asociación de la

Prensa ha atendido estas cuestiones

con eficacia desde hace casi cien años.

Pero su función fundamental ha sido y

es otra: la defensa de la libertad de ex-

presión, de los derechos profesionales y

del prestigio de la propia profesión.

Hace unos días se produjo un hecho

tal vez sin precedentes en el periodismo

madrileño. Un periódico publicó un or-

ganigrama golpista en el que se impli-

caba, con irresponsabilidad manifiesta,

a instituciones como la Conferencia

Episcopal o la CEOE y a periodistas y a

diarios de impecable trayectoria consti-

tucional.

Ante la gravedad del hecho, era res-

ponsabilidad de la Asociación de la

Prensa, si quería cumplir con sus obli-

gaciones como colegio profesional,

hacer una declaración que reparase el

daño causado a toda, la profesión perio-

dística.

La Asociación de la Prensa atendió a

su obligación, y el miércoles su Junta

Directiva hizo pública una declaración

en la que se destacan tres afirmaciones;

Considerar que la publicación del orga-

nigrama quebranta gravemente los

principios de ética profesional; explicar

que- la inmensa mayoría de los perio-

distas se sienten avergonzados por la

irresponsabilidad con que algunos ejer-

cen el periodismo, lo que está produ-

ciendo el rechazo creciente de la profe-

sión por parte de la sociedad, con

evidente perjuicio para los periodistas

que trabajan con rigor y profesionali-

dad, y, finalmente, defender el derecho

a la libertad de expresión, remitiendo a

los Tribunales de´ Justicia, los delitos

que pudieran cometerse en el ejercicio

de ese derecho. 

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