Autor: Dávila, Carlos. 
 Elecciones 82. 
 Lo primero, votar     
 
 ABC.    24/10/1982.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

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NACIONAL/ELECCIONES 82

DOMINGO 24-10-82

Crónica del domingo

Lo primero, votar

Un famoso comentarista político italiano, que ejerce su influencia en un periódico meridional del famoso

magnate Lauro, recomendaba a sus lectores en las últimas legislativas: «Chiude il naso e vota.» El titular

hizo gracia y el matutino agotó todas sus ediciones mientras sus compradores decidían seguir al pie de la

letra el consejo: «Tápate la nariz y vota.» Tres días después, el aristócrata Berlinguer, que presidía un

partido ebrio por el triunfo presentido, era derrotado por una democracia cristiana descompuesta que, al

cabo de dos anos, ni siquiera pudo conservar la presidencia del Gobierno. La lección, según supongo, ha

quedado como clásica en todos los manuales electorales que se manejan y manejarán en la República

Italiana. La lección debe valer como ejemplo para aquellos que ya han vendido la piel del oso, para

aquellos que desdeñan y olvidan la eterna duda soberana del elector ante la urna.

El mandato festivo del periodista latino engendró toda una teoría alrededor del voto útil, el voto último, el

desesperado, que suele favorecer, tradicional mente en cualquier democracia, al partido situado en

segundo lugar: así sucedió con Papandreu en octubre del 81 y así pasará, con toda seguridad, mientras los

«partidos-"outsider">>, los eternamente colocados (Mitterrand en Francia era comparado, clásicamente,

con el ciclista Poulidor, segundón ilustre de todas las vueltas) no sorprendan una vez, y recojan los

sufragios de los indecisos que beneficia a las formaciones de toda la vida: «Los indecisos —me decía en

Galicia un informador francés— deciden en el momento de depositar su voto apoyar al mismo partido

que lo han hecho siempre.» Pero no todo está tan claro; la mayor novedad de estas elecciones, es que el

partido del Gobierno ha desaparecido, prácticamente, del mapa político. ¿Cómo, pues, puede recibir

ayudas de los electores que le encaramaron al Poder en el 79? La pregunta tiene una muy comprometida

respuesta, una contestación que sólo con la distancia que proporciona la Historia podrá explicarse.

Entretanto, todas las claves que podamos y queramos utilizar serán, simplemente´, parcas breves, parciales

y reducidas.

LA DIFÍCIL MAYORÍA SOCIALISTA

Es difícil describir el clima de ansiedad y preocupación que vivió Madrid el pasado viernes, cuando se

dieron a la publicidad las dos últimas encuestas electoraJes. En el Ministerio del Interior, el titular que

aquel mismo día aparecía por primera vez en los carteles de su partido, reunió apresuradamente a todo su

consejo directivo. Entre todos decidieron recabar de cualquier consultora, fiable o no, los sondeos más

favorables para UCD que pudieran haberse realizado en el curso de la campaña. No fue fácil encontrarlos.

El partido más perjudicado por la publicación de las últimas muestras resultó ser así el «invento ge-nial»

que en 1979 creó, a golpe de decreto. contra la sola opinión de Joaquín Garrigues e Ignacio Camuñas, el

presidente Adolfo Suá-rez. UCD, en opinión de los encuestados, ha dejado de ser «útil», porque,

sencillamente, no es ya uno de los polos entre los que se mueve la tensión política española. Según todos

los expertos que se lanzaron sobre las encuestas, Alianza Popular y el Partido Comunista eran

beneficiarios de la difusión. El PSOE y UCD. damnificados, aunque —claró está— en diferente medida y

por distintas causas.

No es fácil, en cualquier caso, que el Partido Socialista, que tiene como principal patrimonio político a

Felipe González, consiga mayoría absoluta en las elecciones del jueves. Pese a todos tos sondeos, pese a

cualquier previsión. No es objetivo de esta crónica política penetrar en los secretos contingentes del

análisis matemático que resulta imprescindible, por otra parte, para clarificar esa regla «d´Hont» que

condiciona hasta la injusticia los resultados de cualquier elección. Pero, al margen de precisiones

estadísticas y de prospectivas científicas, sí puede el más elemental observador aproximarse a una

realidad más inmediata que indica, a bote pronto, que en España sólo un partido que logre ocho millones

y medio de votos puede alzarse con una mayoría absoluta para gobernar en solitario. No hacen falta más

puntualizaciones, porque tal cantidad de votos supone una participación electoral por encima del ochenta

por ciento de la población. Sin embargo, otra de las grandes innovaciones de esta campaña ha sido el

mantenimiento estable de un porcentaje altísimo de indecisos que esta vez no votarán «como siempre»,

porque muchos de ellos se han quedado sin partido. Los sociólogos, que explican todos los fenómenos

con una especial habilidad, a medio camino entre la ciencia y la intuición, afirman que el ciudadano

irresoluto vive en poblaciones de menos de diez mil habitantes y es, para entendernos, de derecha. Como

argumento no es malo, sólo falta que, en esta ocasión, se cumpla.

LAS PREGUNTAS PENDIENTES

Muchas gentes de a pie se acercan a políticos y a periodistas que siguen a los líderes con una sola

pregunta: ¿Y usted qué me aconseja que vote? De todas las respuestas que parecen posibles la mejor

puede ser ésta: «Vote; en principio vote, y luego hágalo con arreglo a sus convicciones ideológicas.» Sé

que la pista no es suficiente pero es la única que, honestamente, se puede ofrecer. Lo más grave de estas

elecciones, que han venido necesariamente a destiempo, es que ha desaparecido en las querellas cainitas

de unos políticos suicidas, un partido que obtuvo !a gran mayoría del 79 y que ahora ha quedado entre dos

tendencias latas: la izquierda y la derecha. El país puede haberse bipolarizado para mucho tiempo. Que

cada uno juzgue si tal proceso resulta bueno o malo para la estabilidad democrática, pero, a mi juicio, la

extinción —si es que sucede— de UCD es una clara señal de alerta para nuestro sistema, para un régimen

inconsolidado que no puede permitirse el lujo de renovar sus ofertas cada cuatro años.

QUE NO NOS SALVEN

Aún queda por saber, antes, mucho antes de que el PSOE pueda cantar la definitiva victoria, cuáles serán

los acontecimientos que puedan ocurrir en los últimos días de la campaña. ¿Qué puede suceder si los

asesinos de todos los días recrudecen su festival de horror y sangre?, ¿qué ocurrirá cuando los políticos se

vean las caras en televisión?, ¿cuáles serán las consecuencias de las muestras conocidas cuando ya no

queda tiempo para la rectificación? Lo más probable es que las opciones que se presentan a priori como

triunfadoras sufran las pérdidas de quienes puedan pensar que su voto YA no es necesario; resta por

conocer, sin embargo, si la previsible sangría que se produzca de este modo quedará compensada por la

aportación que harán los aprovechados coyunturales, que se suelen subir al carro del vencedor y que, con

toda seguridad, pueden descompensar el equilibrio entre alternativas diferentes. Debe recordarse que las

aproximaciones preelectorales, cualquiera que sea su procedencia, se fundamentan en la opinión de los

ciudadanos que tienen pensado de antemano la oferta a quien votar. Las demás, por científicas que sean,

son simples extrapolaciones que pueden fallar espectacularmente a nada que varíen factores cambiantes,

como son los que se deducen de las preguntas del principio de este párrafo.

Otra de las grandes incógnitas que quedará despejada el próximo jueves es si de verdad existe

desproporción cuantitativa entre el cento-derecha y el centro-izquierda. Resultaría curioso que al cabo de

seis años oficiales de democracia, el español medio continuara votando ambigua y genéricamente por «el

cambio». Oponerse a él puede haber sido el más grave error que han cometido algunos de los candidatos

de Alianza Popular, que han querido distanciarse del socialismo ofreciendo al elector todo lo contrario

que promete el PSOE. La contradicción permanente y sostenida entre ¡as afirmaciones de Felipe

González y las palabras de algunos socialistas —el último, el singular Federico de Carvajal— puede

inducir al votante a plantearse en el último momento la duda de apoyar a un partido que según su líder,

Felipe González, no quiere cambiar la sociedad y según sus intérpretes se propone exactamente lo contra-

rio. En cualquier caso, lo que adelantan las encuestas es que el español, en su mayoría, sigue siendo... de

centro, a pesar de que UCD haya quedado rota en seis pedazos imposibles de unir. Los demás partidos se

han acercado a este espacio, sencillamente, para atender las demandas del país, no hay que lanzar sobre

ellos anatemas de electoralismo. Han hecho lo que debían hacer para intentar el triunfo en los comicios.

UCD se ha desangrado en su criminal «harakiri». Por eso ahora va a perder.

Me decía un aspirante a diputado socialista que el pasado miércoles, cuando a un centenar de metros del

lugar donde se hallaba Felipe González, los artificieros desactivaron dos bombas, él se dio cuenta exacta

de cuál era e! papel memorable que cumplía un líder del PSOE. «Todos temblábamos menos éi», me

aseguraba. Y es que el PSOE sabe que, por encima de sus enormes Incoherencias, del recelo que

despiertan sus programas máximo y mínimo, de las carencias de sus políticos y de los sentimientos

encontrados que puede suscitar su apuesta por el cambio. ei solo y gran patrimonio que posee se llama

Felipe González. Es el único que, a diferencia de sus amigos de partido, nos quiere solamente gobernar.

Otros, además, pretenden salvarnos.- Carlos DAVILA

 

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