Autor: Álvarez Álvarez, José Luis. 
   Cuidar lo que tenemos     
 
 Diario 16.    26/10/1982.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Diario 16/26-octubre-82

¡JOSÉ LUIS ALVAREZ ALVAREZ¡

Ex ministro, candidato por Madrid de AP-PDP

Cuidar lo que tenemos

Dos grandes tipos de riesgos amenazan a nuestra joven democracia. Uno, el de aquellos que no respetan

las reglas del juego democrático y para hacer frente a los cuales la ley tiene recursos suficientes. El otro

riesgo, el interno, tiene sus raíces en el propio sistema y sólo se combate con una aplicación mesurada y

prudente de las facultades que el poder otorga.

Examinándolo desde diversos puntos de vista, se llega siempre a la conclusión de que la democracia es un

bien indispensable para la sociedad española:

— Desde un punto de vista filosófico y político, que el sistema democrático es el único que permite

desarrollar la libertad y dignidad de la persona y somete sus actuaciones a las reglas de la ley, evita la

discrecionalidad del poder y permite exigir responsabilidad a los administradores de la cosa pública.

— Desde un punto de vista histórico y cultural, es el que corresponde al desarrollo de España y su

sociedad, a la familia de naciones en la que estamos integrados, y no puede admitirse que se pueda vivir

en paz con el nivel cultural medio de las generaciones presentes y futuras sin el ejercicio de los

derechos que garantiza la democracia.

— Desde un punto de vista geográfico-económico, nuestro desarrollo político, de comunicaciones e

intercambios, y los espacios político-económicos en los que está inserta España, exigen la homologación

de nuestras fórmulas políticas con los países de cuya comunidad formamos parte natural y

geográficamente.

— Desde un punto de vista institucional, una Monarquía sólo es posible con carácter perenne —

requisito connatural a la Monarquía—, en un país culto actual, enmarcada en una democracia.

Por el sistema

Es incomprensible que nadie pretenda resolver hoy los problemas reales que tenemos, que nadie niega,

con un cambio de régimen, cuando eso, aparte de romper la convivencia y la paz, que son los bienes

primarios, no haría más que agravar las dificultades para solucionarlos y pondría a nuestro país fuera de la

órbita y comunidad de países que le corresponde. En ningún caso es con conspiraciones e insensateces de

unos pocos, soluciones que sólo merecen la aplicación de las leyes con todo rigor, icomo se van a resolver

los grandes temas que a todos nos quitan el sueño: terro-!rismo, delincuencia, seguridad, unidad de

España, defensa de los principios éticos y humanistas, respeto de la ley y eficacia de la justicia, respeto de

los derechos y libertades de la persona, defensa de la economía libre y de la empresa, creación de empleo

o rendimiento en el trabajo.

La mejor forma de luchar hoy por el sistema democrático es votar y tratar de que llegue al Gobierno la

oferta electoral que mejor puede resolver, por la vía del firme ejercicio de la autoridad democrática y de la

aplicación de las leyes, esos grandes temas que a todos nos preocupan.

Riesgos internos

Para tener una verdadera sociedad democrática, es preciso aceptar sus consecuencias y eliminar los ries-

gos que hoy la pueden debilitar. Si queremos defender la democracia a largo plazo, es necesario examinar

esos riesgos y ponerles remedio anticipado para conseguir asegurar su robustez, continuidad y creci-

miento; en una palabra, cuidar lo que tenemos.

Uno de esos riesgos es ejercer inadecuadamente el poder que la democracia da. Ejercerlo de menos apa-

rentando que el régimen democrático es débil y que la autoridad es corta cuando, por el contrario, la

autoridad democrática es más fuerte en cuanto que se ejerce con la confianza y representación del pueblo;

o ejercerlo de más, como ha pasado en muchos Ayuntamientos de gobierno de la coalición de socialistas

y comunistas, creyendo que la democracia atribuye al que tiene más votos la posibilidad de hacer lo que

le da la gana.

Otro de los riesgos de la democracia es dejar que se le pueda achacar que los políticos pierden la sintonía

con las preocupaciones reales, que se politiza en exceso la vida y el ambiente en detrimento de la eficacia,

o que es un sistema que degenera en una partitocracia y que los políticos manejan como suyo.

Para evitar este riesgo, es esencial una mayor participación y corresponsabilidad de la sociedad en la vida

económica, cultural y social. Es preciso para lograrlo no ampliar, sino reducir, las tareas asignadas al Go-

bierno. Si hacemos que el ahorro sea para los entes públicos, que se reduzcan las escuelas privadas, que

las empresas públicas expulsen del mercado o ahoguen en competencia insoportable a las privadas, que el

Estado controle el cine o la cultura y no admita más televisión que la pública, o que la Seguridad Social

sea un inmenso complejo en el que la burocracia prevalece sobre la eficacia, estamos eliminando el vigor

dé la sociedad y deslizándonos hacia un estatismo que es lo más contrario a la democracia.

Y el tercero que quiero citar es que para que la sociedad se integre en el sistema, en una democracia

reciente como la nuestra, es preciso que el resultado que arrojen las elecciones sea de equilibrio; que,

gobierne quien gobierne, no exista una exclusión de los españoles que no han ganado y que no se pueda

convertir el sistema en un medio de establecer lo que algunos han llamado «una dictadura constitucional»,

es decir, un sistema que, a golpe de mayoría, excluya de toda participación al sector contrario.

Este riesgo es básicamente el que puede nacer de un resultado electoral en el que algún partido obtenga

una mayoría absoluta, que es lo que el PSOE dice que espera alcanzar en estas elecciones. Ese riesgo

puede significar la ruptura de ese equilibrio de poderes indispensable para el pacífico robustecimiento del

sistema.

Todos estos riesgos son internos del sistema y no tienen la gravedad de los riesgos externos, de aquellos

que por la violencia, llámese terrorismo o golpismo, intentan destruir la democracia. Pero en un periodo

como el que vivimos, en que la convivencia y su articulación democrática es el primer objetivo a

conseguir, no deben ser minusvalorados.

 

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