Autor: Herce, Antonio. 
 28-O Fin de campaña. 
 "¡Presidente!"     
 
 Diario 16.    27/10/1982.  Página: IV. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

IV

«¡Pre-si-cleiHte!»

Antonio HERCE

Madrid — «¡Pre-si-den-te! ¡Pre-si-den-te! ¡Pre-si-den-te! Cuatrocientas mil gargantas,

enfervorecidas en la devoción, le aclamaban agolpadas en los setenta y cinco mil metros

cuadrados del campus de la Universidplutense y calles adyacentes al Paraninfo. Como una

sola voz, con un solo deseo. «Hay que cambiar, hay que cambiaaar...»

Y él, Felipe, que había recorrido más de veinte mil kilómetros, estrechando todas las manos

españolas, pisó alegre, soñador, la tarima, unió las suyas por encima de la cabeza en un

estrecho abrazo solidario y entretuvo, morosamente, la mirada en el futuro. Era su cita de

Madrid, y en la retina de los madrileños quedará esta apacible noche de octubre, como baúl

histórico de irrepetible recuerdo.

Seis horas de clamor. De seis a doce. Miles las voces, los ánimos, las palabras pendientes del

mañana. Algunas — pocas— lágrimas en rostros graves. Jóvenes huérfanos de rencores

aupaban de puntillas la vista en un esfuerzo de estar, de llegar más cerca.

Miles de ellos no pudieron alcanzar el gigantesco espectáculo y apuraban pasos por los

accesos con los ojos en la pantalla elevada y el corazón metido en el fragor de la fiesta.

Muchos no pudieron presenciar el gesto ni la palabra de Felipe, elevado en la convicción de su

proyecto histórico, de su apuesta moral por una España nueva y en paz, pero a casi todos los

oídos llegaba irrepetiblemente convencido, feliz, pacífico y esperanzado el único grito: «¡Pre-si-

den-te! ¡Pre-si-den-te! ¡Pre-si-den-te!» Felipe caminaba hacia Sevilla. La última cita en un paso

hasta la Moncloa.

 

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