Autor: Anaut, Alberto. 
 28-O Fin de campaña. 
 "El sermón de la montaña"     
 
 Diario 16.    27/10/1982.  Página: V. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ANÁLISIS

«El sermón de la Montaña»

Alberto Anaut

Ha ayunado tres días en el desierto. Se ha alejado de las peleas de los hombres. Ha subido al Sinaí en

busca de las tablas de la nueva ley y, de vuelta, se ha mezclado con los hombres para explicar su mensaje.

Felipe González, como un nuevo mesías en el turbulento mundo de intereses que envuelve la política

española, acaba de pronunciar en Madrid el «Sermón de la montaña» del nuevo socialismo español.

Es un mensaje de paz y solidaridad. Un mensaje de un hombre que está por encima de su propio partido,

que ha ingresado, tras la dureza y los fragores de la campaña electoral, en el Olimpo. «Palabra de mito».

Palabra de un líder que ha conseguido vender una nueva ideología de concordia, pregonar la recuperación

de unos valores morales y echar por tierra los argumentos que han estado intoxicando a nuestro pueblo a

cuenta del tan traído y llevado «materialismo ateo... que nos invade».

Porque Felipe no predica el socialismo. El vende la modernización de España frente a los que tratan de

amarrar e ancla en el pasado. Más allí del socialismo-obrero, «E Moro»-«lsidoro»-«Felipe» es e propio

ejemplo, el impulsor • el exponente de una comer te de solidaridad que mezcla los valores más destacado

de ese «humanismo-cristiano» del que tanto hablan Lan delino y Fraga, con los principios de justicia

social larga mente reclamados por ta es cuela de Pablo Iglesias.

Ha llegado al caer la noche. Ha subido a su montaña rodeado de una nube de luces y abrumado por los

gritos de «¡pre-si-den-te! ¡pre-si-den-te!» coreados en decenas de miles de gargantas y ha dicho que

quería hacer unas reflexiones en voz baja. Allí, invadido por los focos y flanqueado por los enormes

vídeos que han llevado su cara hasta el último rincón del orbe del cambio.

A medio camino entre el profesor de escuela, con aire machadiano, y el «Hombre de Estado», Felipe

González Márquez —andaluz, cuarentón y socialista— ha convocado a España en veintiséis inacabables

días repletos de mítines, para el cambio. Ha ofrecido un contrato a la sociedad para emprender juntos el

camino de la recuperación moral, económica y social de España. Ha dicho que no va a pedir a nadie un

carnet para empezar a trabajar y se ha comprometido —en medio de una aureola kennediana— a

responder ante el pueblo de sus hechos.

Sabe que va a ser difícil. Sabe que tendrá que atravesar el desierto. Lo sabe bien. Pero ha dicho que esa

larga marcha va a ser alegre y, sobre too, colectiva. Ese es, a fin de cuentas, el espíritu del cambio que

predica: la solidaridad.

 

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