Autor: Santos, Carlos. 
 28-O Fin de campaña. Centró su mitin, muy breve, en la defensa de la democracia. 
 Para Adolfo Suáre, Madrid fue un respiro entre Valencia y Ávila     
 
 Diario 16.    27/10/1982.  Página: VII. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

Diario 16/27-octubre-82

Para Adolfo Suárez, Madrid fue un respiro entre Valencia y Avila

El mitin de Adolfo Suárez en Madrid, ayer por la tarde, fue sólo un respiro entre Valencia y Avila. De

Levante venía de repartir solidaridades. Su tierra se iba a reparar agravios. Los minutos madrileños, en un

cine del barrio de Salamanca, los centró en la defensa de la democracia, la condena al golpismo y la

llamada a la colaboración con el partido que gane las elecciones. Lo aplaudieron unas cuatro mil personas

que llenaban el cine, pero no superaban la cifra de asistentes que han logrado sus mítines en ciudades

pequeñas.

Carlos SANTOS

Madrid — En el último instante, a punto de echar el cierre y al borde del agotamiento, la campaña

electoral de Adolfo Suárez dio ayer un giro inesperado y desembocó en un viaje a Avila, nocturno e

imprevisto.

El líder del CDS se había esmerado a lo largo de veinte días en esquivar los ataques de los contrarios,

hacer oídos sordos a las agresiones verbales y evitar en sus mítines la mención de nombres o siglas que no

fueran las suyas.

Pero ayer, último día de campaña, se produjo la primera agresión «de verdad» y el duque saltó como un

tigre, como en la famosa tarde de los tricornios. Lo habían ofendido en Avila, su tierra, y se fue allí a

plantar cara al enemigo. Fue un gesto de los suyos, a medio camino entre la ética, la iluminación y el

electoralismo bien entendido.

La provocación

Resulta que hace un par de días comenzaron a llegar a los buzones de ciudadanos de Avila unas cartas

con menbrete de CDS y firmadas por un tal «Adolfo Suárez» en las que se decía que el ex presidente

había decidido retirarse de las elecciones, agobiado por los ataques, y no se presentaba al 28-0.

Los suaristas, que achacan la maniobra a UCD (la carta pedía que se votara al centro!, se apresuraron a

mostrar por todos los medios su indignación. Y el líder, por su cuenta, tomó una decisión: «Me voy a

Avila. En las tres o cuatro horas que quedan de campaña me voy a recorrer todas las cal/es y todos tos

pueblos que pueda. Para que me vean. Para que vean que yo no me retiro, que el CDS no se retina...»

Fueron sus primeras palabras en el mitin que dio anoche en Madrid. Cuando las pronunció, el público

pudo entender el repentino cambio de papeles: Por primera vez en un mitin, el líder era el primero en

hablar, quedando para después los demás candidatos, que suelen hacer el papel de «teloneros».

Pero Suárez, anoche, lo tenía claro. Madrid era sólo un respiro entre Valencia, donde había ido a repartir

agravios. Sus seguidores lo entendieron muy bien y quisieron irse con él: «¡Nos vamos contigo, en

caravana, todos a Avila!». Pero el líder prefería irse solo.

El mitin

Y se fue. Y dejó con la miel en los labios a unos cuantos miles de personas que se habían congregado en

el cine Salamanca y que se tuvieron que conformar con una edición corregida y recortada de su discurso

electoral.

La brevedad, las prisas por irse a su tierra, jugaron esta vez a favor del duque: Fue, quizás, el mejor mitin

de toda su campaña electoral. El que arrancó más aplausos e incidió más veces en el tema que ha sido su

principal bandera a lo largo de la campaña y que más motiva hoy día a la opinión pública: El golpismo.

Habló también de la necesidad de un pacto de Estado pero, por razones de tiempo, quedaron fuera los

temas más aburridos de su repertorio mitinero: Los relacionados con la economía. Gracias a las prisas, el

la intervención del duque se alejó del mero plano institucional, entró en los terrenos del auténtico mitin

electoral y conectó con el público.

El mensaje de Suárez

El último gran mitin de Suárez en Madrid, y con una asistencia similar a la que había logrado en ciudades

pequeñas, como Huesca, se centró en una defensa del sistema democrático, una condena al golpismo y

una oferta de colaboración entre los partidos. Estos fueron los puntos más relevantes:

• La libertad está amenazada por el terrorismo y por las amenazas que proceden del golpismo.

• Las Fuerzas Armadas, que han desempeñado un papel importante y ejemplar en la transición, no

son jueces de la evolución política. Los únicos jueces de la evolución política están en el Parlamento, que

es donde reside la soberanía popular.

• Ningún miembro de las Fuerzas Armadas está legitimado para defender sus ideas particulares usando

los hombres y las armas, que son los medios que le da España para defender la libertad.

• Si algún militar quiere defender sus ideas particulares, que se vaya y lo haga fuera del Ejército.

• La primera regla democrática: Respectar profundamente al Gobierno que salga de las urnas, sea cual

sea, aun cuando no sea nuestro Gobierno.

• Los problemas de España no los puede solucionar un único partido. La única posibilidad es que se

unan todas las fuerzas democráticas para colaborar en la búsqueda de soluciones.

• Se ha de defender la libertad por encima de todo. Es la única manera de que España pueda recuperar en

el exterior el prestigio que le han hecho perder unos cuantos golpistas.

Centró su mitin, muy breve, en la defensa de la democracia

Ayer se cambió el orden: habló primero él líder y luego Rosa Posada, candidata al Senado.

El ambiente

Solamente un par de asistentes dieron la nota. Una señora, por ejemplo, le gritó con énfasis «loco, estás

loco», cuando se atrevió a decir que «el patriotismo no es patriotismo exclusivo de los militares».

Cuatro adolescentes de ultraderecha, acicalados pero sin distintivos, le gritaban al entrar al cine «traidor,

traidor». Pero sus voces no encontraron eco. A pesar de hallarse en una de las zonas donde Adolfo Suárez

tiene más enemigos: el madrileño barrio de Salamanca.

Y es que, ayer, el barrio de Salamanca había dejado de ser «zona nacional», como pretende cierta

ultraderecha y se había quedado en zona, a secas y sin comillas. Tres partidos demócratas, PCE, UCD y

CDS, habían ¡do a dar sus mítines en aquellos parajes.

Los vecinos se asomaban mostrándose satisfechos. «El barrio —comentó uno— es un barrio castizo y

popular, y lo de ul-traderechista es un sambenito que le han colgado cuatro chalados que ni siquiera viven

aquí...»

 

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